Kichi, el alcalde gaditano al que le va mejor sin Iglesias

Ha marcado un perfil propio, exprimiendo el Carnaval y la Semana Santa, y optando por respaldar a la Virgen del Rosario para darle la Medalla de Oro de Cádiz. La ciudad antes que la ideología


Santiago

José María González (Róterdam, 1975), más conocido como Kichi, se presenta a la reelección de la alcaldía de Cádiz y las encuestas lo colocan al borde de la mayoría absoluta. Es uno de los líderes más mediáticos de la rama anticapitalista de Podemos y a las elecciones municipales del 2015 se presentó bajo la marca de las confluencias Por Cádiz Sí Se Puede. Alcanzó el poder contra todo pronóstico y desbancó del sillón de mando a la popular Teófila Martínez, regidora desde hacía veinte años.

Ahora se presenta bajo la marca Adelante Cádiz, toda una declaración de intenciones porque sigue la línea señalada por su pareja, Teresa Rodríguez, líder de Adelante Andalucía, la agrupación autonómica de Podemos que más crítica fue con la dirección estatal de Pablo Iglesias.

Kichi forjó su personalidad en la localidad gaditana en la que vive desde los 4 años, desde que sus padres regresaron de Holanda, país al que emigraron tras una crisis del sector naval que dejó a su progenitor, soldador de profesión, sin trabajo. Por eso dice que lleva «el olor a hierro de los astilleros marcado en el ADN», lo mismo que el carnaval gaditano o la Semana Santa, en cuyas procesiones solía acompañar a su madre. Fue en la parroquia de La Pastora donde inició su compromiso social como voluntario con adolescentes en riesgo de exclusión. Y desde su partido apoyó conceder la Medalla de Oro de la Ciudad a la Virgen del Rosario. Las diferencias con otros regidores del cambio es evidente: ha antepuesto la ciudad a su ideología. 

Es forofo del Cádiz y vive en un bajo alquilado de 40 metros cuadrados al que se trasladó con Teresa Rodríguez poco después de separarse de su primera mujer. Cobra 1.880 euros al mes, el sueldo que tenía como profesor.

Nada de eso cambió en sus cuatro años como alcalde. Por eso, cuando Pablo Iglesias e Irene Montero se compraron el chalé de 600.000 euros en Galapagar, José María González no dudó en criticarlos en una carta: «No quiero dejar de vivir y criar a mis hijos en mi piso de currante», dijo. Y recalcó que el ideario de Podemos iba más allá de donar parte del sueldo: «No parecernos a la casta, no ser como ellos» era la clave. Por eso mismo aseguró que Iglesias y Montero «no nos representan».

También se desmarcó de la línea oficial de Podemos cuando el Ejecutivo de Sánchez amagó con paralizar la venta de armas a Arabia Saudí y puso en riesgo el contrato de Navantia con ese país para construir cinco corbetas. Kichi salió en defensa del trabajo de los astilleros de Cádiz: «Si no hacemos nosotros los barcos, los harán otros», advirtió, y pidió que no lo obligasen a elegir «entre defender el pan o la paz».

Pablo Iglesias pensaba incluir Cádiz en su periplo electoral, pero Kichi le dio la espalda. En Cádiz, la marca Podemos ya no vende.

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