Manifiesto contra la abstención


Iba a titular esta crónica con un bienintencionado deseo de «que ustedes lo voten bien», que buena falta nos hace. Es decir, que rompan el maleficio que nos puede condenar a seguir paralizados, sin gobierno efectivo ni capacidad de afrontar los graves desafíos a los que se enfrenta este país. Eso tenía previsto hacer, y me salió una especie de manifiesto personal con una incitación: voten ustedes a quien les dé la gana, pero voten, que nos jugamos mucho, aunque los candidatos de estas elecciones no nos hayan apasionado. Un grano no hace granero, pero ayuda a su compañero, dice la sabiduría popular. Un voto tampoco hace gobierno, pero ayuda a que gane y gobierne el partido que queremos.

Quizá muchos han pensado, como este escribidor, en mandar a todos los candidatos a hacer puñetas, quedarnos plácidamente en casa o castigarlos con un voto en blanco para que se enteren de nuestro cabreo y de la falta de seducción de sus propuestas. Pero, ¿qué ganaríamos con eso? No se sabe a quién ayuda la abstención, pero desde luego no ayuda a la fuerza política que preferimos entre todas. Seguramente ayuda a la contraria y, desde luego, a los partidos de gran capacidad de movilización y fidelidad del votante, que suelen ser los que menos convienen a la gobernación del país.

Ya sé que la campaña que hemos vivido no estimula la participación. No hemos encontrado en ella ningún proyecto de país, cuando el país está tan desnortado. Se fijó una fecha de debate para que el desastre del empleo no estuviese sobre los atriles o los pupitres de los aspirantes. Hubo avisos alarmantes del futuro de las pensiones, pero nadie se animó a ofrecer una solución para salvar el sistema, y en el debate ni siquiera se mencionó el Pacto de Toledo. Hemos seguido viendo mucho egoísmo, exceso de rechazo al adversario, poca generosidad y escasa disposición al pacto, con lo cual sigue vivo el riesgo de terceras elecciones.

Y, sin embargo, esta crónica quiere ser una invitación al voto. Si después del 10N sigue el bloqueo, yo seré el primero en pedir que se vayan a casa todos los que han sido incapaces de formar una mayoría o no han tenido el patriotismo de la renuncia. Pero que nadie pueda decir que ha sido culpa de los votantes y de su apatía o que la abstención provocó unos resultados no deseados o perniciosos para el país. Necesitamos una votación contundente, con un mandato claro de la sociedad, para que los partidos y sus líderes se sientan obligados a obedecer en lo más serio que se juega en estas urnas que, como vengo insistiendo, es la formación de gobierno, sea del signo que sea, pero que sea fruto de una evidente mayoría social. Es lo que tengo que decirles en esta jornada que llamamos de reflexión.

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