Investir a un presidente por accidente

En la actual situación solo cabe pensar en una investidura que se produzca con una abstención técnica o un intercambio de cromos posterior al 26J


Santiago | La Voz

Todo sistema electoral que se precie ha de cumplir una serie de requisitos para sea útil. Ha de preservar la representación y el pluralismo político. También debe garantizar la alternancia y la gobernabilidad. El modelo español cumplió de un modo más o menos equilibrado con todas estas condiciones en las cuatro décadas de democracia, pero el pasado 20 de diciembre los ciudadanos, con su voto, decidieron romper las costuras y dejar la gobernabilidad en el aire. Y en esas estamos, repitiendo las elecciones y cruzando los dedos para que algo cambie, cuando es evidente que lo que hay que cambiar es la ley electoral.

En la actual situación, solo es posible enviar a la Moncloa a un presidente por accidente. Porque accidental va a ser su investidura, siempre y cuando se acabe produciendo al segundo intento. Conocida era la apuesta de Mariano Rajoy para mantenerse como presidente del Gobierno: sumar al PSOE. Y el candidato socialista, Pedro Sánchez, respondió este jueves en una entrevista de La Voz: «Ni habrá gran coalición ni Iglesias será presidente», así que todo puede quedar en manos de un accidente, de que el PP acabe moviendo las fichas que no movió tras el 20D, de que la izquierda sume con el PSOE de primero o de que alguien se abstenga técnicamente.

El travestismo de Iglesias

En su tránsito desde el comunismo hacia el socialismo democrático, el líder de Podemos, Pablo Iglesias Turrión, escaló este jueves dos peldaños más descubriendo a Zapatero como el «mejor presidente que ha tenido la democracia española» y abjurando del comunismo para gobernar. «Ciertas ideologías están muy bien para los debates de doctorado», dijo a la COPE la misma persona que militó siete años en las Juventudes Comunistas y que fue uno de los asesores de cabecera de Izquierda Unida desde el año 2010. La de Iglesias es una de las mayores operaciones de travestismo político de los últimos años.

La Galicia inexistente

Lo tiene difícil Galicia para asomar la cabeza en esta campaña del 26J. Para Ciudadanos es prácticamente un territorio sin personalidad propia, asimilado a su programa general. También para En Marea, sometida a los dictados de Pablo Iglesias Turrión y su delegada gallega, Carolina Bescansa, tanto en los carteles como en las propuestas programáticas, y sabido era que algo de eso ya ocurría con el PP y el PSOE. La nueva política no aportó nada para poner el sector lácteo, la pesca del cerco o el naval en el centro del debate. Solo el BNG insistente en defender esa capacidad, cierto que con un hilo de voz que se ahoga lacónicamente.

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