Los otros protagonistas de los comicios

No salen en la cartelería electoral, pero votantes como María Bouzas, que a sus 103 años acudió a la cita con las urnas en Valga, son los actores principales del 10N


Redacción / La Voz

Las democracias son felizmente aburridas. Y ese es el afortunado resumen de la jornada: el sosiego fue el protagonista y solo un puñado de anécdotas animaron este nuevo paso por las urnas.

La rutina también fue la norma en Galicia. La mesa del colegio Fogar de Carballo cerró tres cuartos de hora más tarde a causa de un apagón que interrumpió durante 45 minutos la votación. «É raro que pasen estas cousas», sentenció el teniente de alcalde Xosé Regueira.

En Ourense, una de las mesas de la escuela infantil Antela, en el barrio de O Couto, tuvo que ampliar el horario de votación 23 minutos, el mismo tiempo que tardó en constituirse. El presidente titular no se presentó a la cita y el suplente aseguraba que su perro «se había comido la documentación». Hubo que tirar de banquillo y el hombre volvió a casa junto a su can. 

Una votante con galones

En Valga, ejerció una vez más el derecho al voto una de las vecinas más veteranas del municipio pontevedrés. A sus 103 años, María Bouzas Senín no dudó en acercarse a su colegio electoral en la parroquia de Igrexa-Setecoros. Toda una lección para los abstencionistas a los que amedrenta un poco de lluvia.

Más allá de Pedrafita y Padornelo, no faltaron las ocurrencias. Quien más se lo trabajó fue José Luis Lamela, un jornalero de 38 años de Ciudad de Osma (Soria). Lamela quiso practicar la objeción de conciencia, todavía no prevista en los comicios. «Creo que la democracia debe ser asamblearia y sin intermediarios», reivindicó. El jornalero, que no pudo librarse de la convocatoria para presidir la mesa de esta localidad de 800 electores, se enfundó un disfraz de oso polar para expresar su protesta. Y de esa guisa recibió a los votantes el plantígrado de Osma. El único, hasta la fecha, que ha presidido una mesa en España.

No iba de oso, pero también lucía uno de sus estrafalarios atuendos el capitán madridista, Sergio Ramos. A su mujer, Pilar Rubio, no se le ocurrió mejor momento para subir un vídeo a Instagram que cuando el rudo central estaba recogiendo las papeletas antes de refugiarse en la cabina. No sabemos a quién eligió finalmente el defensa andaluz, pero el único logo que se pudo ver en la retransmisión de Rubio fue el del PP.

Información elaborada con la colaboración de las delegaciones de La Voz de Galicia.

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