Génova vive su noche más agridulce tras no lograr consumar la remontada

Casado exige a Sánchez que asuma responsabilidades tras haber «perdido su referendo» por intereses partidarios

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Casado: «Ejerceremos nuestra responsabilidad y nuestra alternativa» El Partido Popular ha aumentado 21 escaños con respecto a los comicios de abril. «Estos son unos buenos resultados para el Partido Popular pero malos para la gobernabilidad de España», ha asegurado Casado

Madrid / La Voz

Agridulce. Así fue la noche electoral para el PP. Mejora considerablemente su número de escaños respecto a las pasadas elecciones -empeorarlo estaba realmente difícil-, y pasa de 66 representantes en el Congreso a 88, con el último diputado arrebatado en extremis a Coalición por Melilla por un puñado de votos. Sin embargo, continúa muy lejos del PSOE y sin ninguna opción de presentar una alternativa de Gobierno. Fuentes próximas a la dirección admitían en el cierre de campaña que Pablo Casado tenía la Moncloa muy complicada, y equiparaban sus posibilidades a las de «un triple lanzado desde medio del campo». La pelota no tocó ni el tablero.

Otra de las lecturas positivas de esta noche electoral para el PP está en el hundimiento de Cs. La amenaza del sorpasso queda desactivada y Rivera desacreditado para liderar el bloque del centroderecha. Si la diferencia entre las dos formaciones en la pasada legislatura era de nueve asientos, cuando se vuelvan a constituir Las Cortes la bancada popular superará a la naranja en 78 escaños. Sin embargo, la alegría por la caída libre de Rivera se contrarresta con el temor al crecimiento de Vox, que con 52 diputados se convierte en la tercera fuerza. Su auge genera cierta ansiedad en Génova 13, especialmente cuando la mayoría de sus votantes eran habituales del PP hasta hace bien poco. Uno de los primeros y grandes objetivos de Casado cuando logró la presidencia del partido fue cortar esta sangría, de ahí su brusco escoramiento hacia la derecha. Para esta campaña corrigió el rumbo y volvió a mirar al centro, aunque en la recta final acabó elevando un par de tonos su discurso ante la pujanza de Vox en las encuestas internas que manejaba el partido. En el seno del PP escuecen especialmente los resultados en Murcia, feudo del secretario general del partido, Teodoro García Egea, en donde los de Abascal se convierten en el partido más votado. Vox también adelanta al PP en Almería, Cádiz, Huelva, Sevilla y Ceuta. En el otro extremo, Feijoo y el PPdeG defienden su fortaleza en Galicia, que continúa siendo inexpugnable para los de Abascal. Galicia fue otro de los pocos sitios en los que los populares cosecharon más votos que los socialistas.

«La fuerza moderada»

Pablo Casado compareció ayer sobre una tarima montada a última hora a las puertas de Génova, y tanto su cara como las del resto de dirigentes populares que lo acompañaron reflejaban esa sensación agridulce. Sacó pecho por «un buen resultado» para el PP, pero lamentó «un mal resultado para la gobernabilidad y el futuro de España». El candidato popular se mostró muy crítico con Sánchez, al que llegó a exigirle con cierta tibieza que asumiese responsabilidades tras haber «perdido su referendo». Fue más contundente su secretario general, Teodoro García Egea, que todavía sin los resultados en la mano pidió su «dimisión» si cedía un solo escaño.

Como jarabe contra la fiebre de Vox, Casado presentó a su formación política como «la fuerza moderada, la fuerza tranquila», y la única «alternativa» para la gobernabilidad. Aunque tendrá que ser en un futuro, porque con estas cartas la Moncloa es inalcanzable.

Tal y como apuntaban las encuestas, la gobernabilidad del país parece más complicada que en la pasada y fallida legislatura. Casado siempre ha descartado apoyar a Sánchez, pero ayer sembró alguna duda con un mensaje confuso: «Ejerceremos nuestra responsabilidad, porque España no puede seguir más tiempo en el bloqueo». Tras ser cuestionado en privado qué quería decir con esto, confirmó que no apoyaría a ningún candidato del PSOE 

La duda sobre si el PP investiría a otro candidato del PSOE que no sea Sánchez

Pablo Casado confirmó en el acto de cierre de campaña de este viernes en Las Ventas que «en ningún caso» facilitará la investidura de Pedro Sánchez, descartando la llamada abstención patriótica para evitar un nuevo bloqueo político. ¿Conduce esto a unas terceras elecciones? 

A la expectativa

Rendija abierta. El candidato popular negó su apoyo al actual presidente del Gobierno en funciones, pero no dijo nada sobre la remota posibilidad de apoyar a otro candidato socialista si Sánchez entregase su cabeza. ¿Sería posible? Ayer pareció dejar abierta una pequeña rendija de esta puerta. «Decimos a Pedro Sánchez que ahora tiene la pelota en su tejado, pero sobre todo que España no puede esperar más. Ejerceremos nuestra responsabilidad, porque España no puede seguir más tiempo en el bloqueo», dijo. Casado reiteró su «incompatibilidad» con Sánchez, pero sus presiones para que presentase su dimisión tras haber perdido tres escaños fueron muy tibias. «La pelota está en su tejado. Desde ya, vamos a ser muy exigentes con el PSOE. A ver qué plantea». 

Refuerzo de liderazgo

Miedo al caso francés. Casado refuerza su liderazgo dentro del partido, pero no acaba de apuntalarlo del todo. Ha desactivado la amenaza de Rivera y Cs, pero se dispara el peligro por el flanco derecho con el auge de Vox. Conviene no perder de vista casos como el francés y de otros países europeos, en donde la ultraderecha logró fagocitar al tradicional partido conservador

España pasa del bloqueo a la ingobernabilidad

Fracaso de Sánchez, Casado decepciona, final de etapa para Rivera e Iglesias, éxito histórico de Abascal y difícil pacto PSOE-PP

Gonzalo Bareño

España buscaba en las urnas una solución al bloqueo político, pero acaba encerrada en un laberinto cuya ruta de salida es aún más difícil de encontrar. Después de cuatro elecciones en cuatro años, caso sin precedentes en el mundo, el país pasa del bloqueo a la ingobernabilidad, con el inquietante añadido de que el partido de Abascal es ya la tercera fuerza, el independentismo tiene más escaños que nunca y los radicales antisistema de la CUP entran en el Congreso. Cualquier fórmula para la investidura pasaría por algún tipo de acuerdo PSOE-PP, que no garantizaría la estabilidad si no se traduce en un Ejecutivo de coalición; por un pacto de la izquierda con los independentistas que conduciría a un escenario todavía más convulso, o por un harakiri político de Ciudadanos apoyando la investidura de Pedro Sánchez junto a Unidas Podemos, PNV, Más País, BNG y PRC. 

PSOE

Sánchez fracasa en todo. Pedro Sánchez gana, pero fracasa en todo. No consigue ninguno de sus objetivos. Pudo gobernar con Unidas Podemos y con Ciudadanos, pero justificó la repetición de las elecciones en la necesidad de tener más fuerza y estabilidad y no depender de los independentistas. El resultado es que pierde tres escaños, su distancia con el PP se reduce de 57 a 33 escaños y ya no puede gobernar ni con los morados ni con los naranjas. Solo tiene la opción de presionar al PP para que vote a favor de su investidura, algo prácticamente imposible, o pactar con los independentistas catalanes. Su estrategia de apelar exclusivamente al desbloqueo sin un proyecto concreto de Gobierno y de agitar el fantasma del franquismo ha reforzado a Vox, pero eso es precisamente lo que le ha permitido resistir, aunque ha hundido sus opciones.

PP

Casado no cumple las expectativas. Pablo Casado mejora, pero no cumple las expectativas. Sube 21 escaños sobre el descalabro de abril, pero queda muy lejos del objetivo de los cien. Aplasta a Ciudadanos como rival por el centro, pero la amenaza le llega por la derecha de Vox, que casi le empata en una plaza tan importante como Andalucía. La división del voto conservador sigue impidiendo el retorno del PP a sus cifras históricas. La de Casado es ahora la situación más comprometida. No tiene ninguna oportunidad de gobernar, y además sobre él cae toda la responsabilidad. La presión para que el PP permita la investidura de Sánchez será enorme. Pero para Casado sería letal dejarle gobernar sin más, porque así dejaría en manos de Vox el liderazgo de la oposición por la derecha. La gran coalición parece imposible y tampoco la querrá el PSOE, por lo que solo con un compromiso programático de Sánchez sobre política económica y Cataluña podría abrirse el PP a ese pacto. Pero Casado solo podría justificar ese acuerdo cobrándose la cabeza de Sánchez.

VOX

Punto de inflexión en democracia. Los 52 diputados de Vox no solo suponen un éxito extraordinario de Santiago Abascal, sino también un punto de inflexión histórico en los cuarenta años de democracia. A Vox le ha favorecido la crisis en Cataluña tras la sentencia del procés; los episodios de violencia protagonizados por el secesionismo; la exhumación de Franco; una campaña mucho más eficaz que la anterior, centrada en la unidad de España y el ataque al Estado autonómico, y, sobre todo, el hartazgo ciudadano tras cuatro años de incompetencia política de los grandes partidos. Pese a ello, su papel es irrelevante en cualquier fórmula de Gobierno y todas las fuerzas tratarán de hacerle el vacío en el Congreso. Su función será la de la agitación en el Parlamento, al estilo de lo que hizo Podemos cuando irrumpió por el bloque izquierdo, y la presión al PP con mociones radicales.

Unidas Podemos

Un proyecto que agoniza. Cinco años después de su nacimiento, el proyecto de Podemos empieza a agonizar. Lleva perdiendo votos desde el 2015 en cada proceso electoral y lo vuelve a hacer, incluso sumándole los escaños de Más País. Sus confluencias están deshechas, la fractura del partido es total, y ahora su única opción es tratar de forzar a Sánchez a un Gobierno de coalición con Unidas Podemos apoyado por el independentismo. Algo improbable. El liderazgo de Iglesias se agota también, y es muy posible que renuncie a medio plazo para encumbrar a Irene Montero.

Ciudadanos

El final de la escapada de Rivera. La magnitud del descalabro de Ciudadanos es también histórica y apunta no solo al final de etapa para Albert Rivera, que difícilmente sobrevivirá a la catástrofe, sino también a una desaparición del proyecto del partido naranja. Sus votantes han dejado de confiar en una fuerza que se mueve a golpe de bandazos sin un criterio claro. Rivera tratará de resistir promoviendo un pacto PSOE-PP-Cs, pero nadie lo necesita. Su otra opción, suicida, sería apoyar la investidura de Sánchez con apoyo de UP, PNV, BNG y PRC.

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