Las primeras elecciones con acomodador

El personal encargado de recordar las normas de prevención frente al covid-19 jugó un papel fundamental en los colegios, para garantizar las medidas de salud pública

Demetrio ayuda a Alsira a colocarse la mascarilla antes de entrar en el colegio electoral en la antigua rectoral de Erbecedo.
Demetrio ayuda a Alsira a colocarse la mascarilla antes de entrar en el colegio electoral en la antigua rectoral de Erbecedo.

redacción

Tres cuartos de hora antes de que abrieran los colegios electorales, ya había cola ante la puerta de la antigua rectoral de Erbecedo, en el municipio de Coristanco. Hubo incluso quien trató de adelantarse al reloj. Pero allí estaba Demetrio, uno de los encargados de recordar las normas de prevención frente al covid-19 que este domingo jugaron un papel esencial en las que podrían calificarse como primeras elecciones con acomodador de la historia de Galicia. Eran las ocho y cuarto de la mañana, pero Demetrio ya andaba ojo avizor. No solo para frenar a los madrugadores, también para controlar y facilitar el tráfico de entrada a la sala en la que los tres miembros de la mesa, los interventores y los apoderados aguardaban el goteo de votantes.

A las nueve se abrieron las puertas. Demetrio, miembro de Protección Civil y amante confeso de las esculturas de Bernini, no tenía linterna de acomodador, pero llevaba un bote de gel hidroalcohólico con el que rociaba las manos de cada votante al que explicaba cómo entrar en la sala. Y a los que no llevaban mascarilla quirúrgica les daba una o, incluso, les ayudaba a ponérsela, como a Alsira, que bajó del coche papeleta y carné en mano. «Tivemos unha reunión e nos dixeron que as quirúrxicas eran as únicas que valían», comentó.

A la una, él había consumido dos. Tras superar las horas punta de primera hora y, más tarde, la de la salida de la misa, el goteo de votantes fue intermitente.

¿Podemos pasar os dous?», preguntó un matrimonio de parroquianos al bajar del coche.

Non, so se algún ten un problema poden ir xuntos, senón teñen que ir de un en un», respondió Demetrio. Y ante tal respuesta le rebatieron: «Problemas non temos, pero dormimos xuntos». La justificación no coló.

Una joven echa gel a una votante en el Palacio de la Ópera.
Una joven echa gel a una votante en el Palacio de la Ópera.

Mucho menos estrictos fueron los encargados de organizar la entrada en el coruñés Palacio de la Ópera. Allí no había una única mesa, eran diez con un censo de votantes muy superior a los 578 de Erbecedo. «A primera hora tuvimos bastante trabajo porque mucha gente no sabía dónde tenía que votar, no traían la tarjeta censal y solo había un panel para mirar. Tuvieron que venir refuerzos», explicó una de las «acomodadoras». A mediodía, la cosa estaba más calmada. Al tener más espacio, la gente podía entrar de dos en dos. Aunque Demetrio no habría dejado pasar a nadie con mascarilla de tela.

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