Sánchez fracasa en su intento de romper el bloqueo y apela a «todos» los partidos

Les pide «responsabilidad y generosidad» porque «sí o sí» habrá Gobierno progresista

;
Sánchez asegura que esta vez «sí o sí» habrá Gobierno progresista Pierde tres diputados con respecto al 28A y aunque el PSOE gana de forma notable, depende de pactos para poder gobernar.

madrid / la voz

La ley de Murphy dice que si algo puede salir mal, saldrá mal. Y malo fue el resultado de la repetición electoral para el PSOE, ya que, aunque logró salvar los muebles pese a los patinazos de la campaña, no consiguió alcanzar el objetivo para que el su líder, Pedro Sánchez, desafió el hartazgo de la ciudadanía y la obligó a volver a las urnas apenas seis meses después. Aunque los socialistas prácticamente revalidaron el porcentaje de sufragios y los escaños obtenidos en abril (perdió tres, quedándose en 120), se han dejado por el camino casi 800.000 votos (con más del 99 % escrutado) y no fructificó su estrategia de pescar entre los indecisos y los desencantados, especialmente de Ciudadanos.

Si el 28A el resultado de las generales fue un Parlamento fragmentado en el que a los socialistas les resultó imposible forjar pactos para formar Gobierno, la noche de ayer dejó un hemiciclo aún más dividido y, previsiblemente, también ingobernable. Sánchez vuelve a la casilla de salida de unas negociaciones complicadas, con más actores en escena (desde el BNG, que regresa al Congreso, hasta Más País o Teruel Existe, que se estrenan) y el país cansado tras cuatro elecciones en cuatro años.

El candidato socialista dedicó el cierre de la campaña a plantear el voto al PSOE como la única «esperanza» para, además de romper el «muro del bloqueo político», frenar el avance de Vox y suturar las heridas provocadas en el país por el separatismo catalán. Sin embargo, a la luz de los resultados, su mensaje no caló: el bloqueo se mantiene -y se complica por el mayor número de piezas sobre el tablero-, mientras que Vox experimentó un ascenso meteórico, reemplazando a Ciudadanos (desangrados y condenados a la irrelevancia con solo diez diputados) como tercera fuerza, a lo que se suma el refuerzo del independentismo (la CUP llega a la Cámara Baja con dos diputados, los que pierde ERC, y Junts per Catalunya gana uno y logra ocho.).

Ante este escenario, los ánimos en el exterior de la sede socialista, en la madrileña calle Ferraz, ayer distaban de la euforia desatada en abril, cuando Sánchez logró convertir al PSOE, más de una década después, en la fuerza política más votada del país. Entonces aglutinó el 28,67 % de los sufragios (más de 7,5 millones de votos) y 123 escaños, 1,5 millones más que en el 2016, cuando tocó fondo con 85 diputados. 

Victoria con sabor a ricino

Aunque este domingo Sánchez consiguió aguantar el tipo frente a sus votantes y repitió los resultados de hace seis meses con una escasa variación, la victoria de los socialistas -la tercera en un año, como recordó el líder socialista en su breve intervención a medianoche- ha sabido a ricino. Y es que frente al escenario dulce que le pronosticaba el CIS cuando se convocaron los comicios, la realidad -en forma de sentencia del procés y disturbios posteriores en Cataluña, que ha dado alas a la derecha- ha sido mucho menos halagüeña. Los primeros sondeos de la noche, recién cerrados los colegios electorales, coincidían en situar al PSOE como ganador, aunque con una horquilla de escaños (entre 112 y 119) algo inferior a los finalmente conseguidos. El arranque del escrutinio, poco después, colocó a los socialistas en una posición ligeramente mejor, con 122 diputados, uno menos que en abril. A lo largo de la noche, y según avanzaba la revisión de los sufragios, los números del PSOE escalaron hasta los 124 escaños para iniciar después el descenso hasta los 120 con los que cerraron el recuento, a tres de los comicios pasados y casi 800.000 votos menos.

Igual que en abril, Sánchez demoró su aparición para valorar los resultados electorales hasta prácticamente la media noche, después de que los líderes de los principales partidos de izquierda y derecha, Pablo Iglesias y Pablo Casado, le responsabilizaran del «fracaso» electoral, instándole a mover ficha para acabar con un bloqueo que el país no puede permitirse durante más tiempo.

La respuesta del secretario general del PSOE fue devolverles la pelota, apelando a la «responsabilidad y la generosidad» de «todos los partidos» para romper el bloqueo. «Esta vez sí o sí vamos a conseguir un gobierno progresista», aseguró Sánchez.

En su intervención, acompañado de su mujer, Begoña Gómez, y de ministros y cargos socialistas, subrayó que los socialistas habían ganado las elecciones por tercera vez en un año. «Hemos ganado, pero nuestro plan no es continuar ganando elecciones sino formar un gobierno estable y hacer política en beneficio de los españoles», dijo, para hacer «una llamada a todos los partidos» para que posibiliten el desbloqueo. Les pidió «responsabilidad y generosidad», la misma que tendrá el PSOE, aseguró.

«A esa convocatoria llamo a todos los partidos políticos, salvo a aquellos que se autoexcluyen de la convivencia y siembran el discurso del odio y de la antidemocracia», aseveró, en referencia a la formación de Santiago Abascal, la gran triunfadora de esta cita electoral, en la que logró duplicar, de largo, sus resultados de abril, y situarse como tercera fuerza en el hemiciclo.

«La democracia nos convocó a las urnas y a partir de mañana trabajaremos por ese gobierno progresista liderado por el PSOE», aseguró. Iglesias ya le emplazó a hablar ayer.El sudoku de la gobernabilidad se complica con un Cs irrelevante y nuevos actores

La reválida de las generales ha resultado un fiasco para las pretensiones con las que Pedro Sánchez las convocó, pese a su intento de sacar pecho por haberse impuesto en las urnas por tercera vez en un año. Tanto el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, como el del PP, Pablo Casado, le instaron a «mover ficha» para sacar al país del bloqueo en el que está inmerso en un momento delicado, con el crecimiento económico frenando y Bruselas alertando. La tarea para el presidente en funciones, sin embargo, no será nada fácil con la composición que el 10N ha dejado en la Cámara Baja, aún más fragmentada que en abril. Ni el bloque de izquierda ni el de derecha rozan el guarismo mágico de los 176 escaños que marca una mayoría absoluta.

Pactos

«Con Podemos, sí». Si hace solo seis meses la multitud convocada en Ferraz, ante la sede del PSOE, le lanzaba a Sánchez un clarísimo «¡Con Rivera no!», la irrelevancia a la que Ciudadanos ha quedado relegada en estos comicios (en abril la suma de los socialistas y los naranjas rebasaba la mayoría absoluta) les ha hecho cambiar las consignas. De hecho, lo que los militantes coreaban ayer era «Con Iglesias, sí», «Con Casado no». Crece el temor a que, in extremis, pudiera prosperar una fórmula que, con la abstención del PP, facilitase la investidura, algo que Casado no despejó ayer y de lo que Iglesias lleva tiempo alertando.

Cordón sanitario

¿Se puede esquivar a los independentistas? A diferencia de abril, cuando Sánchez anunció que el PSOE no pondría ningún cordón sanitario, esta vez lo ha hecho. El llamamiento al diálogo deja fuera a «aquellos que se autoexcluyen de la convivencia y siembran el discurso del odio y de la antidemocracia». La referencia a Vox, aunque sin nombrar al partido de Abascal, es clara. Pero, ¿se hace extensiva a los independentistas catalanes? Habrá que esperar para despejar la incógnita, pues la suma de escaños de PSOE, Unidas Podemos y Más País deja al bloque progresista a 18 diputados de los 176 de la mayoría que precisan.

Las consecuencias del 10N, una investidura más difícil todavía

juan capeáns

La estrategia de Sánchez se complica y la división vuelve a lastrar a la derecha, con Vox crecido. Los socialistas logran 120 diputados, el PP es segundo con 88 y los de Abascal consiguen 52. «Gran coalición o nos vovemos a ver en mayo», el artículo de Tomás García Morán

España se asoma a tres escenarios: una compleja investidura de Sánchez sumando escaño a escaño con Podemos, Más País, el PNV y partidos con diferentes intereses territoriales, que no llegan a la mayoría; una improbable concesión al desbloqueo por parte del PP o de las fuerzas independentistas de Cataluña y el País Vasco, de difícil encaje; o terceras elecciones. Así de crudo. La gobernabilidad, el día a día y la estabilidad del poder legislativo son, simplemente, inabordables hasta que se despeje la presidencia. Y todo con un Vox exultante.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
5 votos
Comentarios

Sánchez fracasa en su intento de romper el bloqueo y apela a «todos» los partidos