Dos debates marcarán el rumbo del 28A

Sánchez se vio obligado a aceptar las dos citas tras evidenciarse sus presiones sobre TVE. Ahora, los líderes de los cuatro principales partidos afinan sus estrategias

Albert Rivera, con los organizadores del debate a cuatro en las pasadas generales
Albert Rivera, con los organizadores del debate a cuatro en las pasadas generales

Como el niño que no quiere una taza de caldo y acaba obligado a tomarse dos, Pedro Sánchez participará el lunes en el debate de TVE y al día siguiente repetirá en los platós de Atresmedia a pesar de que sostuvo con firmeza que solo estaría presente en el primero. La rectificación del presidente llega tras el aluvión de críticas que tuvo que soportar por parte del resto de candidatos a La Moncloa, de la corporación Atresmedia, e incluso de los trabajadores de la televisión pública, que acusaron al unísono al jefe del Ejecutivo de manejar como un títere a la presidenta de RTVE, Rosa María Mateo, que en los últimos días modificó unilateralmente la fecha del debate hasta en dos ocasiones con el único objetivo de hacerla coincidir con los intereses electorales del PSOE.

Mateo fue nombrada por Pedro Sánchez al poco de que prosperase su moción de censura, una decisión que el jefe del Ejecutivo justificó entonces como un intento de devolver la independencia a la televisión pagada por todos los españoles. Nueve meses después, la oposición considera que no solo no lo ha conseguido, sino que hasta lo ha empeorado, y exigen la dimisión de la máxima responsable del ente público por el desprestigio que está originando a la casa.

Dos formatos muy distintos

El caso es que finalmente habrá dos debates. Sánchez, Casado, Iglesias y Rivera abrirán fuego el lunes a las 22 horas en TVE en una batalla dialéctica que durará una hora y 40 minutos y que estará moderada por el gallego Xabier Fortes, uno de los muchos periodistas que mostró en público su bochorno por el manoseo al que había sido sometido la televisión por parte del Gobierno.

La contienda arrancará con una breve presentación de cada uno de los candidatos. El sorteo celebrado ayer designó que el orden fuese el siguiente: Rivera, Iglesias, Sánchez y Casado. A continuación llegará la parte central del debate, que estará dividida en cuatro grandes bloques: uno de política económica, fiscal y empleo, que cerrará Rivera, otro de política social, estado del bienestar, pensiones e igualdad, en el que Iglesias tendrá la última palabra; un tercero sobre política territorial que se prevé movidito, en el que Casado pondrá la guinda; y finalmente el bloque sobre regeneración democrática y pactos, en el que la última intervención correrá a cargo de Pedro Sánchez. Para cerrar el debate cada candidato disfrutará del popular minuto de oro, 60 segundos que cada uno tratará de exprimir al máximo para convencer a los telespectadores de que voten por sus proyectos políticos. Abrirá Casado, le seguirán Iglesias y Rivera y cerrará Sánchez.

Al día siguiente los cuatro volverán a verse las caras en los platós de Atresmedia bajo un formato que promete una mayor agilidad, ya que los periodistas Arturo Vallés y Ana Pastor tendrán la facultad de intervenir en cualquier momento para preguntar y, si fuese necesario, repreguntar durante dos horas repartidas en tres bloques temáticos. El primero será una suerte de cajón de sastre en el que cada político expondrá las virtudes de su programa electoral y atacará los defectos del contrario; el segundo estará centrado en el modelo territorial del país; los pactos poselectorales servirán de cierre.

Los cuatro líderes han adelgazado su agenda de campaña hasta lo indispensable para preparar a conciencia los debates.

Pedro Sánchez (PSOE)

Que no pase nada. Sánchez llega como el gran favorito en todas las encuestas, de ahí su estrategia conservadora a lo largo de toda la campaña, basada en no cometer errores y esperar a que el resto se estrellen. Y de ahí su afán por participar en una sola cita, primero con la presencia de Vox, para agitar el fantasma de las «tres derechas», y después en TVE, por tratarse de un formato menos propicio para las emboscadas. Este exceso de tacticismo y su complicidad con los independentistas serán dos de sus flancos más sufridos.

Pablo Casado (PP)

A remontar. El jefe de la oposición tiene grandes esperanzas en que los debates sirvan como punto de inflexión para relanzar su campaña. Presionará a Sánchez con la peligrosidad de sus socios favoritos («Bilduetarras, independentistas y podemitas», como le gusta llamarlos), y advertirá sobre el peligro de la crisis económicas si no hay cambio de signo en Moncloa. Sánchez será su piñata preferida, pero no puede perder de vista a Rivera. Sufrirá cuando le ataquen por su pacto con Vox en Andalucía y cuando le acusen de querer empeorar las condiciones de los trabajadores.

Albet Rivera (C’s)

Dos frentes. Rivera también tendrá que atender a dos frentes al pretender el voto más moderado de los socialistas y de los populares, aunque corre el peligro de acabar en medio de un fuego cruzado sin capacidad de meter baza. Cómodo con el tema del desafío secesionista.

Pablo Iglesias (Podemos)

Corrupción. Iglesias es el que mejor se desenvuelve en la televisión de los cuatro, pero tanto él como su formación nunca estuvieron en un momento tan bajo. Se mueve como pez en el agua hablando sobre la corrupción, pero su discurso contra la casta ya no le sirve desde su mudanza a Galapagar.

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