Elecciones gallegas: mayorías absolutas no excepcionales, «sorpassos» y barreras

Los rasgos propios del sistema político gallego se imponen a la influencia estatal. Y hacen normal lo que en otros sitios sería una sorpresa


Domingo de encuestas. Y de pronósticos contundentes sobre mayorías absolutas -más o menos ajustadas- favorables al PP. También de «sorpassos» en el segundo escalón del sistema gallego de partidos políticos. Los sondeos dicen que Feijoo será presidente sin ayuda de nadie. Y que En Marea liderará la oposición tras sufrir el PSdeG uno de los peores resultados de su historia. También coinciden en enviar al BNG al grupo mixto y mantienen la incertidumbre sobre si Ciudadanos desembarcará en O Hórreo. 

O noso sistema político

Ante estos pronósticos, nadie puede manifestar sorpresa. Más allá del conocido mantra de que la única encuesta válida es la de la cita con las urnas, estos resultados no serían para nada extraños. El sistema político gallego tiene rasgos propios y una historia singular. Y sigue un patrón de comportamiento bastante estable -en las elecciones autonómicas- desde que llegó Fraga, hace 17 años.

Desde 1989 el PP ha ganado casi todas las elecciones por mayoría absoluta. Solo hubo una excepción, en 2005, cuando la lista liderada por Fraga obtuvo 37 escaños y dio paso al bipartito de Touriño y Quintana. Con estos datos, presumir que Feijoo logre su tercera mayoría absouta no parece tan «excepcional» como dice el propio líder del PP, gran dominador de la escena gallega desde que volvió la democracia.

Si se mira desde el punto de mira estatal, una mayoría absoluta en Galicia puede parecer que supone un cambio de tendencia frente a lo ocurrido en los últimos años. Pero desde una óptica autonómica, sería un resultado normal. Aunque no está libre de influencia externa -El PSOE solo llegó a la Xunta cuando ostentó la presidencia en Madrid-, no es descabellado decir que en Galicia se juega a otra cosa.

La barrera legal y letal del 5 %

En su primera legislatura, Fraga reformó la legislación electoral para impedir el paso al Parlamento a cualquier fuerza que no consiga el 5 % de los votos válidos en cada circunscripción (provincia). En 1993 esa barrera impidió el acceso de la Unidade Galega que entonces lideraba Camilo Nogueira a O Hórreo. Y después ayudó a consolidar el tripartidismo que dominó el sistema político gallego hasta la irrupción de AGE en el 2009.

El 25S esa barrera legal puede ser letal. Por varios motivos. Por un lado, puede frustar la llegada de Ciudadanos a la primera división de la política autonómica. Por el otro, puede acentuar la caída experimentada por el BNG. Ambas fuerzas se mueven en varias provincias alrededor de ese porcentaje clave, que puede incluso afectar a las posibilidades de las dos candidatas a la Xunta de los dos partidos, Ana Pontón y Cristina Losada, de tener un escaño en el próximo Parlamento. 

La reedición del «sorpasso»

Cuando Anguita soñaba con superar al PSOE, en Galicia ya sabíamos lo que era un sorpasso. Fue en 1997, con Beiras como cabeza de cartel del Bloque y Abel Caballero como candidato del PSdeG. No fue un adelantamiento efímero. Aquella situación duró varios años. Los socialistas no se recuperaron por completo hasta el 2005, cuando lograron el premio de la Xunta con Touriño. 

Ahora puede producirse otro. Lo dice la encuesta de Sondaxe y otras de las publicadas hoy. Sería coherente con lo que ha ocurrido en los últimos años y con la debilidad exhibida por los de Leiceaga en la precampaña y en los últimos meses (el adiós de Besteiro, las primarias, la desafección de Caballero...). AGE fue la gran sorpresa en el 2012. Los socialistas ya fueron terceros en muchas ciudades y villas en las municipales del 2015 por detrás de las mareas. Pero el 26J el PsdeG aguantó mejor de lo que se esperaba el supuesto empuje de En Marea. ¿Se equivocan los sondeos? ¿Hay voto oculto al PSOE? Una incógnita más a despejar el 25S. 

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