Feijoo encadena su cuarta mayoría y Galicia vuelve al tripartidismo con un BNG reforzado

El PSOE se queda en su suelo con 15 escaños y el espacio liderado por Podemos desaparece


redacción / la voz

Alberto Núñez Feijoo consiguió igualar el registro de mayorías absolutas del patriarca político del PPdeG, Manuel Fraga, al lograr encadenar la cuarta victoria pudiendo superar en uno los 41 diputados que logró en el 2016 aunque, con el 99,8 % escrutado, ese escaño de Pontevedra está en disputa con el PSOE por una diferencia muy estrecha que se dilucida en las mesas electorales de Sanxenxo y que podría saldarse definitivamente a favor de los populares con el recuento del voto emigrante. El PPdeG renovó su mayoría en un contexto político más complejo y disgregado, con la práctica desaparición de estas mayorías del escenario político español, y en medio de una gran incertidumbre por la pandemia y el brote de A Mariña, que centró la segunda mitad de la campaña.

En un contexto aparentemente movedizo sin datos ni precedentes para el análisis de los comportamientos electorales, donde era prudente no descartar sorpresas por la situación anómala que se vive en el país, ni siquiera la participación se resintió demasiado (como sí sucedió en las municipales francesas), pues apenas bajó cuatro puntos con respecto al 2016. El PPdeG sigue siendo la referencia única para el centroderecha gallego, pues las dos formaciones que a su izquierda y a su derecha (Ciudadanos y Vox) podrían hacerle daño, como sucede en el resto de España, solo consiguieron provocar unos rasguños intrascendentes en la candidatura de Feijoo, contrariamente a lo que le sucede al PP estatal.

Así que el único cambio relevante en el mapa político gallego es que se ha retornado al tripartidismo clásico, al hundirse la candidatura de Antón Gómez-Reino de Galicia en Común, con una fuga de votos progresistas que alimentaron el espectacular crecimiento del BNG, con una campaña presidencialista y en positivo de la candidata Ana Pontón, que puso a su formación por encima de los registros de la edad dorada de Xosé Manuel Beiras a finales de los noventa, con 19 escaños frente a los 18 de entonces, que convierte a la cabeza de lista nacionalista en líder de la oposición. Y lo hizo sumando 13 actas a las 6 que consiguió en el 2016, después de una larga travesía en el desierto que hay que rastrear en la escisión del nacionalismo en la asamblea de Amio en el 2012 y en el auge de la alianza entre el nacionalismo de Anova con las izquierdas estatales. La candidatura impulsada por Podemos no logró alcanzar el 5 % de los votos, necesario para entrar en el reparto de escaños en las provincias de A Coruña y Pontevedra, las únicas donde tenían opciones. Las continuas divisiones en el denominado espacio rupturista terminaron pasándole factura. Y eso también convierte a Galicia en sitio distinto en la correlación de fuerzas.

 

El fracaso socialista

La contrapartida de este excepcional crecimiento del nacionalismo de izquierdas es el hundimiento de las expectativas del PSOE, con una candidatura de Gonzalo Caballero que no ha sabido aprovechar el viento de cola de tener un Gobierno de su color en Madrid y de las tendencias de cambio estatales, que se reflejaron en las generales de abril del año pasado, cuando los socialistas superaron por primera vez al PP en número de votos. A falta de lo que suceda con el diputado en disputa con el PP en Pontevedra, el PSOE se mantiene en su suelo político de los 14 escaños que logró hace cuatro años y ni siquiera va a conseguir liderar la oposición frente a un Feijoo reforzado. Esto abrirá sin duda un debate en el socialismo gallego sobre el liderazgo y la estrategia política ante un fracaso político sin paliativos.

Parece que los electores, ante el escenario económico incierto que se avecina, han preferido volver al escenario anterior a la crisis del 2008, con un Parlamento en el que solo habrá tres voces y un Gobierno del PP con las manos libres para la gestión de la crisis.

El tren a Madrid vuelve a pasar para Feijoo, el gran referente del PP

Gonzalo Bareño

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El 12J tiene un nombre propio: Alberto Núñez Feijoo. En unos tiempos en los que las mayorías absolutas son una rareza en Europa, obtener la cuarta consecutiva sitúa al presidente gallego como el referente del PP en España, por encima del líder nacional, Pablo Casado, que no sale personalmente afianzado de la jornada. La marca Feijoo se fortalece. Y el tren a Madrid que dejó pasar en el último congreso del partido, el del relevo de Rajoy, volverá a pasar para él de cara al futuro.

Ha ganado estas elecciones con unos carteles en los que el logo del PP había que buscarlo con lupa. Y con un discurso muy distinto al de Casado, que trató en el último tramo de forzar su presencia junto al presidente gallego para reivindicar la victoria. Pero sobre el líder del PP no solo sobrevuela ahora la figura de Feijoo, sino también su discurso.

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