El empleo y la impúdica manipulación política


La Encuesta de Población Activa ha «caído» en el momento políticamente más oportuno: justo a punto de cerrarse la campaña electoral; justo a los dos días de que Sánchez y Casado se hubieran enzarzado en una discusión televisada sobre los puestos de trabajo creados o destruidos durante este mandato socialista. Con ese motivo ya hemos escrito que ambos líderes no se ponen de acuerdo ni en las estadísticas y ayer lo han vuelto a confirmar. Pedro Sánchez hizo hablar a Nadia Calviño para comunicarnos su satisfacción por la evolución del mercado laboral, «francamente positiva». Pablo Casado, además de poner el acento en los puestos de trabajo destruidos durante el primer trimestre, sacó pecho para asegurar que solamente se había creado empleo durante el mandato del PP, es decir, antes de la moción de censura. Por eso tienen que volver a gobernar. Y no podía faltar Pablo Iglesias en el concierto: después de atribuirse el éxito del nuevo salario mínimo, celebra que no se haya cumplido el catastrofista pronóstico de crecimiento espectacular del paro. Espero ansioso los periódicos de hoy: será un espectáculo ver cómo y con quién se alinean en vísperas de la jornada electoral.

He aquí cómo los políticos y parte de la prensa española se han especializado en jugar interesadamente con los datos en beneficio propio. Eso se ha llamado siempre manipulación. Lo que se aproxima a la objetividad es señalar que España creó 596.900 puestos de trabajo en el último año, con un incremento de algo más del 3 por 100 que ya quisiera el resto de la Unión Europea; que hay más de 12 millones de contratos indefinidos, cifra nunca alcanzada, y que todavía quedan 4,2 millones de contratos temporales. La EPA del primer trimestre es mala, porque hay 49.000 personas más en el paro y se destruyó empleo, pero este trimestre nunca ha sido bueno por el final de las contrataciones de Navidad y este año porque la Semana Santa ha caído en abril. El problema del empleo en España es, naturalmente, su creación; pero agravado por su carácter estacional, dependiendo siempre de los hitos del turismo y del comercio. Esa es la debilidad española.

Por eso protesté en estas páginas de que el modelo productivo no haya sido ni citado en los debates. Hoy añado a esa queja la actitud de los partidos, que no dudo en calificar de indecente por su descarada manipulación. Con unos líderes que funcionan con criterios tan partidistas, que utilizan los datos con impudicia, en beneficio propio y en perjuicio del adversario, nunca llegarán a un diagnóstico objetivo de los problemas. Y sin un diagnóstico riguroso, tampoco habrá nunca soluciones acertadas. Lamento tener que decirlo en la víspera de la jornada de reflexión.

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