Incendio en el monte, incendio político

El problema del fuego en Galicia tiene muchas causas, pero todas ellas convergen en el abandono del rural

Superficie quemada e incendios en Galicia Superficie quemada e incendios en Galicia

santiago / la voz

Cada verano, Galicia arde. Más o menos, pero siempre en mayor grado que comunidades con las que comparte un factor tan determinante como son las condiciones climáticas. En Asturias, Cantabria y el País Vasco hay fuegos, pero no padecen un problema que es central en el debate político. Pese a que todos invocan el consenso, no hay partido político que no haya cometido el error de usar los incendios como arma arrojadiza contra sus adversarios. En esta campaña todos coinciden en que sería deseable un pacto entre todas las fuerzas para diseñar medidas a medio y largo plazo que supongan soluciones duraderas.

Sin haber dejado de ser un enorme problema medioambiental y de seguridad, lo cierto es que se ha mejorado mucho desde que en 1989 ardieran 198.119,20 hectáreas. Haría falta sumar el terreno quemado en los diez últimos años para alcanzar una cifra similar, período en el que estaría incluido el segundo peor ejercicio histórico, el del 2006, en el que la superficie arrasada fue de 95.947,47 hectáreas. Este año no será bueno, pero la cifra final de terreno quemado rondará las 20.000 hectáreas, por debajo de la media de la década y muy lejos de los terribles números del pasado, cuando las olas de incendios en Galicia se saldaban siempre con más de 40.000 hectáreas afectadas.

¿En qué se ha avanzado? En lo que al dispositivo de extinción se refiere, hoy en día cuenta con más y mejores medios y se ha centrado con éxito en disminuir al máximo el tiempo de reacción. Actualmente, el 70 % de los fuegos se quedan en conatos gracias a que son extinguidos antes de que afecten a más de una hectárea de terreno. La oposición critica, no obstante, que hay descoordinación en el dispositivo por estar integrado por funcionarios públicos de la Xunta, contratados de las brigadas municipales y personal de empresas privadas. Un modelo que permite que en un mismo incendio haya personal de extinción que por hacer el mismo trabajo y correr el mismo riesgo tenga unas condiciones laborales completamente distintas.

Responder a la pregunta de por qué arde Galicia es complejo. Hay imprudencias en las quemas de rastrojos, ganaderos en busca de pastos, pirómanos y también personas que prenden fuego al monte para vengarse de un vecino o de su familia. En ocasiones hay también intereses económicos ocultos, pero la realidad es que, en última instancia, tras la inmensa mayoría de los fuegos forestales graves se esconde la oscura mano de incendiarios que prenden el monte de forma premeditada. No es casualidad que al oscurecer, cuando los medios aéreos ya no pueden actuar, y justo cuando más viento sopla, aparezcan simultáneamente varios fuegos en un mismo monte. El vídeo grabado por unos vecinos de Arbo en el que se ven aparecer siete focos a la vez en un monte es elocuente.

En los últimos años se ha intensificado la presión policial y judicial sobre los incendiarios. Es verdad que se han multiplicado las detenciones y que el nuevo Código Penal incluye penas más severas, pero la realidad es que solo el 10 % de los arrestados llegan a ser condenados y siempre con penas menores. Por ello, desde la Xunta se reclama ya un endurecimiento de las medidas legales y se pide a los vecinos que no encubran a los responsables, que muchas veces son más que conocidos en las parroquias.

Los expertos coinciden en que la clave está en mejorar la ordenación territorial. El monte produce, porque Galicia es una potencia forestal y 80.000 familias viven de este sector, pero sigue siendo un recurso que podría aportar más a la economía. Y es evidente que la mejor manera de evitar que el monte arda es que dé dinero y, por tanto, esté vigilado. El ejemplo es A Mariña, casi inmune al problema. Tampoco es casualidad que los fuegos golpeen con más fuerza donde el medio rural se ha despoblado y los terrenos agrícolas se han abandonado. En Ourense, que un año más es pasto de las llamas, el 45 % de la población vive en la ciudad y muchas zonas de cultivo están ahora llenas de matorrales que serán como gasolina cuando prenda el monte.

En su programa

Ángeles Vázquez (PP)

Endurecer las penas contra los incendiarios. La conselleira de Medio Rural, integrada en la lista por A Coruña, estima «primordial» endurecer las penas contra los incendiarios «porque non se pode facer tanto esforzo en detencións para que despois todo quede en penas mínimas». Apuesta por impulsar el nuevo plan forestal y un plan de ordenación de los pastos «porque é onde está o gando e son franxas para frear cando hai un incendio». Para el PP es «básico» orientar el equilibrio productivo de los terrenos forestales definiendo espacios para las distintas especies «e estruturar máis o territorio».

Noela Blanco (PSOE)

Luchar contra el abandono del medio rural. «Recuperar a motivación de vivir no medio rural» creando empleo y mejorando los servicios es «vital» para Blanco, que promete consenso y derogar medidas como «a posibilidade de recalificar terreos queimados» o la reducción a solo 30 metros del control de la biomasa en torno a las viviendas. También propone crear «cortalumes biolóxicos con castiñeiros e bidueiros»

Antón Sánchez (En Marea)

Más planificación y aumentar la productividad. En Marea admite que «non hai solucións máxicas» y «ningunha a curto prazo», pero acusa al PP de no haber hecho «ningunha política de planificación». Sánchez ve «básico» recuperar el rural y evitar su abandono «porque sabemos que onde se crea riqueza a xente se responsabiliza máis do coidado do monte». En este sentido, apuestan por especies caducifolias de mayor valor económico y «perseguir a reforestación de terreos agrarios entre os montes, que sempre actúan como cortalumes».

 Noa Presas (BNG)

Integrar en la Xunta todo el personal antiincendios

La candidata por Ourense apuesta por «cambiar a política de montes» para lograr el compromiso en el cuidado y aprovechamiento de comunidades, administraciones y propietarios. El BNG también reclama que todo el personal del dispositivo sea público y dependa de la Xunta.

 Cristina Losada (Ciudadanos)

Más vigilancia policial y limpiezas en invierno

Ciudadanos apuesta por acabar con la estacionalidad del personal antiincendios, reforzar la vigilancia policial, endurecer las penas a los incendiarios y «favorecer proyectos basados en la biomasa», señala su candidata a la presidencia de la Xunta, que quiere también más torres de vigilancia en zonas vulnerables. 

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