El independentismo crece en Cataluña, pero se queda lejos de alcanzar la mayoría absoluta

La polarización política de la sociedad se extrema al aumentar el peso electoral de los dos bloques

El president de la Generalitat, Quim Torra, en el momento de depositar su voto en un colegio de Barcelona
El president de la Generalitat, Quim Torra, en el momento de depositar su voto en un colegio de Barcelona

Redacción / La Voz

La división de la sociedad catalana es una realidad. Desde que Mas decidió subirse a la ola separatista cuando el agua le llegaba al cuello acuciado por la crisis de los recortes, la tensión ha polarizado la vida en esta comunidad autónoma. A partir de entonces, el autodenominado sol poble se presenta como la gran mayoría social que legitima la implantación a la fuerza de la visión del mundo independentista, como si esa masa incluyese a todos los catalanes. Cada cita con las urnas se erige así en un termómetro de cómo avanza el soberanismo. ¿Qué ocurrió el domingo 28A? Pues que se repiten las verdades estadísticas con tozudez y el separatismo se queda lejos de la mayoría absoluta una vez más. ERC, JxCat y Front Republicà acaparan el 39,38 % del voto, mientras que las fuerzas políticas no independentistas suman el 43,21 %.

Eso no quiere decir que sus posiciones no hayan avanzado. Aupados por las consignas de la consulta ilegal del 1-O y el juicio a los líderes de la declaración unilateral de independencia que se sigue en el Supremo -y que capitalizaron en campaña sus mensajes electorales, como el supuesto exilio belga de Puigdemont-, los soberanistas han visto incrementado su apoyo en las urnas, desde aquel 32,08% que sumaban Esquerra/Catalunya Sí (18,18%) y Convergència Democràtica de Catalunya (13,90%). Pero también debe recordarse que en las últimas elecciones al Parlament el frente independentista se hizo con el 47,9 % de los votos.

PSC, Ciudadanos, PP y Vox concentraron el 43,21 % de los votos el 28A, y su espacio también crece desde el 40,41 % alcanzado en las generales del 2016.

En resumen, en medio de los discursos irreconciliables, la polarización también se acrecienta.

En el País Vasco, las dinámicas son similares, aunque el PNV discrepa de la vía catalana. El hundimiento del PP, que cedió los dos diputados que tenía, y la pérdida del liderazgo de Podemos (pasó de seis escaños a cuatro), que había ganado en la cita del 2016, distribuyó ese voto entre PNV, PSOE y Bildu. Los jeltzales ganaron los comicios con sus seis actas, los socialistas subieron de tres a cuatro y los abertzales duplicaron sus dos parlamentarios.

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