Las eternas aguas revueltas del naval

Populares y socialistas se reprocharon en los últimos 30 años la gestión de un sector por cuya defensa se convoca hoy una manifestación en Ferrol en plena campaña


Ferrol

Cambiaron varias veces de nombre las antiguas Astano y Bazán -a principios de los 2000 Izar y ahora Navantia- pero los problemas de fondo de los astilleros públicos españoles continúan estando presentes como hace tres décadas. Bordeando periódicamente el crac económico, con plantillas envejecidas para desarrollar un trabajo penoso y entrando y saliendo de mercados en los que llegaron a ser punteros a nivel mundial, esos gigantes talleres del acero convertido en barcos adolecen de encargos que garanticen ocupación para sus 2.200 trabajadores y su red de compañías auxiliares, que hace ocho años empleaban a unos 4.000 operarios solo en este sector.

Debido a su carácter público, la Navantia gallega tiene su centro de decisión en Madrid y está expuesta a los cambios políticos que imprimen los nuevos inquilinos de la Moncloa, cada vez que hay un relevo. Así que éxitos y fracasos, épocas de vaciado de las gradas y bum de actividad han servido una y otra vez como arma arrojadiza entre los dos partidos que se han repartido la mayoría de los escaños en Congreso y Senado. Populares y socialistas han circulado acusaciones y mismas críticas cuando de las tareas de Gobierno pasaban a la oposición y han empleado recetas para el naval público que no han logrado ventilar sus endémicos números rojos.

Los populares reprochan a los socialistas aplicar sucesivas reconversiones que han ido adelgazando las plantillas -la factoría de Fene tiene hoy apenas 300 trabajadores- y los del partido de la rosa al PP conceder ayudas de Estado ilegales que obligaron en el 2004 a pactar con Bruselas un ajuste que, entre otros, prorrogó hasta el 2015 el veto que situaba a Fene en la paradoja de ser el único astillero europeo que no podía fabricar barcos.

En clave autonómica, tampoco se libró de las críticas el BNG, cuando en el bipartito, la Consellería de Industria lanzó un plan para transferir la factoría de Perlío a Hijos de J. Barreras.

Época dorada

El naval público gallego vivió su época dorada a finales de la pasada década, con encargos para tres Marinas -la española, la noruega y la australiana- pero los contratos se fueron agotando, y la crisis y las nuevas circunstancias mundiales -los países quieren fabricar los buques militares en sus propios astilleros, conscientes del valor añadido de esta industria- junto a la desatención al sector, llevaron en el 2012 a las antiguas Astano y Bazán a la situación inédita de la completa paralización. Desde entonces, no hay campaña electoral que en Galicia no haya tenido uno de sus grandes ejes en el naval. También en esta. La cartera de pedidos comienza a crecer, -en la ría ferrolana se fabrica un flotel, un Buque de Acción Marítima y componentes de eólica marina- pero no son suficientes para copar de ocupación las elevadas capacidades de ambas factorías. Por ello, los representantes de los trabajadores irrumpen hoy en la campaña con una movilización de ámbito comarcal que parte a las doce de la mañana de la plaza de O Inferniño para clamar por más contratos. Está dirigida especialmente a los políticos, conscientes de que del resultado de las urnas dependerá en gran parte su futuro. Pese a todo, repiten como un mantra que están «fartos de promesas».

Juan Juncal, del PP: «Hay que potenciar la eólica marina»

Juan Juncal, número tres del PP al Congreso por A Coruña, defiende el trabajo en tres vías: «Hay que seguir aprovechando la oportunidad de la eólica marina, continuar con la política comercial para conseguir más contratos y, ligado al programa de las fragatas F-110, propiciar la renovación del astillero». Juncal considera que, con el desarrollo de las F-110 y los contratos que se están negociando, junto a la eólica marina, «el panorama se presenta muy bueno». Pero insiste en que «no hay que desperdiciar ninguna oportunidad del mercado».

Ángel Mato, del PSOE: «Buscar mercados de alto valor añadido»

Ángel Mato, número uno al Senado por el PSOE, defiende adscribir el naval en «un gran acuerdo por la reindustrialización, que se convierta en una cuestión de Estado» y retirar a los astilleros del debate político. Aboga por un «plan serio» para que el naval «compita en mercados de alto valor añadido». Rejuvenecer las plantillas del sector es otra de sus propuestas. «Tenemos que competir en calidad, en tecnología e innovación, pero no en precio», afirma el candidato, quien también apuesta por recuperar el off-shore.

Secundino García, de NÓS: «É imprescindible ter autonomía»

Secundino García, número tres al Senado por Nós Candidatura Galega, considera que «é imprescindible ter unha certa autonomía» en los astilleros públicos de la ría ferrolana, ya que las decisiones se toman actualmente en Madrid. Un plan de rejuvenecimiento de plantillas y de formación para los empleados de la industria auxiliar y la puesta en marcha de un nuevo tax lease para favorecer la financiación al sector forman parte de la propuesta de su candidadura. «Ferrol esmorece sen contratos», denuncia.

Miguel Castro, de En Marea: «O sector precisa de inversión estatal»

«O sector precisa de inversión estatal», defiende Miguel Castro, número ocho al Congreso por En Marea, quien considera que también es necesario «o dique flotante pedido polos traballadores de Navantia, excelentes profesionais». Consciente de la importancia del naval para la comarca, insiste en que «Ferrol necesita do asteleiro para seguir vivindo» aunque también aboga por impulsar políticas de diversificación que apuntalen la economía de la zona, con otros sectores, como los que pivotan alrededor de la ría.

«Convencer a la UE de hacer el dique»| C?S

Ana Rodríguez Masafret, número cinco al Congreso por Ciudadanos, sostiene que si bien la búsqueda de la carga de trabajo que le hace falta al naval público es competencia del Gobierno central, este debería «convencer a la Unión Europea de que se puede construir el dique flotante», una de las demandas que abanderan los trabajadores. No obstante, considera que Ferrolterra tiene que impulsar una diversificación real, «porque llevamos 30 años intentando potenciar el naval y no ha ido más que para abajo».

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