¿Quiénes son los demócratas?


Muchos catalanes no saben, a menos de 48 horas para la apertura de los colegios electorales, si podrán cumplir con uno de sus primeros derechos constitucionales: el del voto para elegir a sus representantes. La situación es inédita. Ni siquiera en los años de plomo más duros del País Vasco se vivió algo parecido. Había bombas, muertos y disturbios callejeros, pero la democracia siempre estuvo a salvo de quienes pretendían romper la convivencia conforme a las reglas pactadas por la mayoría.

Cataluña es otra cosa. No toda Cataluña, sino esa parte que Torra y sus muchachos de la termita -el explosivo que se fabricaba en una casa de las afueras de Barcelona para hacer estallar tras la sentencia contra los sediciosos, según la sentencia del 1-O- han convertido en un plató de televisión para intentar demostrar a través de la pantalla regada con fondos públicos que el independentismo es un sentimiento mayoritario e imparable.

Por desgracia para cientos de miles de catalanes, la llamada mayoría silenciosa, sus derechos a la libre circulación o a la libertad de expresión están restringidos. Sus voces apenas se oyen en los medios públicos, siempre para ser atacados, incluso radicalizados, por una jauría de asalariados del procés. Y este domingo sufrirán una nueva humillación cuando, lejos de los focos de las televisiones y los fotógrafos, vean coartada su libertad en cualquier colegio electoral de algún pequeño pueblo catalán donde el ruidoso independentismo intentará imponer el pensamiento único por la vía del miedo.

Los partidos constitucionalistas lo saben bien. Reunir apoderados e interventores que vigilen la limpieza del proceso en cada una de las mesas de este trozo de España se antoja imposible. El despliegue policial -que al menos superará el escuálido dispositivo programado por Marlaska tras la sentencia del 1-O- será insuficiente para cubrir con garantías todo el territorio.

Y ahí, en ese escenario, es donde surgirán los verdaderos demócratas, ese ejército de entusiastas de la libertad que no merecen que su Gobierno les deje tirados. Porque los demócratas son ellos y no los que lanzan los adoquines contra la policía y los viandantes, los que cortan las vías del tren o las autopistas, los que impiden el normal desplazamiento en el transporte público, los que sabotean la red de tendido eléctrico, los que agreden a quienes no comparten sus ideas o los que fabrican explosivos.

Ojalá este domingo esos pequeños héroes de la democracia puedan volver a casa sanos y salvos después de hacer algo que debería ser tan sencillo como depositar una papeleta en una urna.

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