Quini: un rapto deja sin delantero al Barça

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«Quini, libre» fue el titular que muchos esperaban desde 25 días antes (26/3/1986).
«Quini, libre» fue el titular que muchos esperaban desde 25 días antes (26/3/1986).

Un grupo reivindicó que lo secuestró para impedir que un equipo «separatista» ganara la Liga

06 may 2026 . Actualizado a las 17:27 h.

Hay personas que le caen bien a todo el mundo. O casi, vamos a decir por si acaso. Ni siquiera las rivalidades deportivas, a menudo tan viscerales, pueden anular su carisma. Era el caso de un número 9 de talento impresionante: Enrique de Castro González, Quini (Oviedo, 1949-Gijón, 2018). Empezó en el Sporting de Gijón, jugó en el Barcelona cuatro temporadas y regresó al Sporting al final de su carrera. Ganó cinco veces el Pichichi en Primera División y otras dos en Segunda. Es el octavo jugador que más goles marcó en Primera (219), y uno de ellos fue el número 3.000 del Barcelona, «el cabezazo que batió por segunda vez al portero del Castellón» en un partido que ganó su equipo por 4 a 3 (La Voz, 26 de enero de 1982).

Sus méritos futbolísticos son destacables, tanto como la simpatía que despertaba, pero pasará a la historia por el secuestro que sufrió el domingo 1 de marzo de 1981, la temporada en que llegó al equipo culé.

España no ganaba para sustos: estábamos aún con el miedo del intento del golpe de Estado de Tejero, pues no había pasado ni una semana desde el 23 de febrero, cuando nos acomete este titular de La Voz el 3 de marzo: «Misterioso secuestro de Quini». Al principio, la confusión era total. Por un lado se leía: «Un grupo desconocido, denominado P.R.E., pide por el futbolista un rescate de 350 millones de pesetas», y por otro el Batallón Catalán-Español lo que quería era impedir que el Barcelona ganara la Liga porque era «un club separatista». La ganó esa temporada, por cierto, por primera vez en su historia la Real Sociedad.

Lo poco que se sabía, sin embargo, según relata La Voz del 3 de marzo de ese año, es que Quini «desapareció misteriosamente el domingo, poco después de finalizar el encuentro Barcelona-Hércules».

Una versión era que «fue abordado por dos individuos que, con el pretexto de pedirle un autógrafo, le obligaron a subir a su automóvil», y que nadie lo vio. Un segundo relato era que fue su mujer la que se alarmó porque no fue a recogerla al aeropuerto como habían quedado, y al llegar a su casa «encontró que la televisión y la radio estaban encendidas y que el vídeo se encontraba conectado», por lo que pensó que Quini fue a casa para grabar de la tele el reportaje de los goles y que allí fue sorprendido por los secuestradores o que por, por alguna razón se vio «obligado a abandonar precipitadamente su casa». Una tercera versión es que fue visto hacia las nueve y media con tres hombres que iban «en una furgoneta cuya matrícula resultó ser falsa, ya que pertenecía a un [Seat] 600».

Cuando «apareció con las puertas abiertas» el coche de Quini en una calle donde llevaba «desde las cinco o las seis» de la madrugada del lunes, los investigadores se fijaron en que tenía «una alarma secreta […] que no llegó a funcionar» y las llaves estaban «sobre el respaldo de los asientos delanteros», pero no hallaron huellas dactilares que no fueran del jugador o su familia.

A las doce y media del lunes se hizo pública la denuncia, presentada por el jefe de relaciones públicas del FC Barcelona y por el jugador Alexanco, que manifestó que tanto Quini como Simonsen y él mismo habían sido amenazados por carta, lo que corroboró el entrenador, que entonces era Helenio Herrera. Sin embargo, el presidente, José Luis Núñez, dijo que nada sabía de esas amenazas epistolares.

Una semana después se reveló que los secuestradores se comunicaron con el Barcelona y que enviaron una cinta magnetofónica con palabras de Quini para su mujer y su equipo (La Voz, 8 de marzo). «Se está de acuerdo en el dinero que tenemos que dar, pero los secuestradores […] tienen miedo de que en esa operación la policía los capture. Ahora se está discutiendo cómo darles seguridad», declaró en una rueda de prensa Helenio Herrera.

Aunque el titular «Quini, libre» aún se hizo esperar dos semanas y media (La Voz, 26 de marzo), tres de los raptores, que no eran auténticos profesionales ni mucho menos fueron arrestados en el momento de la liberación, poco antes de las diez de la noche del miércoles 25. Se supo entonces que lo llevaron a Zaragoza la misma noche que lo secuestraron en su casa y que estuvo siempre en el mismo sitio, vigilado por seis personas que se turnaban. La policía, que pensaba que no pertenecían «a ningún tipo de mafia», los tenía vigilados y aprovechó un cambio de guardia para entrar por la fuerza en la casa donde estaba encerrado Quini y lo rescataron. Al ser liberado, «pidió un bocadillo “de cualquier cosa” a los policías» y, poco más tarde, en unas primeras declaraciones dijo de los raptores: «Yo creo que eran buena gente, equivocados, pero buena gente. Se portaron bien conmigo».

Colofón

Diez meses más tarde pasaron dos cosas. El 15 de enero de 1982 se dictó sentencia —diez años de prisión y una indemnización de cinco millones de pesetas para el secuestrado— contra los raptores. Y el 24 Quini le marcó al Castellón el gol número 3.000 del Barcelona en la Liga.

Estos días, que se cumplen 45 años, del secuestro de Quini, se estrenó en televisión una serie que lo cuenta en clave de comedia. Se titula Por cien millones, que era lo que en pesetas querían los protagonistas, pero no obtuvieron.