Colau y Carmena: cara y cruz de dos investiduras

En Barcelona la antigua activista fue segunda en las municipales, pero consiguió el apoyo de las bases para aliarse con los socialistas. En Madrid Vox apoya el acuerdo entre PP y Ciudadanos que implica que las tres fuerzas se harán con el bastón de mando


Colau inicia el mandato proponiendo poner un lazo amarillo en el consistorio

Bronca toma de posesión y con un escrache independentista ante el ayuntamiento

Ada Colau es de nuevo la alcaldesa de Barcelona. La líder de BComú ha sido investida gracias a un acuerdo de gobierno con el PSC de Jaume Collboni; y también, gracias al voto de tres de los seis concejales de la candidatura de Manuel Valls. Colau ha recibido el apoyo de 21 de los 41 concejales del pleno, pese a que la lista más votada fue la del republicano Ernest Maragall, quien encajó muy mal la maniobra de Collboni y Valls para evitar que un independentista gobernase la capital catalana.

Colau llamó a sus militantes a tomar la plaza Sant Jaume, pero se vieron superados por los dos millares de separatistas que protagonizaron un escrache y protestaron sin descanso contra su nombramiento. El cargo lo ha prometido Colau entre los gritos de «vergüenza» «traidora» que salían de la calle y silbidos en el salón de plenos.

En su discurso, Valls le aclaró que solo su «responsabilidad» y «sentido de Estado» le había permitido ser reelegida. «Lo más importante era evitar un alcalde independentista, por eso le he votado», le advirtió el constitucionalista. quien también le exigió «estar a la altura de su responsabilidad». El ex primer ministro francés soliviantó a los secesionistas al negar la existencia de «presos políticos y exiliados»

«Estamos aquí para gobernar y construir república», replicó Maragall. «No seremos aliados», avisó a Colau. Esta intentó como siempre mantenerse en la ambigüedad. Agradeció a Valls unos votos «incómodos» y prometió no ser «una alcaldesa independentista ni antiindependentista». Pero después pidió la libertad de los «presos políticos» -Joaquim Forn estaba presente- y anunció que pretende devolver el lazo amarillo a la fachada del ayuntamiento, lo que no gustará al PSC. «!Viva España!», gritó el número uno del PP en Barcelona, Josep Bou.

Cuando cruzó la plaza Sant Jaume para saludar al presidente de la Generalitat, Colau y los constitucionalistas recibieron insultos e incluso les arrojaron objetos. Valls reaccionó negando el saludo a Quim Torra, porque «su discurso hablando de mí como una casta fue un escándalo», argumentó en Twitter. Torra, que había alentado las protestas, evitó condenar el escrache y reclamó a la alcaldesa que defienda el «derecho a la autodeterminación».

Ada Colau: la regidora del pueblo pierde la inocencia 

cristian reino

Hace unos años, en el primer aniversario de la victoria electoral del 2015, el diario británico The Guardian, se preguntó: «¿Es Colau la alcaldesa más radical del mundo?». Y es que las élites barcelonesas y los poderes fácticos de la ciudad se echaron las manos a la cabeza con su llegada. Este sábado tuvo que escuchar gritos de «vendida», «fraude» y manifestantes secesionistas hasta lanzaron monedas a sus simpatizantes. «Os habéis vendido a los represores para retener la alcaldía», vociferaban unos exaltados secesionistas en la plaza de San Jaime.

Con su investidura apoyada en el PSC y en Valls, Colau pierde la inocencia. Entra de golpe en la política pura y dura, la que hace extraños compañeros de cama. No es que Colau reniegue de su ideario, pero el paso del activismo a la política institucional tiene ese baño de realismo. En este segundo mandato es posible que pueda verse su dimensión real, si tiene capacidad de cambiar una Barcelona con cada vez más desigualdad. La incógnita está en saber si Valls acabará cobrándose los tres votos de la investidura. La que le perseguirá para siempre es la de enemigo público número uno del independentismo. ERC tenía la alcaldía en sus manos y ella lo ha evitado. Sus adversarios siempre la han acusado de ambigua. El independentismo ya la ha situado en el bando españolista.

El PP recupera la alcaldía con los votos de Cs y sin desvelar las cesiones a Vox

La extrema derecha no estará en la junta de gobierno, pero ocupará cargos secundarios

Gonzalo Bareño

La negociación con Ciudadanos y con Vox fue dura y se cerró a las cuatro de la madrugada, solo unas horas antes de la sesión de investidura. Pero, finalmente, el popular José Luis Martínez-Almeida consiguió su objetivo de convertirse en alcalde de Madrid y recuperar así la capital para su partido tras cuatro años de gobierno de Manuela Carmena, que se presentó en alianza con Podemos. El acuerdo a tres bandas implica que la candidata de Ciudadanos, Begoña Villacís, será la vicealcaldesa en un gobierno de coalición con los populares, que será apoyado por Vox. Aunque la formación de extrema derecha no estará en la junta de gobierno municipal, sí logrará hacerse con cargos de segundo nivel y controlar una parte de los presupuestos proporcional a su número de votos y de concejales.

Martínez-Almeida, que se negó a aceptar la oferta de Villacís de turnarse dos años cada uno en la alcaldía, obtuvo finalmente 30 votos, 15 de los cuales eran del PP, 11 de Cs y cuatro de Vox, superando así la mayoría absoluta cifrada en 29 escaños. Como ya ocurrió en el Gobierno de Andalucía, las reticencias de Ciudadanos a negociar con Vox hicieron que el PP tuviera que hacerlo a dos bandas. Primero logró el acuerdo con Ciudadanos y después lo sometió al pacto con Vox, que introdujo variaciones con carácter marcadamente simbólico, como la de introducir «un plan municipal de educación contra todo tipo de violencia en el ámbito intrafamiliar», expresión que Vox utiliza frente a la de violencia de género o machista.

«Violencia intrafamiliar»

Durante su primer discurso como alcalde, Martínez-Almeida justificó su acuerdo con Vox y retó a que alguien «encuentre en cualquiera de estos dos programas cualquier cuestión fuera del ordenamiento jurídico del que nos hemos dotado en España». El nuevo regidor aclaró que las funciones que desempeñará Vox en el gobierno municipal no están «cerradas» y se empezarán a aclarar en la próxima reunión de la junta de gobierno municipal que se celebra este lunes. Vox recibirá previsiblemente concejalías delegadas, que dependerán de los ediles de área del PP.

El acuerdo programático entre PP y Ciudadanos incluye ochenta medidas que tratan de revertir casi totalmente la gestión de Carmena, que renunciará el lunes a su acta de concejal, y se propone reconducir Madrid Central, la fórmula para restringir el tráfico en el centro de la capital. El texto de 80 medidas firmado por PP y Vox incluye el compromiso de luchar contra «las mafias de venta ambulante ilegal» y desarrollar un «plan integral de lucha contra la ocupación ilegal».

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