A falta del gran debate por venir, aunque lo de gran sea poner el carro delante de los bueyes, quedan los ecos del debatiño a seis en TVE. Si algunos echaron de menos a Vox, ahí estaba Cayetana Álvarez de Toledo para quitarles las penas. Unas veces parecía el incotinente padre de Mariluz Cortés, otras Bilardo y su mítico «pisalo, pisalo». Abonó la polémica. Sí, sí, sí. Buf. Estos días, el PP es ver un charco y tirarse en plancha dentro. Arrimadas, aunque es más sólida que su jefe, no se apea de la consigna: no sin Casado, no con Sánchez. Luego, si se tercia, iremos viendo. Vestía de rosa UPyD. Quién sabe si fue una premonición: hay partidos con ambición de Gobierno que acaban como azucarillos en café hirviendo. A la Montero del PSOE no se le pasó el ceño fruncido en toda la velada. No supo contestar, más bien no quiso contestar, a la pregunta de si Sánchez indultará a los secesionistas. Dura lex, sed lex, a veces. La otra Montero tiró, de cajón, por las cloacas. De Rufián se puede decir que hizo honor a su apellido. Para él, Alsasua es solo un bar. El del PNV parecía el tío rico que toda familia tiene o cree que tiene, como si con él no fuesen las miserias de los pobres mortales. Se las pasa por el foro vasco. Se habló tanto de Euskadi y de Cataluña que parecía que España empezaba y acababa en estas dos autonomías. De Galicia solo se acordó el apuntador. A ver, era el único gallego en el plató. Salió de su papel de moderador para colar o noso AVE, lo cual debería servir para que candidatos y electores se lo hiciesen mirar antes de que el tren pase de largo.

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El debatiño