Las consecuencias del 10N, una investidura más difícil todavía

La estrategia de Sánchez se complica y la división vuelve a lastrar a la derecha, con Vox crecido. Los socialistas logran 120 diputados, el PP es segundo con 88 y los de Abascal consiguen 52. «Gran coalición o nos vovemos a ver en mayo», el artículo de Tomás García Morán


santiago / la voz

España se asoma a tres escenarios: una compleja investidura de Sánchez sumando escaño a escaño con Podemos, Más País, el PNV y partidos con diferentes intereses territoriales, que no llegan a la mayoría; una improbable concesión al desbloqueo por parte del PP o de las fuerzas independentistas de Cataluña y el País Vasco, de difícil encaje; o terceras elecciones. Así de crudo. La gobernabilidad, el día a día y la estabilidad del poder legislativo son, simplemente, inabordables hasta que se despeje la presidencia. Y todo con un Vox exultante.

Bloque de izquierdas

Más dependencia. Que el PSOE siga siendo la fuerza más votada es la mejor noticia en el bloque de izquierdas, porque inicialmente cualquier negociación para la investidura, por complicada que sea, la podrá liderar Sánchez. En abril pudo mirar a izquierda y derecha para articular el desbloqueo, y ahora necesita a muchos más actores más allá de cuestiones ideológicas.

El presidente en funciones paga con tres escaños su aventura táctica, debilitando a su partido y a su socio prioritario, que seguirá exigiendo entrar en Moncloa. Podemos, que ya sufrió un retroceso en abril, continúa su descenso en votos y diputados y se queda más lejos de su objetivo práctico, que era ser la llave maestra de la legislatura.

Su papel queda aún más devaluado que en la anterior cita, porque son necesarias las muletas de partidos minoritarios y de Más País, que entra discretamente después de competir por el mismo electorado.

Bloque de derechas

Vox, ahora sí. El eslogan de campaña del PSOE es la crónica más escueta con la que se puede resumir el éxito electoral de Vox, que iba para terremoto en abril y se quedó en temblor. Tras la repetición electoral, el partido de Abascal revienta su techo con 52 escaños, pero no consigue contribuir al hipotético bloque alternativo porque todo su avance es a costa de Ciudadanos, que paga con crudeza no haber aportado soluciones a la gobernabilidad de España cuando pudo.

Partía de 57 diputados y se desplomó hasta quedar descolocado en sus esencias, al no rentabilizar el recrudecimiento del conflicto de Cataluña, su pértiga nacional. Ahora, con diez diputados, es la sexta fuerza de la Cámara y se prepara para una profunda crisis, cuando hace solo medio año aspiraba a superar al PP.

Los de Pablo Casado se consolidan como cabeza visible del centroderecha y reviven tras el mazazo de abril, pero la aparente remontada que cantaban las encuestas se interrumpió mucho antes de alcanzar el empate técnico que auguraba el único político con puesto oficioso garantizado, el de líder de la oposición. Sigue obteniendo unos resultados cortos para un partido de gobierno, y de hecho son los segundos peores de la historia de los populares. El PP resuelve su pugna con Ciudadanos, pero el avance de Vox le obliga a mantener la tensión por su extremo más conservador, dificultando que se planteen veleidades por la izquierda.

Partidos minoritarios

Más fragmentación. En el trasvase de votos de las grandes formaciones quedaron restos que aprovecharon con mucha eficacia los partidos que estaban fuera de los focos y los independentistas. El BNG vuelve al Congreso después de cuatro años sin voz en Madrid, y su aportación a los cálculos de Sánchez se da por hecha por sus acuerdos con los socialistas en Galicia. Casi todos dan pasos adelante: EH Bildu, PNV y JxCat salen reforzados, y solo retrocede ERC, que sin embargo gana el estratégico pulso catalán después de trasladar dos escaños a la CUP, que se estrena en las Cortes. A Navarra Suma (2), Coalición Canaria (2) y al Partido Regionalista de Cantabria (1) se unen otras fuerzas territoriales como Teruel Existe. 

España pasa del bloqueo a la ingobernabilidad

Gonzalo Bareño

Fracaso de Sánchez, Casado decepciona, final de etapa para Rivera e Iglesias, éxito histórico de Abascal y difícil pacto PSOE-PP

España buscaba en las urnas una solución al bloqueo político, pero acaba encerrada en un laberinto cuya ruta de salida es aún más difícil de encontrar. Después de cuatro elecciones en cuatro años, caso sin precedentes en el mundo, el país pasa del bloqueo a la ingobernabilidad, con el inquietante añadido de que el partido de Abascal es ya la tercera fuerza, el independentismo tiene más escaños que nunca y los radicales antisistema de la CUP entran en el Congreso. Cualquier fórmula para la investidura pasaría por algún tipo de acuerdo PSOE-PP, que no garantizaría la estabilidad si no se traduce en un Ejecutivo de coalición; por un pacto de la izquierda con los independentistas que conduciría a un escenario todavía más convulso, o por un harakiri político de Ciudadanos apoyando la investidura de Pedro Sánchez junto a Unidas Podemos, PNV, Más País, BNG y PRC. 

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