Lo importante empieza el 11N


Arranca una campaña electoral corta, pero apasionante, como casi todas. En seis meses, el escenario de bloques apenas se ha movido, excepto en el imaginario de Tezanos. Derechas e izquierdas empatan a 160 escaños, más o menos, y la llave de la futura gobernabilidad de España recaerá, otra vez, en manos de las fuerzas más interesadas en romper el orden constitucional: los independentistas catalanes (con el refuerzo de los antisistema de la CUP) y Bildu.

En ese escenario de partida, PSOE y PP, los dos partidos sistémicos, empiezan la carrera hacia las urnas con ánimos contrapuestos. A Pedro Sánchez, la demoscopia, excepto el CIS, no para de repetirle que se ha equivocado con la repetición electoral y que no obtendrá la ventaja con la que soñaba cuando humilló a Pablo Iglesias desde la tribuna del Congreso, primero en julio y luego en septiembre. El PSOE se ha estancado en intención de voto y hasta el socorrido Falcón presidencial ha gripado -¿por el uso?- y dejado en tierra al candidato Sánchez.

Al PP le salen un poco mejor las cuentas. Rozará los cien diputados, un repunte considerable con respecto a abril, pero que seguirá siendo el segundo peor resultado de la historia del PP. El problema es que la Moncloa ha reanimado el fantasma de Vox con la exhumación de Franco y el partido de Abascal, como en abril, escala en las encuestas, a la espera de ver como se resuelve el voto útil.

Al fondo, Pablo Iglesias espera su oportunidad. El sillón de vicepresidente está más cerca que nunca si se confirman los sondeos. Todas las plagas bíblicas con las que le amenazó su antes amigo y aliado Sánchez no han servido de mucho. Ni Íñigo Errejón ha sido una amenaza real para las expectativas de Unidas Podemos ni este partido se desplomará en las urnas pese a la absorción de buena parte de su ideario más radical en el nuevo libro de estilo del PSOE de Iván Redondo.

En este día de Todos los Santos, el reparto de la baraja deja las cartas en una situación similar a la del 28 de abril. Quedan diez días para evitar sobresaltos y sacar de la desidia y la abstención a casi la mitad del electorado. ¿Estarán nuestros políticos a la altura de los resultados o seguirá sin gustarles el veredicto de las urnas? ¿Habrá altura de miras suficiente para anteponer el interés general al partidista o seguiremos bloqueados ad infinitum por el capricho de unos sillones? ¿Algún político nos contará cómo vamos a hacer frente a la crisis económica que está llamando a la puerta o, como en el 2008, nos la volverán a negar hasta que reviente con virulencia?

La campaña decidirá un ganador. Pero lo importante llegará el 11N con los pactos.

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