Rajoy dice que los cambios que le exige el PP no se hacen en 24 horas

Advierte que en todo caso no tocará la política económica y argumenta que les ha hecho daño «la corrupción y el martilleo constante en las televisiones»


Redacción / La Voz

Mariano Rajoy se lo toma con calma, pese a que los resultados del 24M han agotado la paciencia de los barones de su partido. «Tenemos algunas cosas que cambiar y lo haremos», concedió ayer el presidente del Gobierno y del PP, confirmando de esta manera la rectificación de sus primeras intenciones inmovilistas tras el batacazo electoral del pasado domingo. Pero es lo más lejos que llegó en su cesión ante el aluvión de críticas de sus barones, que han sufrido en sus carnes las consecuencias de unas políticas y unas formas en la gestión del partido que hasta ahora habían asumido en silencio pero que, tras los malos resultados electorales, que a más de uno les costará el cargo, han convertido en un vendaval de malestar.

«Si el PP rectifica algunas cosas que tiene que rectificar, estoy convencido de que vamos a volver a merecer una confianza muy amplia», señaló Mariano Rajoy en el Círculo de Economía de Sitges (Barcelona). Pero acto seguido advirtió que los cambios «no podemos hacerlos en 24 horas», porque a él le gusta estudiar bien las cosas y reflexionar con calma antes de tomar las decisiones necesarias para así poder mantenerlas con el paso del tiempo. Y no solo reclamó paciencia a quienes le piden agilidad en la toma de decisiones. Además, trazó una línea roja sobre lo que no va a cambiar, la política económica, porque hacerlo sería «un error monumental», dijo.

El presidente popular se quedó muy lejos de la autocrítica que le reclaman muchos barones del partido, entre ellos Alberto Núñez Feijoo en la entrevista que concedió a La Voz. Rajoy no solo no admitió fallos en su política económica, sino que incluso sacó pecho por las medidas anticorrupción que ha aprobado el Gobierno, como la prohibición de donaciones a los partidos por parte de las empresas. A lo máximo que llegó en ambos casos fue a admitir problemas en la comunicación y la forma de afrontarlos. Así, en lo que se refiere al incumplimiento de sus promesas electorales, como la subida del IRPF, argumentó que «probablemente nos ha faltado una explicación como decir claramente que estábamos al borde de la quiebra». Y para apuntalar su explicación recordó que el déficit estaba en el 9 % en el 2011 y a finales de este año estará en el 4,2 %, y que tras años de destrucción continuada de empleo ahora se está creando de forma continuada y que los próximos datos del paro «nos darán una gran alegría».

También en los casos de corrupción, aunque reconoció que han sido un gran problema para su partido, acabó culpando más al mensajero que al hecho en sí. «La corrupción y el martilleo constante en las televisiones nos ha hecho daño, sobre todo por la forma en que se ha tratado», explicó. No obstante, aseguró que «haré cuanto esté en mis manos» para combatirla.

No parece que las explicaciones de Rajoy vayan a satisfacer a los barones críticos, muchos de los cuales consideran que el partido está descontrolado, sin rumbo y sin capacidad de reacción, porque tampoco les sirve ya la táctica del presidente de demorar las respuestas. «Tenemos que aprender de los errores y corregir los defectos», aceptó el presidente, pero, en contra de las prisas de algunos en el partido, matizó que «no podemos hacerlo en 24 horas».

Rajoy aprovechó su paso por Cataluña y la presencia de numerosos empresarios catalanes para cargar contra el proceso soberanista y la intención de Artur Mas de convocar elecciones el 27 de septiembre, «un error, porque no tocan» y porque «no ayudan a la recuperación y generan estabilidad». Se mostró dispuesto a tratar algunas reivindicaciones de los catalanes, pero después de las elecciones generales.

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