El candidato se exhibe, el partido se esconde

Los carteles del PSOE lucen el logo de un partido en alza, mientras los aspirantes del PP y de algunas mareas procuran disimular la marca. El extremo contrario: Vox, sin rostros


santiago / la voz

En los difíciles años de Rajoy en la presidencia del Gobierno, un Alberto Núñez Feijoo en alza prescindió de las siglas de su partido en las campañas autonómicas. El cartel electoral del 2012 era personalista: Galicia primeiro. Feijoo, rezaba. En las del 2016 fue más allá y ni siquiera lucía las siglas del PP: Feijoo en Galicia, si. Es una constante que los candidatos echen mano de la marca cuando suma y la oculten cuando resta. En las municipales que se avecinan, también, por eso el rojo socialista destaca en los carteles que estos días empapelan las calles mientras que el azul popular deja de brillar con la intensidad con la que lo hizo en otras épocas.

Hay casos realmente curiosos, como el del candidato del PP de Arteixo. Carlos Calvelo, dos veces regidor popular con mayoría absoluta, siempre fue un verso suelto y no dudó en criticar a ministros y a conselleiros de su partido ni en enfrentarse a las poderosas compañías eléctricas. Por eso, sabedor de que él es su propia marca y que la del partido cotiza a la baja, disimula las siglas en los carteles electorales. Con su nombre y el de Arteixo en verde, hay que bajar mucho la vista para encontrar, en miniatura, las siglas del PP.

No es el único que confía en sus propios méritos. Abel Caballero, que es posible que supere el umbral del 51,8 % de los votos cosechados en el 2015, luce su sonrisa en un cartel que, también en una esquina, disimula las siglas del Partido Socialista. Y eso que esta vez el alcalde de Vigo podía echar mano de un valor en alza. Su gran apuesta son precisamente las cuatro letras de su ciudad.

Como las tradicionales siglas del PSOE se llevan en esta campaña, el rojo domina en buena parte de las candidaturas locales del PSdeG. En la de Inés Rey, por ejemplo, ocupa dos tercios del cartel que retrata a la aspirante a la alcaldía de A Coruña, e incluso en Santiago, donde Xosé Sánchez Bugallo basa su campaña en esos años en los que él ostentaba la alcaldía compostelana, ahora se deja seducir por la marca de su partido. Es el color de la temporada, y por eso las vallas de Pontevedra con el nombre de Tino Fernández dejan bien claro que se trata del candidato socialista.

Con el PP pasa lo contrario. Aunque hay excepciones como la de Agustín Hernández en Santiago, que necesita dejar claro a qué partido sirvió siempre con fidelidad, otros creen que les sale más rentable evitar las siglas. El exconselleiro y candidato en Ferrol, José Manuel Rey Varela, publicó un vídeo bajo el título El futuro nace hoy en el que el protagonismo es para los vecinos de la ciudad, y en sus dos minutos de duración, no aparece en ningún momento el partido.

A los alcaldes de las mareas tampoco les conviene recordar que ellos mismos fueron socios fundadores de En Marea. Martiño Noriega apuesta por sí mismo y se presenta como el candidato que puede ofrecer máis futuro para Santiago. Mientras que la Marea Atlántica lo fía todo a la figura de Xulio Ferreiro, Jorge Suárez retorna a sus orígenes en EU y se acompaña de los colores azul cielo, morado y sepia de En Común Unidas Podemos. El BNG, en cambio, lo mismo vende marca que candidato.

Vox, el nombre sin rostro

Pero el caso más llamativo es el de Vox. Teniendo en cuenta que la mayoría de sus candidatos no tienen pasado político, que muchos no son conocidos y que algunos ni siquiera echaron raíces en el municipio por el que se presentan, y sabiendo que quien le vote lo hará por su marca y por lo que significa, han optado directamente por prescindir de la imagen de sus alcaldables, luciendo en sus carteles, en letras bien grandes con los colores de la bandera de España, las siglas de la formación de extrema derecha, que destaca en las vallas electorales junto a los rostros de los rivales de otros partidos.

Es el márketing político. En Brasil hay un partido sin candidato que suele ser llave para gobernar, y hay partidos que llevan o llevaron el nombre de su candidato, como GIL. Lo que sea para que la marca, el nombre o las dos cosas acaben en la urna.

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