Auge y caída de las mareas: de tocar el cielo en el 2015 a la irrelevancia

Las disputas internas acabaron con el proyecto que estuvo a punto de destruir el BNG

Exmiembros del BNG impulsores de las mareas: Xulio Ferreiro, Martiño Noriega, Xosé Manuel Beiras y Antón Sánchez
Exmiembros del BNG impulsores de las mareas: Xulio Ferreiro, Martiño Noriega, Xosé Manuel Beiras y Antón Sánchez

santiago / la voz

Los movimientos sociales del 15M, que renegaban de los viejos partidos y promovían la entrada de los ciudadanos de a pie en las instituciones; las diferencias de Beiras con la cúpula de la UPG, que lo animaban a abandonar la organización, y la mediación de Yolanda Díaz para que el veterano político nacionalista y un asesor suyo de Madrid, de nombre Pablo Iglesias, creasen una alianza electoral. Esos son los tres factores que provocaron en el 2015 el nacimiento de las mareas gallegas, un proyecto misceláneo, diverso y progresista que luego fue copiado en otras partes de España. Ese año, en las elecciones locales, las mareas municipales -en las que había militantes de Podemos, de Esquerda Unida, de los partidos escindidos del BNG y agrupaciones locales independientes- conquistaron alcaldías significativas de las ciudades gallegas -A Coruña, Santiago y Ferrol- y en el 2016, el partido instrumental En Marea, aunque no logró la presidencia de la Xunta, se hizo con el 20% de los votos gallegos y se colocó como primera fuerza de la oposición.

Esos movimientos estuvieron a punto de acabar con el BNG. En el Bloque había, antes de la asamblea de la ruptura en Amio, un creciente malestar por los malos resultados electorales -había bajado de 18 escaños con Beiras en 1997 a solo 7 con Jorquera en el 2012- y un debate interno sobre la conveniencia o no de pactar con otras fuerzas y sobre la necesidad de actualizar el ideario original de la formación nacionalista. Pero la mayoría de los que permanecieron fieles a la formación aseguran que, si Beiras no se hubiese marchado, la escisión no se habría consumado. El viejo profesor, artífice de los mejores resultados del BNG a finales de los noventa, fue también el muñidor de la maniobra que estuvo a punto de acabar con el Bloque Nacionalista Galego. Él, sus compañeros de Encontro Irmandiño y los que le siguieron en sus sucesivos proyectos políticos: Anova, Alternativa Galega de Esquerda, En Marea o Galicia en Común. Entre ellos, rostros conocidos de la llamada izquierda rupturista que habían crecido en las filas de Galiza Nova y del BNG, como Martiño Noriega, Xulio Ferreiro o Antón Sánchez. Con su estética progresista y su mensaje a favor de una política «da xente do común», lograron convencer no solo a muchos veteranos del BNG, sino también a una nueva generación de jóvenes que se estrenaban en las urnas.

El auge de las mareas coincidió con la debacle del BNG, que en las elecciones generales del 2015, bajo las siglas Nós-Candidatura Galega, se quedó sin representación en el Congreso. En esas mismas elecciones se estrenó la marca En Marea, con seis diputados gallegos en Madrid.

El principio del fin

Son muchos los analistas políticos que se preguntan cómo se pudo malgastar, en tan poco tiempo, semejante caudal político. Con una amplia representación en el Congreso, con tres alcaldías importantes en Galicia y con el liderazgo de la oposición en O Hórreo, las disputas internas entre organizaciones, los recelos personales y el reparto de cuotas de poder acabó dinamitando con el proyecto ideado a tres bandas entre Xosé Manuel Beiras, Yolanda Díaz y Pablo Iglesias. Primero fueron las conspiraciones contra su portavoz, Luís Villares; luego, las broncas públicas en los plenarios y, más tarde, las maniobras en el seno de Podemos por controlar la marca.

Todo ello provocó que, en las municipales del 2019, los ciudadanos decidiesen desalojar de las alcaldías a los tres alcaldes del cambio; Jorge Suárez en Ferrol, Martiño Noriega en Santiago y Xulio Ferreiro en A Coruña. Ese fue, en realidad, el principio del fin, pero ellos aún no lo sabían. Todavía tuvo que romper el grupo parlamentario con la marcha de Villares al Grupo Mixto; bajar en las elecciones generales de seis a dos diputados y perder, el pasado domingo, el poco arsenal que les quedaba: de 271.418 votos (el 20 % del total) en el 2016 a 51.223 (4 %) en el 2020. De casi tocar el cielo a la total irrelevancia política.

Marea Atlántica y Compostela Aberta dirimen su futuro y el de su líderes

En la resaca de la derrota electoral no hubo comparecencias de los principales líderes de Galicia en Común, así que habrá que esperar a los próximos días para que despejen su futuro político ante la imposibilidad de seguir haciendo carrera en O Hórreo. Xulio Ferreiro, en realidad, ya se había apartado de la primera línea de la política local y había vuelto a sus clases en Derecho. Martiño Noriega publicó un tuit en el que decía que regresaba a la medicina, pero sin aclarar si dejaba la política, porque que a su profesión como médico de Atención Primaria ya se había incorporado en la pandemia. Tampoco se sabe si Eva Solla, coordinadora de EU, volverá a ejercer como enfermera, y el candidato, Antón Gómez-Reino, sigue con su escaño disponible en el Congreso, pero en campaña, había dicho que no quedaba más que un trámite para ser sustituido, porque su puesto, aseguraba entonces, estaba en Galicia.

Marea Atlántica y Compostela Aberta anunciaron que convocarán, en breve, asambleas para analizar los pésimos resultados electorales y decidir su futuro. En el caso de la marea compostelana, no se descarta que Martiño Noriega renuncie a la portavocía del grupo municipal en Raxoi. Es algo que ya había anunciado tras perder la alcaldía de Santiago, pero que quedó postergado por su decisión de concurrir a las elecciones autonómicas en las listas de Galicia en Común. Queda Yolanda Díaz, que recoge los frutos de su gestión en el Ministerio de Trabajo. Pero su futuro en la política gallega tiene poco recorrido sin unas siglas fuertes que la respalden.

La debacle de Galicia en Común certifica el fin de las mareas

mario beramendi
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Quizá no existan muchos ejemplos de cómo puede evaporarse un proyecto político en un período tan corto de tiempo. La llamada marea, un movimiento nacido en el ámbito municipal y que canalizó el malestar social que generó la anterior crisis, llegó a ser segunda fuerza en las autonómicas de hace cuatro años, con 14 diputados y más de 270.000 votos. Como si de un balón pinchado se tratase, la candidatura de Galicia en Común, heredera directa de aquel proyecto y formada por Podemos, Esquerda Unida y Anova y apoyada por las mareas locales, apenas ha logrado 50.000 votos y ningún diputado, lo que supone su desaparición del Parlamento gallego.

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