Campaña sobre campaña

La agenda de los candidatos adelgaza este domingo a la mínima expresión. Toca preparar el debate. A priori, un candidato debería salir a amarrar el resultado, y el resto, a jugársela al ataque


Haciendo números

Se acerca el día 25, fecha en la que  Feijoo quiere celebrar, como poco 38. Por ahora, se ha consolado con que le canten los 55 en la plaza de toros de Pontevedra, tremendo ejercicio de músculo anoche el de la maquinaria popular: 12.000 dentro, 2.000 fuera y Rajoy, otro que está en campaña con Sánchez, Rivera e Iglesias. Los números hablan a favor de Feijoo, pero todo dependerá de la capacidad de movilizar a los suyos dentro 14 días. La gloria depende de 4.300 votos en la provincia que este mediodía visitó Rivera. Desde Vigo, el líder de Ciudadanos es el primero en asumir que Feijoo gobernará otros cuatro años, pero aún tiene, claro, esperanzas de ser el Pepito Grillo de la Xunta.

Tarde de codos

La agenda de los candidatos adelgaza hoy a la mínima expresión. Toca preparar el debate de mañana en la tele pública. A priori, un candidato debería salir a amarrar el resultado, y el resto, a jugársela al ataque, algunos previsiblemente a la desesperada, lo cual tiene sus riesgos. Pero nunca se sabe. A algunos de los cinco convocados, los gallegos les pondrán cara por primera vez. La cosa, pues, no está para andar con improvisaciones: la historia dice que las elecciones quizás no se ganen debatiendo, pero sí que se pueden perder. Y no hace falta remontarse a Nixon.

Promesas y nazis

De la jornada de ayer, amén de los amenes de la marea popular en Pontevedra, queda la promesa estrella de Leiceaga -abolir el copago de medicinas a 650.000 pensionistas (y una de pulpo, habrán dicho en el PP)-, quién sabe si suficiente para frenar el sorpasso que arroja la encuesta de Sondaxe; y el momento estelar (versión enana marrón) de Beiras en O Carballiño. El exlíder de AGE puso el carro por delante de los bueyes y, avanzando ya una victoria de Feijoo, echó mano de los libros de historia para recordar que «os nazis chegaron ao poder por sufraxio universal». Se puede insultar más alto pero no más claro. Vino a decir Beiras que la democracia mola, pero «solo cuando gano yo». O sea, afortunadamente para quienes no piensan como él, más bien nunca.

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