Artur Mas presiona a la CUP: o lo apoya a él o volverán a verse en marzo en las urnas

Le advierte que en caso de que haya nuevos comicios los secesionistas podrían perder la mayoría parlamentaria


Madrid / Colpisa

Artur Mas utilizó ayer todos los mecanismos a su alcance para tratar de condicionar la votación que el sábado realizará la cúpula de la CUP y de cuyo resultado dependerá que pueda seguir presidiendo la Generalitat o que se tengan que repetir unas elecciones en las que peligra la actual mayoría del Parlamento autonómico partidaria de la ruptura con España. Por un lado, dejó claro a los dirigentes de la formación anticapitalista que descarten la tentación de emitir un voto de castigo táctico, porque Junts pel Sí, decidan lo que decidan, ya no va a proponer otro candidato a la presidencia de la Generalitat distinto de él. Por el otro, les trasladó toda la presión política al reclamarles que usen su fuerza con «mesura» porque la repetición de las autonómicas, después de tres meses de parón que nadie duda que han hecho mella en la moral y la movilización del electorado independentista, puede aparcar durante años el proceso secesionista e, incluso, llevarlo a un «descarrilamiento».

Mas es consciente de que la inicial mayoría abrumadora de la CUP en contra de su investidura se ha transformado en un empate según se acerca la fecha límite para la convocatoria obligada de elecciones, el 10 de enero, por lo que empuja para sumar a su bando a algunos de los militantes que aún dudan qué decisión final tomar.

En definitiva, el líder convergente transmitió un mensaje: que el sábado lo único que van a poder decidir es si Cataluña se ve abocada o no a una repetición de elecciones porque ya se ha terminado el tiempo de las estrategias. Si rechazan su investidura solo conseguirán que haya comicios en marzo, porque tanto los líderes de Convergència como los de Esquerra descartan negociación alguna de última hora. Ya han decidido que el presidente de la Generalitat será o Mas o nadie.

«Hasta aquí hemos llegado»

«Hasta aquí hemos llegado», dijo Mas en alusión a las muchas cesiones realizadas a la CUP para cerrar el pacto, pero «de aquí no pasamos», sentenció en una entrevista en Catalunya Radio. «La CUP puede forzar elecciones, pero no tiene tanta fuerza como para cambiar a un presidente de la Generalitat», resumió.

El presidente catalán en funciones intentó quitar hierro a la posibilidad de tener que enfrentarse a un repetición de los comicios, que llamó a plantear si se producen como una segunda vuelta del 27S, pero lo cierto es que no pudo ocultar que para su formación es un escenario de total incertidumbre, más si se tienen en cuenta los malos resultados de CDC en las elecciones generales y la notable subida de su socio coyuntural, Esquerra Republicana. Tan descolocada cogerían las urnas a Convergència que Mas ni siquiera fue capaz de responder a si él volvería a ser candidato a la Generalitat y si se repetiría la alianza táctica entre republicanos y convergentes.

Pero Artur Mas y Junts pel Sí no fueron los únicos en elevar la presión sobre la CUP para tratar de condicionar el resultado de la votación del sábado. El presidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Jordi Sánchez, confesó que su organización, la plataforma civil que arrastró a los partidos a la vía secesionista, mueve sus hilos con discreción para tratar de inclinar la votación de los anticapitalistas hacia el sí a Mas. Sánchez, de hecho, se mostró convencido de que al final habrá presidente y se evitará repetir comicios, aunque lamentó que el desgaste y la fatiga que el parón del proceso secesionista derivado del vacío institucional ha provocado en sus seguidores ya no tenga fácil arreglo.

También el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, dijo que cree que al final la CUP facilitará la investidura de Mas. Admitió que no tiene datos para sostenerlo, pero que piensa que todo apunta en esa dirección.

Los diputados de la nueva marca de Convergència se niegan a todo pacto con el PP

Los ocho diputados de Democracia i Llibertat, la nueva marca en el Congreso de Convergència, han mantenido contactos con el PSOE y Podemos y, de entrada, solo se cierran a dialogar para cualquier tipo de pacto con el PP, al que negarán su apoyo en la investidura. Los nacionalistas del PNV, sin embargo, se abren a mantener contactos y conversaciones con todos los grupos políticos porque, en principio, no tienen una preferencia de Gobierno. Su apoyo o no a una opción concreta dependerá de que se atiendan las condiciones que permitirían su respaldo.

Por otra parte, la vicepresidenta del Gobierno catalán en funciones, Neus Munté, aseguró ayer acerca de la intención de que Rajoy no tenga previsto hablar con los diputados de Democràcia i Llibertat (Convergència), que «no es ninguna novedad» sino un «claro inmovilismo y voluntad de no entender lo que sucedió en las urnas el 27S». Calificó la decisión de «muy lamentable y muy criticable», y respondió a Mariano Rajoy, quien dijo que sería un «desastre» un Gobierno catalán apoyado por la CUP, asegurando que el desastre «es su inmovilismo» y «su falta de diálogo».

«Desafortunadas»

En la rueda de prensa posterior a la reunión del Ejecutivo catalán, Neus Munté, insistió en que «lo que es del todo insólito es que se pueda calificar de desastre que, como consecuencia de las elecciones del 27S, se construya un Gobierno catalán que refleje la mayoría absoluta independentista que hay en el Parlamento». La vicepresidenta calificó de «desafortunadas» las declaraciones del presidente del Gobierno y añadió que quizás «el desastre es la versión monolítica que tiene Rajoy, que demuestra no haber entendido nada del resultado de las elecciones catalanas».

«Cataluña acabará conformando un Gobierno que sea el reflejo de estos resultados», pronosticó Munté. Y negó que el Ejecutivo catalán en funciones «esté parado» y que haya una situación de desgobierno: «Ni estaba parado en los meses previos ni en los posteriores a las elecciones. Sigue trabajando y defendiendo los intereses de los ciudadanos», puntualizó.

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