Batalla soterrada por las diputaciones provinciales en Galicia

El PPdeG ve factible recuperar Pontevedra y Lugo frente a un PSdeG muy confiado de su «hat-trick»


El político que dio el último gran aldabonazo para suprimir las diputaciones se llamaba Alfredo Pérez Rubalcaba. Fue en plena crisis, en las generales del 2011. Dijo que eran «antiguallas» del siglo XIX, administración «que sobra» y cuya desaparición permitiría redirigir hacia la sanidad, por ejemplo, más de 1.000 millones de euros. A Rubalcaba le enmendaron la plana desde el PSOE andaluz y el PP de Rajoy nunca quiso hablar en serio de este asunto, quizás porque las diputaciones son piezas esenciales para mercadear con voluntades y extender la influencia de los partidos sobre el territorio. Eso es lo que explica que, junto a la pelea por las alcaldías, los grandes partidos libren también una batalla soterrada por el control de estos órganos de elección indirecta.

El PP conoce mejor que nadie la importancia estratégica de las diputaciones, pues si Feijoo logró rearmar el partido tras la caída de Fraga fue en gran medida merced al puente logístico tendido por Louzán desde Pontevedra. Y lo mismo ocurre con el PSdeG, que no puede explicar las fases de expansión en el rural de Lugo o las ciudades de A Coruña sin el liderazgo de las diputaciones.

Y pese a que el viento de las generales parece soplar en favor de los socialistas para repetir el hat-trick del 2015, es decir, ganar tres diputaciones (A Coruña, Lugo y Pontevedra), reservándole al PP el baltarato de Ourense, los populares no se resignan y ven opciones de izar su bandera en tres de las cuatro organismos. Lo expresó hace tres días el presidente del partido en Pontevedra, Alfonso Rueda, al manifestar que desbancar a Carmela Silva era un «obxectivo factible».

Factible sí, pero requeriría de un milagro. La distorsión que introduce en esta batalla el resultado de Vigo, donde el PP está hundido, unido al de Pontevedra capital, donde la gaviota vuela más bajo que nunca, solo le dan al PP una posibilidad más bien remota, que pasaría por un pinchazo electoral de los socios del PSOE, especialmente las mareas, y por la irrupción de Ciudadanos con un par de diputados que estuvieran en condiciones de negociar con el PP.

En A Coruña, el PSOE recuperó la diputación en el 2015 pese a quedar relegado a la tercera posición política en A Coruña, Santiago o Ferrol. Las cosas pintan ahora mejor para los del puño y la rosa. Y el hecho de que Diego Calvo, barón provincial del PP, no concurra en ninguna lista local para apuntar hacia la Diputación denota poca confianza en su reconquista.

Más opciones tiene el PP en Ourense, donde pocos discuten en serio las opciones de Baltar para repetir. E incluso en Lugo, donde el PSdeG puede pagar el peaje de la tensiones vividas con Manuel Martínez, el alcalde de Becerreá. Los populares lo fían todo a una subida en la capital y a darle la vuelta al resultado en la montaña, aunque el único diputado que se elige el partido judicial de A Fonsagrada lleva doce años teñido de rojo.

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