Sánchez e Iglesias aspiran a cogobernar tras una historia de descalificaciones

La desconfianza y las ofensas entre ambos han sido una constante desde el año 2014


Madrid / La Voz

«Necesito un vicepresidente del Gobierno que defienda la democracia española». Pedro Sánchez justificaba de esta manera el pasado 18 de julio su negativa a que el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, formara parte de su Ejecutivo. La rotunda declaración sirve para comprender las enormes dificultades que ambos tendrán para ponerse acuerdo en caso de que consigan formar el Gobierno de coalición para el que han firmado un preacuerdo. No se trata ya de que el líder del PSOE desconfíe del que será su número dos en el Ejecutivo, sino de que hace menos de cuatro meses Sánchez negaba que Iglesias fuera un demócrata y que defendiera el Estado de derecho. Una apreciación que va mucho más allá de los «reproches» personales mutuos que ambos se muestran dispuestos a superar. Es quizá la descalificación más rotunda que se han cruzado entre ellos, pero también una más de una larga historia de desencuentros y ofensas que comenzó desde el 2014, año en el que Pablo Iglesias se convirtió en un actor de la política nacional y Sánchez accedió a la secretaría general del PSOE.

Septiembre del 2014

Sánchez: «Nunca pactaremos con el populismo». En septiembre del 2014, solo un mes después de ser elegido secretario general del PSOE, Pedro Sánchez cargó ya contra el líder de Podemos, partido que acababa de nacer, y aseguró que «ni antes, ni durante, ni en ningún ayuntamiento el PSOE va a pactar con el populismo, porque el final del populismo es la Venezuela de Chávez, la pobreza, las cartillas de racionamiento». En aquellos meses, Iglesias se refería a Sánchez como un miembro de la «casta», apelativo con el que descalificaba a los políticos que encuadraba a las órdenes del poder económico.

  

Enero del 2015

Sánchez: «Hace de la mentira su forma de hacer política». En enero del 2015, un año antes de que ambos se enfrentaran por primera vez en unas elecciones generales, Sánchez se refirió al líder del partido morado en estos términos. «Pablo Iglesias, que es el de Podemos, que hace de la mentira su forma de hacer política». 

Mayo del 2015

Iglesias: «Ese profesor de universidad privada». En mayo del 2015, en la campaña de las elecciones municipales de aquel año, Iglesias se dirigió a los socialistas para decirles: «Habéis dejado de ser el partido de la gente corriente, aunque remanguéis las camisas a ese profesor de universidad privada que se llama Pedro Sánchez». Iglesias consideraba al líder del PSOE como un hombre promovido por el Ibex 35.

Enero del 2016

Iglesias: «La sonrisa del destino». En enero del 2016, tras entrevistarse con el rey en la ronda de consultas de cara a la investidura, Iglesias compareció en el Congreso mientras Sánchez despachaba con Felipe VI convencido de poder formar Gobierno con Unidas Podemos. Iglesias exigió para sí la vicepresidencia del Gobierno y los ministerios de Economía, Educación, Sanidad, Servicios Sociales, Defensa e Interior, además del CNI, lo que reventó luego cualquier oportunidad de acuerdo. «La posibilidad histórica de ser presidente es una sonrisa del destino que me tendrá que agradecer», le dijo Iglesias a Sánchez.

  

Marzo del 2016

Iglesias: «El PSOE es el partido del crimen de Estado». En su primer gran debate en el Parlamento, en marzo del 2016, durante la sesión de investidura de Pedro Sánchez tras las elecciones del 2015, Iglesias se dirigió en términos durísimos al líder socialista y le reprochó estar a las órdenes de quienes «tienen las manos manchadas de cal viva», en referencia a Felipe González, y calificó al PSOE como «el partido del crimen de Estado», aludiendo a los asesinatos de los GAL. Podemos votó entonces en contra de la investidura de Sánchez.

  

Octubre del 2017

El 155 rompe la relación. La etapa de Gobierno de Mariano Rajoy mejoró las relaciones entre ambos, pero la aplicación del artículo 155 en Cataluña rompió el vínculo. Sánchez acusaba a Iglesias de no defender la soberanía nacional y de alinearse con los independentistas, y el líder morado situaba al socialista en el «bloque monárquico y del 155». Después, la moción de censura contra Mariano Rajoy fue su momento de mayor entendimiento.

  

septiembre del 2019

Sánchez: «No dormiría por la noche con ministros de Podemos. Tras las elecciones del 2019 el acuerdo de Gobierno parecía hecho, pero las diferencias personales entre Sánchez e Iglesias lo frustraron. Iglesias proclamó que quería entrar en el Gobierno para controlar a Sánchez. El líder del PSOE vetó la presencia de Iglesias diciendo que no era «de fiar», algo que el líder de Podemos «consideró «humillante», aunque lo aceptó. El socialista dijo luego que «no dormiría por la noche junto con el 95 % de españoles» si hubiera ministros de Podemos en el Gobierno y que alguien como Iglesias, que hablaba de «presos políticos», no podía gobernar España. «Si me arrepiento de algo es de confiar en la palabra de Pedro. Pedro me mintió», dijo luego Iglesias. Desde ayer, sin embargo ambos quieren cogobernar juntos.

El PSOE no suma con las fuerzas «progresistas» sin depender del independentismo

G. Bareño

Sánchez e Iglesias han firmado un preacuerdo de Gobierno con el que, según dicen, aspiran a superar la investidura y a formar Gobierno con un proyecto «progresista» y que no dependa de los votos de los independentistas. Ambas premisas, sin embargo, son imposibles de cumplir a la luz de la aritmética parlamentaria. Sumando todas las fuerzas que pudieran apoyarles, y dando por bueno que un partido conservador como el PNV sea progresista, el máximo de votos que podrían tener es de 169. Serían 120 del PSOE, 35 de Unidas Podemos, 7 del PNV, 3 de Más País, 1 del PRC, 1 del BNG, 1 de Teruel Existe y 1 de Nueva Canarias. Incluso sumando a todas esas fuerzas, para no depender de los independentistas a Sánchez ni siquiera le bastaría la abstención de Ciudadanos, porque en ese caso el resultado sería 169 síes y 171 noes. Incluso aunque se sumara el diputado de Coalición Canaria, habría empate a 170, lo que haría decaer la investidura. Cs tendría que votar a favor de ese Gobierno, que es a lo que aspira Sánchez, pero difícilmente se podría calificar eso de una suma progresista. Si Ciudadanos se abstiene o vota en contra, Sánchez solo podría ser investido, incluso sumando toda esa amalgama de partidos, si alguna fuerza independentista lo permite. JxCAT y la CUP votarán en contra. Pero a Sánchez le bastaría la abstención de ERC (13 escaños), con la que en caso de voto en contra de Cs el marcador sería 169 síes y 168 noes. La investidura del líder del POE depende por tanto del voto a favor de Cs o la abstención de ERC.

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