El ventilador alcanza a Rivera

El escándalo que afecta al ministro Fernández Díaz se apodera de la recta final de una campaña en la que el «sorpasso» aparece como la gran incógnita del 26J


La anodina campaña electoral del 26J saltó ayer por los aires con la filtración de las grabaciones del titular de Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz. Todos los partidos pidieron en tromba la dimisión de un ministro con pésima valoración, instalado casi permanentemente en la polémica. Y el PP cerró filas aplicando el artículo uno del código mariano: él es la víctima. Pero el escándalo no ha hecho más que crecer. Se ha adueñado de la recta final de la carrera hacia las urnas. Y salpica a Albert Rivera.

El otro protagonista de las controvertidas conversaciones y supuesto compañero de conspiraciones del ministro, el director de la oficina antifraude catalán, Daniel de Alfonso, ha adoptado una estrategia clásica: no dimitir y poner en marcha el ventilador. Se ha lanzado al ataque. Dice que tiene grabaciones con muchos líderes. Pero ha mencionado a uno en concreto. Al de Ciudadanos.

Según declaró De Alfonso en el Parlamento catalán, «El señor Rivera me vino a ver y me dijo que me apoyaría en todo, pero me pidió que les diera alguna cosa». Esas palabras son, por usar jerga del propio Fernández Díaz, «un torpedo bajo la línea de flotación» de Ciudadanos.

Al partido naranja se le está haciendo, otra vez, muy larga la campaña. Con errores de comunicación y problemas en muchas comunidades, especialmente en Galicia, donde peligra la exigua representación conquistada el 20D, Ciudadanos puede desinflarse el 26J y confirmar algo que muchos temían: el personalismo de un cabeza de cartel atractivo no compensa la falta de partido.

Del sorpasso a la «remontada»

Las encuestas dieron el aldabonazo en las visperas de la campaña. La coalición Unidos Podemos iba a lograr un resultado histórico y a desplazar al PSOE como segunda fuerza en las preferencias de los españoles. El CIS, con su barómetro, bendijo este supuesto, que marcó los primeros días de la carrera hacia las urnas, alteró la campaña de Iglesias -que adoptó un tono presidencial y huyó de las polémicas- y perturbó la de Sánchez, que se encomendó a un eslogan supuestamente movilizador, «la remontada», y a la existencia de supuestas bolsas de voto oculto a su partido.

La ridícula limitación legal de publicar encuestas ha hecho populares los sondeos que El Periódico de Cataluña hace en Andorra. Tienen mucha repercusión en Twitter, pero pueden ser parciales. Y limitados. Pero su pronóstico haría feliz a Pedro Sánchez. Los socialistas están en empate técnico con Unidos Podemos. Al menos en escaños, aunque tal vez no en votos. Salvo sorpresa mayúscula, esa es la gran duda que queda por despejar el domingo. ¿Quién será segundo?

 Indecisos y participación

Los sondeos están ahí. Pero la verdadera encuesta -ese gran tópico- será la de las votaciones. Hay muchos indecisos. Y muchas dudas sobre cómo pueden afectar al resultado las variaciones en la participación. Se espera que acuda menos gente a los colegios. Y se dice que eso puede perjudicar a los partidos que ocupan el centro del espectro, PSOE y Ciudadanos. No hay datos que confirmen esa estimación. Pero sí los hay -de la encuesta de Sondaxe- sobre que PP y Podemos tienen a los votantes más fieles. Y la polarización suele beneficiar a los extremos.

En unas elecciones tan tácticas, en las que la mayoría de los partidos esperan leves variaciones sobre el resultado del 20D, la fórmula D'Hondt y el desigual reparto de escaños por provincias pueden ser determinantes para el día después, cuando todos los partidos -aunque tal vez no con los mismos líderes- deban conjurarse para espantar el fantasma de unas terceras elecciones.

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