Condenan al joven que rompió la mano de la Cibeles a pagar 27.000 euros

Alejandro Posilio MADRID

ESPAÑA

BENITO ORDÓÑEZ

Es multado por un delito de daños en el patrimonio histórico cometido por imprudencia grave El juez absuelve a los cuatro acompañantes, que eran acusados de encubrimiento

03 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

El Juzgado de lo Penal número 14 de Madrid condenó ayer a Rodrigo de Jacobo Lozano como autor responsable de un delito de daños en el patrimonio histórico, cometidos por imprudencia grave, por romper la mano de la estatua de la diosa Cibeles, en Madrid. El joven deberá pagar una multa de 3.240 euros y indemnizará al Ayuntamiento de la capital con 23.918 euros, que es lo que costó reparar el monumento. Esto es lo que establece la sentencia leída ayer ante las partes y los medios de comunicación por el titular del juzgado, David Cubero, quien absolvió a los otros cinco acusados, para quienes la fiscal solicitaba un año de cárcel para cada uno por un delito de encubrimiento. El juez considera probado que Rodrigo de Jacobo rompió la mano izquierda de la Cibebes la madrugada del 21 de septiembre del 2002, pero precisa que no tuvo intención de causar daño, sino que cometió una «imprudencia grave», por lo que le impone una multa de 18 meses a seis euros diarios y le obliga a indemnizar al Consistorio con el importe de la reparación. El acusado recibió la sanción máxima prevista en el Código Penal porque, según el juez, aunque no actuó de forma intencionada, sí lo hizo negligentemente, por lo que el hecho cometido lo califica de «grave». Además, apuntilla que no se trata «de una simple gamberrada o chiquillada». A los cinco amigos de Rodrigo, Javier Mariano L.?M., José C.?P., Josué R.?D., Gaspar C.?G. y Jorge N.?R., les absuelve porque, aunque considera probado que conocieron la rotura de la mano desde el primer momento, no es suficiente para condenarles, ya que no tuvieron «intención de ocultar o inutilizar el cuerpo del delito». Según la sentencia, los seis acusados, todos nacidos en 1980, fueron a la plaza de Cibeles con intención de bañarse en la fuente. Allí se quedaron en ropa interior y se introdujeron en la pileta, mientras que Rodrigo trepó a la parte más alta de la estatua. Al apoyarse en el brazo izquierdo de la escultura, éste cedió y se cayó al suelo. Después bajo, cogió la mano y se la mostró a sus compañeros, que en esos momentos tuvieron perfecto conocimiento de lo ocurrido. Todos huyeron precipitadamente del lugar y Rodrigo se llevó la mano de la diosa en el interior del coche que conducía.