¿Se puede permitir Galicia tener 313 municipios?

Pablo González
Pablo González REDACCIÓN / LAVOZ

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Vecinos opuestos a la fusión de Cerdedo y Cotobade, durante un pleno en el 2016
Vecinos opuestos a la fusión de Cerdedo y Cotobade, durante un pleno en el 2016 RAMON LEIRO

El plan de fusiones se quedó solo en dos experiencias, pero la viabilidad de la planta municipal sigue estando en cuestión

18 may 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Coinciden muchos antropólogos en que la parroquia es en realidad el verdadero marco identitario local de los gallegos, especialmente en la esfera rural. Tanto, que los alcaldes que gobiernan ahora los dos únicos municipios surgidos de las fusiones impulsadas por la Xunta (Oza-Cesuras y Cerdedo-Cotobade) creen que la experiencia no ha sido nada traumática, precisamente porque el apego primigenio es con la entidad parroquial y no tanto con los concellos, aunque la fenomenología en este ámbito es variada.

Esta realidad, por tanto, debería favorecer las fusiones, especialmente en los municipios menos poblados, en serio peligro alguno de ellos de tener una población casi anecdótica. El riesgo de despoblación podría conjurarse con la unión y las sinergias, en una comunidad donde hay ya 23 concellos con menos de mil habitantes. En la provincia de Ourense, en torno al 26 % de sus municipios está en esa franja demográfica dramática. Pero si no ha habido más fusiones se debe más a la resistencia de los poderes políticos locales que a la de los propios habitantes. Y, por supuesto, también se explica en que el final de la crisis económica cerró en falso el debate sobre la sostenibilidad de la planta municipal gallega y española.

Tanto Oza-Cesuras como Cerdedo-Cotobade salieron airosos de sus fusiones tras alguna oposición inicial, y buena parte de ese éxito se debió al dopaje presupuestario con el que la Xunta primó estos procesos de unión. Alfredo García, presidente de la Fegamp, suele recordar que el minifundismo local es mayor en otras comunidades: solo en Burgos hay más de 400 municipios y en provincias como Salamanca, Teruel o Zamora, los ayuntamientos con menos de mil habitantes suponen el 90 % del total. Estos datos, efectivamente, sirven para relativizar el problema de Galicia, pero no despejan el horizonte a medio plazo.