La legislatura arranca de forma anómala con cuatro presos sentados en el escaño

La mayoría para la investidura, pendiente de la suspensión de los líderes del «procés»


MAdrid / La Voz

Los cuatro líderes independentistas presos elegidos diputados que están siendo juzgados por rebelión en el Tribunal Supremo se convirtieron en los protagonistas de la sesión de constitución del Congreso. El líder de ERC, Oriol Junqueras, y los miembros de Junts per Catalunya Jordi Turull, Josep Rull y Jordi Sànchez, además del senador Raül Romeva, fueron trasladados desde la prisión de Soto del Real para sentarse por primera vez en sus escaños, acatar la Constitución -no sin polémica por las diferentes fórmulas empleadas- y participar en la votación de la nueva Mesa del Congreso. Pero esa primera presencia en las Cámaras y esa primera votación se convertirán casi con seguridad en las últimas, dado que una de las decisiones urgentes que debe tomar la nueva Mesa es resolver si los suspende de sus funciones.

Aunque el reglamento deja poco espacio a la interpretación al asegurar que un diputado será suspendido cuando «se hallare en situación de prisión preventiva y mientras dure esta», la Mesa no abordará la decisión hasta después de que la nueva presidenta del Congreso, la socialista Meritxell Batet, informe hoy al rey Felipe VI de la constitución de la Cámara, y probablemente, aunque Batet no lo aclaró, hasta que los letrados del Congreso emitan un informe. La Mesa del Senado sí se reunió ayer, pero no abordó la cuestión. Al margen de los reglamentos de las Cámaras, la Fiscalía del Tribunal Supremo elevó un escrito pidiendo que se comunique a la Mesa del Congreso y Senado que debe proceder a la suspensión inmediata de los cinco parlamentarios en aplicación «del artículo 384 bis de la Ley de Enjuiciamiento Criminal», que establece la inhabilitación de cualquier parlamentario procesado por rebelión mientras dure la situación de prisión provisional.

Calvo da por hecha la suspensión

La nueva Mesa del Congreso está dominada por el PSOE, que cuenta con tres de los nueve puestos, mientras que el PP, Ciudadanos y Unidas Podemos tienen dos cada uno. En principio, el partido de Pablo Iglesias no es partidario de la suspensión, por lo que, para sacarla adelante, el PSOE debería apoyarse en Cs y el PP, que consideran que la inhabilitación debe ser inmediata. Se daría así la paradoja de que la primera medida de la legislatura se tomaría en el Congreso gracias a un acuerdo del PSOE con populares y naranjas. «No pueden ejercer su cargo. En ese sentido hay un artículo en el reglamento del Congreso que lo dice con claridad. Lo dirá con toda claridad el Supremo», señaló la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo.

De que los cuatro diputados sean o no suspendidos puede depender que la mayoría del Congreso, fijada en este momento en 176 de los 350 diputados, pase a ser de 174. Pero ni siquiera la suspensión aclarará de momento si esa mayoría se modifica o no. De ser privados de sus derechos, tendrán que decidir si renuncian o no al escaño para que lo ocupe un compañero de partido. Solo si mantienen su acta la mayoría se verá afectada. Y, dado que la sesión de investidura no se prevé hasta la primera semana de julio, la incógnita puede tardar en despejarse bastante tiempo. 

La decisión podría facilitar la proclamación de Sánchez sin depender de ERC

¿Qué consecuencias tendría el cambio de la mayoría del Congreso a 174 escaños? Más allá de que haya o no Gobierno de coalición, la suma de PSOE y Unidas Podemos alcanza los 165 escaños, que sumando a Compromís serían 166. Un acuerdo con el PNV, que no lo pondrá fácil pero está dispuesto a ello con sus seis escaños, elevaría la cifra hasta los 172, a solo dos de la mayoría necesaria. Estos podrían proceder de Coalición Canaria, que tiene dos diputados, aunque este partido se muestra remiso a apoyar a un Gobierno en el que figure Podemos, y del Partido Regionalista de Cantabria, de Miguel Ángel Revilla, sumando así 175, uno más de los necesarios. Esa mayoría es la que ayer unió sus votos para que Batet fuera elegida presidenta del Congreso.

Esa fórmula permitiría a Sánchez ser investido sin depender para nada ni de los independentistas catalanes ni de los secesionistas vascos de EH Bildu. Mucho más complicado sería, sin embargo, para Sánchez ser investido si los diputados independentistas renuncian a su acta una vez que sean suspendidos. En ese caso, la mayoría volvería a estar en 176 escaños. Y en esa situación, sería imprescindible que al menos un diputado de ERC o de EH Bildu se abstuviera para garantizar su elección como presidente del Gobierno. Algo que, al margen de lo difícil de esa negociación, haría más frágil la estabilidad del futuro Ejecutivo.

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