El PPdeG admite su error en Vigo, pero se siente fuerte para resistir en la Xunta

La dirección de los populares cree que los candidatos de Lugo, Ferrol, A Coruña y Pontevedra tendrán «recorrido»


Santiago

A la hora de la comida del domingo, el PP era un partido desahuciado a todos los niveles, según las encuestas a pie de urna que manejaban sus dirigentes en Madrid y en Galicia. A las ocho de la tarde se prepararon para la extremaunción. Y a medianoche, el enfermo abrió los ojos y forzó una sonrisa. Hoy no.

Con los escrutinios al borde del 100 %, los populares ya habían agotado las metáforas para expresar que se habían asomado al borde del desastre, también en las ciudades gallegas, e impusieron en su discurso frases como «salvamos los muebles». Feijoo, que en este tipo de noches suele poner a su equipo de confianza a exprimir los datos con el mayor optimismo posible, fue más allá: «El balón ha dado en el poste y ha salido fuera», dijo por si alguien se resistía a apreciar que el PPdeG había estado más cerca del éxito de lo que parece.

En concreto se refería a los resultados de Ferrol y Lugo, donde es cierto que faltaron pocos votos para conseguir dos ciudades que hubieran cambiado radicalmente el balance del 26M. Asumida la aritmética imposible, la dirección da por bueno el trabajo de José Manuel Rey y Ramón Carballo, que serán la cabeza visible de una oposición autorizada ante gobiernos de equilibrios muy complejos.

Sin salir de la derrota digna hay otro nivel: «Aguantamos el tipo». Ahí entrarían Beatriz Mato, la más votada en A Coruña, algo que solo ha ocurrido una vez en la historia democrática, en el 2011; Rafa Domínguez, que elevó las expectativas en Pontevedra hasta los 9 ediles y si crece como jefe de la oposición será un rival difícil de roer para el hipotético sustituto de Lores; e incluso incluyen en esta categoría a Agustín Hernández, en Santiago, al que solo le computan una derrota. La primera, la del 2015, la paga la casa por el fiasco de Conde Roa. Pero se abrirá una reflexión sosegada sobre la estrategia en la capital, la única ciudad gallega que no ha conseguido gobernar un alcalde popular durante dos años seguidos.

Dos problemas y dos ejemplos

Los problemas urbanos más graves del PPdeG están en el sur, uno muy concreto y otro excesivamente genérico. No gobernar en la ciudad de Ourense no se considera traumático, porque el «regalo» de los socialistas en el 2015 se demostró que estaba envenenado. Lo que preocupa en Santiago es que en esta plaza se evidenció un problema bastante excepcional que es más acusado que en el resto de las ciudades, como es la división del voto de centroderecha. De cómo evolucione la escisión de Ciudadanos dependerán los movimientos orgánicos, que tienen poco remedio por más que los números den: «No se trata de favorecer o no al PSdeG, es que yo no tengo forma de gobernar», admitió Jesús Vázquez en referencia a la relación con Democracia Ourensana. En su caso, las mayores presiones podrían salir del propio partido, donde están convencidos de que fue la debilidad en la capital la que ha puesto en riesgo el poder provincial.

El embolado gordo está en Vigo. La dirección gallega considera técnicamente imposible iniciar el rearme en la ciudad más poblada de Galicia con Elena Muñoz al frente, pero es incluso más complicado todavía si no existe un reconocimiento de un error estratégico al no valorar la dimensión política de Abel Caballero y poner solo el foco en sus extravagancias. Habrá recambio más pronto que tarde para iniciar una renovación de fondo que deberá recomponer ánimos y evitar fugas a otras siglas.

Y cuando se trate de remontar, el PPdeG ya tiene dos ejemplos en sendos municipios de 20.000 y 17.000 vecinos. La resiliencia de un veterano como Xosé Crespo en Lalín se pondrá como ejemplo de tenacidad para futuros candidatos, mientras que Telmo Martín se ha convertido en Sanxenxo en un modelo de catalización de votos en un escenario muy fragmentado.

Ahora, a por las autonómicas

Hay dos frases a tener en cuenta. «Feijoo comezou hoxe unha viaxe sen retorno». Y «o PP empeza a ser parte da historia do pasado de Galicia» Entre una y otra hay cuatro años de diferencia. La primera la pronunció Gómez Besteiro, y la segunda es de este domingo, de Gonzalo Caballero. Al primer augurio fallido -y a encuestas por ahora favorables- se aferran los populares para sacar fuerzas y poder reeditar la mayoría en las autonómicas del 2020, que es la próxima cita electoral salvo adelanto en el País Vasco. Entre una y otra cayó la tercera absoluta de Feijoo.

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