Mucho de lo que La Voz pronosticaba para 1980 se cumplió, aunque no en tan poco tiempo
15 abr 2026 . Actualizado a las 09:27 h.El mundo parece que va algo más deprisa que hace tiempo. Es lo que comentan quienes analizan la evolución de la tecnología o la medicina, por ejemplo. Y quienes llevamos ya algunas traslaciones alrededor del sol solemos estar de acuerdo con esta conclusión. Digo esto porque, si hace 71 años La Voz se preguntaba qué ocurriría en 1980, o sea, 25 años después, hoy la pregunta sería qué pronosticamos para dentro de cinco o seis.
Que nos gusta pensar en lo que nos deparará el futuro es evidente, pero ahora no miramos al 2050, sino a qué puede ser tendencia casi mañana mismo. Por ejemplo, del 2 al 5 de marzo se celebró en Barcelona el Mobile World Congress, desde el que el enviado de La Voz habló mucho de androides y los espectáculos que montaron (5/3/2026), pero también de nubes de datos, inteligencia artificial, agentes sintéticos, que hace unos pocos años eran solo ficción. De vehículos autónomos, drones de reparto y detección temprana de enfermedades hablamos no ya como cosas del futuro, sino preguntándonos cuánto falta para que sean realidades cotidianas.
Podríamos seguir elucubrando sobre nuestro futuro, pero veamos qué pronosticaba Henry O’Neill en nuestro periódico el 24 de marzo de 1955 que verían los lectores de La Voz en 1980. Podemos adelantar que, pese a que pretendía apoyarse en una ciencia que estaba en «sus preludios», en el fondo era una visión demasiado halagüeña que hoy resulta interesante sobre todo por ver qué preocupaba a la gente entonces, pero no por ver si acertó mucho, poco o nada.
Los avances
Comienza el articulista recordando lo mucho que había avanzado la tecnología «en los últimos cien años», más que «en todo el milenio». «El descubrimiento de la electricidad, la comprobación de las teorías sobre los gérmenes, el desarrollo de los anestésicos, [...] el perfeccionamiento de la electrónica, la desintegración del átomo», enumera.
Sobre esto último, y siguiendo las opiniones de la «Compañía General de Electricidad norteamericana, que se distingue por su afán de estudio e investigación», afirmaba: «La energía nuclear está ya en nuestras manos. Hace poco más de un año se dió con la primera batería atómica», y auguraba que para el año 1976 estas baterías serían «de uso común», se podrían comprar en los comercios como quien se lleva un pack de pilas de 1,5 voltios y que durarían «años, sin necesidad de estarlas recargando constantemente». Todo tipo de vehículos se moverían con energía nuclear. Incluso imaginó «proyectiles teledirigidos» que comunicarían «los continentes, por encima de los océanos […], transportando correo y fletes a inmensas distancias, depositando la carga en los hangares a los pocos minutos de recogerla». O sea, drones. En cambio, con los coches autónomos lo cierto es que los cortos de miras somos los del siglo XXI, pues él vaticinaba: «Existirán los helicópteros para particulares y el control electrónico podrá asegurar su empleo sin choques ni accidentes de gravedad».
No sería la atómica la única fuente de energía, pues también se obtendría de «las olas, el viento y el sol», y acertó en parte O’Neill, aunque la expansión va más lenta de lo que pensaba. ¿Qué podríamos decir de que «el agua de los mares, purificada de sus sales, fructificará los desiertos»? ¿O de esto: «El océano mismo proveerá al hombre de inmensos abastecimientos médicos, químicos y nutritivos»?
La confianza en los progresos de la medicina no admite reservas: «Plagas como el cáncer, el cólera, el tifus y otras enfermedades más habrán pasado al limbo, perdiendo toda su gravedad mortal». Tampoco faltan preocupaciones sociales que hoy están de plena actualidad: «La semana de trabajo de 1980 será mucho más corta que la actual», lo que acarreará un nuevo problema, «la forma de distraerse convenientemente», que provocará «un fantástico avance en la demanda y apreciación del arte, de la música y de la literatura», y de la televisión.
Llegados a casi el final, sí podemos reprochar a nuestro augur de cabecera que no hubiera previsto que en 1969 el hombre pondría por primera vez el pie en la Luna y repetiría la proeza otras cinco veces.
¿Qué podría fallar?
Frente a visiones catastrofistas, consideraba que, al igual que «la revolución industrial tuvo consecuencias muy duras» al principio, a la larga se irían extendiendo los beneficios a toda la sociedad, salvo que se desatara la locura: «La posibilidad de una guerra con los medios modernos, capaz de destruir la civilización y de hacer rodar todos los avances del progreso». Aunque O’Neill prefiere confiar «en la bondad del hombre para evitar el mal, porque […] siempre hay recursos para contener el mal a disposición del bien y de los hombres cuerdos».
ACTIVIDADES
· «Está muy lejos de realizarse aquella predicción de Karl Marx, cuando hablaba del abismo creciente entre les ricos y los pobres. Hoy esas diferencias se han atenuado», dice el texto. Explica en un texto breve si estás de acuerdo con esta afirmación.
· Indaga, ahora que está de actualidad, cuántas veces llegó el hombre a posarse en la Luna y en qué años.
· ¿Quién fue Henry O’Neill?