Guerra autonómica por el agua

Murcia y Castilla-La Mancha han iniciado una guerra por el agua de sus ríos. En medio, Cristina Narbona, la encargada de arbitrar la contienda, sólo añade tensión con sus declaraciones


redacción

«Estamos en una guerra que será larga y que Castilla-La Mancha ganará inexorablemente». Así de belicoso se mostraba ayer el presidente castellanomanchego, José María Barreda, al valorar las novedades en torno al trasvase Tajo-Segura que llevará una parte (82 hectómetros cúbicos) del agua de Castilla-La Mancha a la región de Murcia.En realidad el trasvase afectará a otras comunidades, pero los gobiernos regionales que presiden Barreda y Ramón Luis Valcárcel (murciano) se han empeñado en monopolizar el debate -convertido ya en cuestión política- alentados además por unas declaraciones muy poco afortunadas de la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona. Cuando se barajaba la cantidad de agua del Tajo que acabaría en el Segura, desde Toledo se ofrecía un máximo de 30 hectómetros cúbicos y Murcia exigía un mínimo de 120. Con la decisión salomónica tomada el viernes pasado llovieron las críticas, aunque las de Valcárcel -que pertenece al Partido Popular, mientras Barreda es el recambio socialista de Bono- fueron especialmente duras. Tratando de apaciguar los ánimos y echarle al mismo tiempo un capote a su compañero de partido en Castilla-La Mancha, Narbona se avino el sábado a una entrevista en la que trató de explicar los entresijos de su plan hidrológico. Y entonces pisó el charco: «Cuando los regadíos -murcianos- no consiguen agua potable, utilizan otro tipo de aguas», explicó la ministra. No utilizó el término fecales, pero tampoco hacía falta. En un Consejo de Ministros, Narbona ya había avisado de que los regantes de Murcia usarían esa clase de aguas residuales si no llegaba el trasvase.Rectificaciones públicasSus declaraciones provocaron tantas quejas de los agricultores que al día siguiente la responsable de Medio Ambiente tuvo que mandar varias cartas pidiendo disculpas y volver a comparecer en público para explicar que todo era producto de un malentendido, que ella se refería a casos muy puntuales. En un último intento para evitar el conflicto, su ministerio envió ayer faxes a los medios de comunicación aclarando que «dentro de la geografía española, el área mediterránea en su totalidad, y muy singularmente la Comunidad de Murcia, la valenciana y Almería, constituyen un ejemplo mundial de utilización del agua para regadío».Pero todo ha sido en vano. Barreda ya habla de guerra, mientras sus rivales del PP piden su cabeza por no saber negociar siquiera con un Gobierno central de su mismo partido -«se ha confirmado que Barreda pintaría en el trasvase lo que Zapatero en Europa», ironizaban los populares-. Ni siquiera sus camaradas le ayudan: desde el PSOE murciano han encargado un estudio sobre el precio y el destino del agua en Castilla-La Mancha. Además, Valcárcel sólo ha tenido que aprovechar las facilidades dadas por Narbona para hacer patria y carrera: «Ha hecho un daño irreparable a los intereses legítimos y justos de la región», asegura. Y aún faltan las anunciadas manifestaciones en las comunidades afectadas. El mapa del tiempo pronostica borrasca en el Mediterráneo y en Moncloa rezan para que llueva.

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