La Diputación de Ourense, en el aire; el PSOE gana en A Coruña y Pontevedra y puede hacerlo también en Lugo

La provincia gobernada por Baltar podría decantarse por un puñado de votos


Santiago / La Voz

Después de recontar votos europeos y municipales, los partidos centraron su atención, muy sobrepasada la medianoche, en el poder provincial. La plaza donde se vivió como más tensión fue Ourense, donde la balanza se puede inclinar por un puñado de sufragios.

En A Coruña, el ascenso de los socialistas en todas las ciudades y comarcas apuntaló una victoria a la que también contribuyó decisivamente la recuperación de los nacionalistas, por lo que podrán reeditar un gobierno provincial que se caracterizó por no tener grandes roces, ya que pudieron avanzar sin problemas en las áreas de gestión que se repartieron, sin intromisiones notables.

A pesar de que demográficamente el peso se lo llevan las urbes, en las diputaciones el reparto final es distinto a la percepción política general, como lo demuestra el hecho de que el gran impacto que generó la victoria de las mareas municipalistas en las urbes solo se tradujo entonces en cuatro diputados, por la falta de representación en las otras comarcas. Ese poder, que apoyó puntualmente las iniciativas provinciales, quedó ayer mermado.

La institución presidida por Valentín González Formoso heredó del PP unas arcas saneadas, lo que le ha permitido trabajar sin sobresaltos y hasta con una alta afinidad personal entre socios, cuya continuidad queda pendiente de las propuestas orgánicas que haga cada formación.

En Pontevedra, la fuerza del PSOE en Vigo y la del BNG en la capital se vio también impulsada por avances en partidos judiciales que apuntalan la continuidad del equipo que lideró la socialista Carmela Silva los últimos cuatro años. El gran derrotado es el PP, que pese a crecer en la capital no fue capaz de erosionar el poder de Caballero en la urbe con más peso demográfico. La posibilidad de controlar una institución estratégica después de cederla en el 2015 por dos escaños se escapó de nuevo. El rostro de la derrota es Alfonso Rueda, número dos del Gobierno gallego y presidente provincial popular, que salió en el 2016 de la secretaría general del partido para hacerse cargo de la provincia. Su objetivo principal era tratar de atenuar las mayorías urbanas de Caballero y Lores, que no se cumplió, y dar el paso adelante intentando tejer adhesiones entre partidos escindidos e independientes, que tampoco ha resultado suficiente para recuperar fuelle. Localidades como Vilagarcía contribuyeron a consolidar las posibilidades socialistas. El PP aguantó el tipo gracias a los resultados de localidades con menos influencia como Lalín, Sanxenxo o Marín.

Lugo es una de las provincias donde el poder de la diputación generó más dudas en los cuarteles del PP y del PSOE, que tuvieron que esperar a última hora para hacer cuentas. El resultado del PP en la capital era decisivo, y ahí Carballo mantuvo el fuerte sin premio, mientras que los socialistas tenían el lastre de un mandato convulso para Darío Campos, por la salida al grupo no adscrito del alcalde de Becerreá, Manuel Martínez. Con números más ajustados, podrán mantenerla.

En Ourense, el granero del PP y una de las pocas provincias que aguantaron el tirón el 28 de abril, la Diputación era un objetivo en sí mismo. El dominio histórico de los Baltar ya se puso en entredicho al inicio de la campaña por la situación de la capital, donde los populares de Jesús Vázquez acabaron cediendo terreno, además de irrumpir la formación de Pachi Vázquez. El partido judicial de Ourense es, con gran diferencia, el más influyente de la provincia, porque reúne a 37 concellos y entre ellos están algunos de los más poblados y el resto de los municipios metropolitanos. En total, 15 de los 25 diputados del ente provincial salen del entorno capitalino, que partía con un empate entre el PP y el resto de los grupos.

Cuatro años por delante para gestionar 2.000 millones de euros

Las ciudades gallegas se han caracterizado por sus propias dinámicas políticas, pero los resultados también son determinantes en el reparto de poder provincial, establecido por partidos judiciales en función de la población. Las cuatro diputaciones gestionan 500 millones de euros anuales, que equivalen a los presupuestos locales de las dos ciudades más pobladas de Galicia. En la provincia de A Coruña, los socialistas y nacionalistas están en condiciones de reeditar su experiencia sin fisuras de los últimos cuatro años, en los que se han repartido las áreas de gestión para invertir cerca de 184 millones de euros.

En Pontevedra, que este año aprobó unas cuentas de 161,3 millones, las posiciones del bipartito se refuerzan con los resultados de las dos principales ciudades, y mejoran por el comportamiento de las comarcas del interior. En Lugo, donde se gestionan más de 88 millones de euros, el reparto de los 25 diputados provinciales se inclinó a favor de un gobierno de socialistas y nacionalistas, mientras que en Ourense el PP posiblemente volverá a disponer de 83 millones de euros determinantes para la provincia.

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