Ilusión y determinación: el arte de hacer que las cosas pasen

Macarena Mauricio

ESCUELA

El inicio de año es un buen momento para plantearse metas
El inicio de año es un buen momento para plantearse metas Sansert Sangsakawrat

Las dos juntas son imparables, pero se necesitan mutuamente. Te damos trucos para que mantengas las ganas con voluntad

28 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Enero es el mes de la vuelta a la rutina, de las rebajas y del frío. Dicen que el lunes más triste del año también se cuela en enero, entre los temporales gallegos y algún que otro árbol de Navidad perezoso que se resiste a volver a su trastero.

Pero a su vez es un mes especial. Es una casilla de salida, es esa agenda por estrenar, un punto de partida que nos regala algo muy valioso: tiempo por delante para proponernos metas que nos ayuden a mejorar. Tiempo para pensar, para revisar cómo estamos y a dónde queremos llegar, dejando que la ilusión aparezca y nos sirva de arranque.

La ilusión es esa chispa que sientes cuando algo bueno todavía no ha pasado, pero ya lo estás viviendo en tu cabeza. Es, por ejemplo, decidir que este trimestre vas a organizarte mejor (aunque lo hayas intentado mil veces). Imaginarte en un voluntariado dedicando parte de tu tiempo en hacer felices a los demás.  Emocionarte con volver a las clases de piano, aunque toque cambiar horarios, o planear ahorrar mes a mes para visitar a esos amigos que están lejos. Es también cuando piensas en lo que te gustaría jugar un partido de tenis cada domingo o leerte ese libro que descansa en tu mesilla de noche y que te regalaron tus padres en tu último cumpleaños.

La ilusión es el motor perfecto para empezar cualquier cambio

Y así, una larga lista de cosas que rondan en tu cabeza y que tienen algo en común: anticipar algo bueno y positivo que te alegra, te da ganas de moverte y te hacen pensar que puedes hacerlas realidad con un poco de esfuerzo. Y esa es la ilusión. El motor perfecto para empezar cualquier cambio.

La ilusión necesita un compañero para que las cosas pasen

Pero si queremos alcanzar los objetivos que nos proponemos, con la ilusión no es suficiente. Si no va acompañada de decisiones concretas, se va apagando poco a poco hasta desaparecer. No porque no fuera real, sino porque necesita algo que la mantenga viva en el tiempo.

Para que la ilusión no se apague, necesita apoyarse en la determinación

Y seguro que te resulta familiar empezar con muchas ganas, con ideas claras y muy buenas intenciones. Pero comienzan a llegar los días largos en los que nos puede la pereza, el cansancio que tantas veces nos paraliza o las primeras dificultades. Lo que al principio ilusionaba empieza a pesar y, si no hay una decisión firme detrás, la ilusión se difumina y acaba quedándose en un «algún día» que en ocasiones nunca llega.

Para que la ilusión no se apague, necesita apoyarse en la determinación. En esa fuerza que nos empuja a seguir adelante, aunque las cosas no estén saliendo como esperamos, cuando tenemos dudas, o cuando estamos cansados.

Es lo que transforma una ilusión en algo real, convirtiendo las ideas en acciones y los sueños en hábitos. No nos lleva rápido a nuestras metas, pero nos garantiza que nos llevará lejos: no cambiará nuestra vida de un día para otro, pero sí la dirección.

Juntas son imbatibles: una nos da el empujón inicial, la otra nos asegura que no nos rindamos a la primera. Convierten una buena idea en algo que empieza a suceder. En el arte de hacer que las cosas pasen cueste lo que cueste.

Hay un peligro silencioso: querer resultados inmediatos

¡Pero ojo! A pesar de ser muy poderosas cuando van de la mano, tienen un enemigo silencioso: querer resultados inmediatos. Vivimos rodeados de ideas que nos hacen creer que todo debería notarse rápido, que si algo no funciona enseguida es porque no valía la pena o porque no somos suficientemente buenos. Y ahí está el peligro. Cuando esperamos cambios rápidos, cualquier dificultad se vive como un fracaso y la tentación de abandonar aparece antes de tiempo.

La mayoría de las cosas importantes no cambian de un día para otro. Mejorar en una asignatura, crear un hábito, sentirse mejor con uno mismo o mantener un compromiso necesita tiempo. Y si no aceptamos eso, la ilusión se desgasta y la determinación se acaba debilitándose hasta desaparecer.

Pasos para que la ilusión y la determinación te lleven lejos:

  1. Empieza por cosas muy pequeñas y concretas. Elige una meta que te ilusione y divídela en pequeñas acciones que puedas ir superando poco a poco. Así será más fácil mantener la motivación.
  2. Revisa cada semana. Dedica un rato al final de la semana para poder ver qué funcionó y qué puedes ajustar. No te olvides de celebrar los pequeños avances, por muy insignificantes que te parezcan.
  3. Mantén la constancia, no la perfección. Fallar un día no es rendirse. Rendirse es no volver a intentarlo. Lo importante es retomar el camino.
  4. Acepta que no todos los días serán iguales. Habrá días con muchas ganas y días sin ellas. La determinación aparece justo cuando decides seguir en los días difíciles.
  5. Recuerda tu motivo y protégelo. Vuelve a lo que te ilusionó al principio. Cuidar esa razón te ayudará a no abandonar cuando cueste.

Enero es solo el comienzo. Lo importante no es el mes, ni el día exacto en el que empieces, sino lo que vayas a hacer después.

Macarena Mauricio es colaboradora de Catemo Educación.

Porque al final, las cosas no pasan por arte de magia. Pasan cuando alguien decide no rendirse demasiado pronto. Y ese alguien, aunque a veces lo olvides, puedes llegar a ser tú.