El abogado de la familia Franco que ganó el pleito por las estatuas del Pórtico da Gloria, diputado de Vox por Barcelona

Juan José Aizcorbe, que ya era portavoz de la formación en el Ayuntamiento de Pozuelo, llegó a intentar presidir el PP catalán

Juan José Aizcorbe, abogado de la familia Franco
Juan José Aizcorbe, abogado de la familia Franco

Galicia es, junto con el País Vasco y Navarra, la aldea gala que se le resiste a la formación de Santiago Abascal. Sin embargo, Vox mantiene algunas conexiones con la comunidad. Es el caso de quien este domingo se convirtió en diputado del partido de ultraderecha por Barcelona, donde iba en las listas como número dos. Es Juan José Aizcorbe Torra, más conocido para los gallegos como el abogado de la familia Franco en el pleito con el Concello de Santiago a cuenta de la propiedad de dos estatuas del pórtico de la Gloria.

Un juzgado de Madrid (el 41 de Plaza de Castilla, concretamente), acabó con la aspiración del Ayuntamiento de recuperar para la ciudad las obras del maestro Mateo, al dar por buena la tesis del letrado de la familia, que reclamó la prescripción adquisitiva o usucapión, es decir, la certificación de una propiedad por el paso del tiempo sin que existan circunstancias opacas, utilización de la fuerza o reclamaciones que cuestionen la titularidad. Un gol judicial -aunque el Ayuntamiento recurrió la sentencia- que los herederos del dictador no pudieron replicar en su intento de impedir la reciente exhumación.

Pero, más allá de su relación profesional con la familia Franco, ¿quién es Aizcorbe? Nacido en Barcelona en 1959, en su currículo detalla que es abogado y administrador concursal. Casado y padre de tres hijos, su estreno como diputado por Vox no supone más que el cierre del círculo político que comenzó en la década de los 80, cuando fue dirigente en Barcelona de Juntas Españolas, la formación de extrema derecha que pretendía ocupar el espacio dejado por la fracasada Fuerza Nueva de Blas Piñar, partido en el que Aizcorbe también militó.

Trató de presidir el PP catalán apelando a la defensa de la «unidad de España»

Su siguiente parada fue el Partido Popular catalán, donde recaló en 1995 de la mano de Alejo Vidal-Quadras. Allí fue director del departamento de Estudios y Programas y, dos años más tarde, en 1997, se presentó como candidato a la presidencia regional de la formación. En la presentación de su candidatura, un desconocido Aizcorbe anunció que su objetivo era «recuperar algunos planteamientos» abandonados por el Partido Popular, como la «defensa de la unidad de España, que es una nación y no un Estado plurinacional». Como publicó La Voz entonces, «frente a la pretensión de Alberto Fernández Díaz [el candidato avalado por la dirección nacional] de disputar el electorado centrista y catalanista moderado a CiU, Aizcorbe, que ha defendido en juicios a cabezas rapadas acusados de agresiones y a cuya boda asistió Blas Piñas, considera que el partido debe emitir un mensaje en el que 'la diferencia con CiU sea clara y rotunda'».

Aunque en aquel momento fracasó en su intento de hacerse con las riendas del PP catalán, precisamente su discurso de entonces es el mismo que, casi un cuarto de siglo más tarde, ha llevado a Vox a conseguir un ascenso meteórico y a él a sentarse en la Cámara Baja. En cualquier caso, tras el fiasco en su pretensión de liderar el PP y constatar que los postulados de los populares le quedaban demasiado a la izquierda -aseguraba en aquellos días que «a diferencia de otros, tengo el orgullo de no avergonzarme ni arrepentirme de mi pasado en Fuerza Nueva y en Juntas Españolas»-, en 1998 aún lideró el Partido Demócrata Español en Cataluña, junto al exsecretario general de Alianza Popular, Juan Ramón Calero, antes de acabar en las filas de Vox.

Con el partido de Abascal, antes de candidato al Congreso, en las pasadas elecciones municipales fue cabeza de lista al Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, en Madrid, donde es portavoz.

¿Qué hay detrás del ideario de Vox?

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La formación quiere acabar con las autonomías, el Senado y la ley de violencia machista

Apenas ha pasado un año. Fue el 7 de octubre del 2018 en el palacio de Vistalegre de Madrid. Vox, que hasta entonces en unas elecciones generales solo había cosechado 46.781 votos en todo el país, presentó su programa electoral, sus Cien medidas para España viva. ¿Qué ponía en esas 25 páginas para que en 13 meses la fuerza de Santiago Abascal haya multiplicado por 77 sus apoyos en las urnas hasta alcanzar 3,6 millones de votantes?

Suprimir las autonomías o el Senado o limitar la inmigración son algunas de las propuestas de un programa electoral calificado de derechas pero que, sin embargo, es una versión dulcificada de las 500 ideas que contenía el programa de la vieja Vox que no arrasaba en las urnas.

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