Cataluña marcará la política, aunque no la nombres

El PSOE elude referirse a ese territorio en sus propuestas, frente a la profusión con la que lo hace el PP


«El mayor obstáculo para la acción del Gobierno será la política tortuosa de los hombres de la Generalidad». Esto escribía el estadista Manuel Azaña en mayo de 1936. Sirva este recuerdo de sus Diarios para contextualizar y al tiempo relativizar los desvelos del país con Cataluña: las ansias independentistas y la deslealtad del Gobierno catalán -al que generosamente ya se le había otorgado un poder autónomo en la Segunda República- han marcado a los Gobiernos españoles en distintos momentos de la historia. También al actual Ejecutivo de Pedro Sánchez, aunque su programa no lo refleje. El que para muchos españoles es el principal problema de España, el desafío catalán, no emerge de forma explícita en las 110 propuestas para la España que quieres.

No aparece la palabra Cataluña, que en el programa del PP, por ejemplo, se repite hasta siete veces. Frente a la propuesta de una reforma federal que los socialistas alumbraron a rebufo de la rebelión independentista, en su programa tampoco aparece la palabra federal. Se habla de un «fortalecimiento» del Estado de las Autonomías, pero si se quiere profundizar en su plan de reforma constitucional hay que volver la vista atrás: a su programa del 2016.

Sería muy largo teorizar sobre esta estratégica ocultación. Es fácil caer en la tentación de recurrir a la técnica de la avestruz. A buen seguro hay mucho más: mientras unos se agrupan en torno al monotema (PP, Ciudadanos y Vox), el PSOE se centra en gobernar y lanzar propuestas en positivo. Unos crispados y otros relajados. Los socialistas aprovechan incluso el anatema del apoyo independentista a su investidura para pedir el voto y así evitar depender de ellos.

El PP, el único partido que estaría en condiciones de volver a gestionar un problema con el que ya cometió algunos errores, no esconde su predilección. Nombra a Cataluña siete veces. La primera para decir que están dispuestos a fortalecer la unidad nacional frente a los independentistas; la segunda para alertar de que es necesario recuperar «la legalidad, la convivencia y la prosperidad» en esa comunidad autónoma; la tercera para anunciar una nueva aplicación del artículo 155, especialmente centrado «en educación, régimen penitenciario, medios públicos de comunicación y hacienda pública»; la cuarta para fortalecer el sistema judicial catalán; la quinta para velar por los jueces y fiscales en suelo catalán; la sexta para hacer lo mismo con los empleados públicos; y la séptima para recuperar la transferencia de prisiones cedida a la Generalitat.

Su catecismo genérico en materia territorial se basa en la igualdad de los derechos por encima de los territorios y aspiran a una reforma de la financiación autonómica bajo los principios «de igualdad, equidad, transparencia y corresponsabilidad fiscal». Reforzarán la presencia del Estado en las autonomías y aceptarán recuperar competencias para el Estado si las comunidades lo piden. «Más España no es menos descentralización, sino una descentralización mejor», dicen. Este equilibrio entre un Estado fuerte y el respeto por el régimen autonómico no preocupa tanto a Vox. Los de Abascal suspenderían la autonomía catalana «hasta la derrota sin paliativos del golpismo». Ilegalizarían los partidos que amenacen la unidad territorial y suprimirían las policías autonómicas. Abogan por la devolución de las competencias al Estado, que pasaría de autonómico a «unitario de derecho».

Más coordinación

Ciudadanos se situaría en un ámbito intermedio: respeta el Estado de las autonomías, pero mejorando «los mecanismos de coordinación de los poderes públicos». Y defienden la diversidad cultural del país siempre y cuando esas diferencias -particularmente las lenguas- no se conviertan en un arma arrojadiza.

Al otro lado están los partidos que, o bien por sus lazos con movimientos identitarios, o bien porque directamente son nacionalistas, buscan una solución en forma de referendo pactado en distintos grados. Así, Unidas Podemos habla de un «proceso de reconciliación» en Cataluña que desemboque en una votación en la que defenderían un nuevo encaje de este territorio en España. Como es obvio, el BNG defiende el derecho de autodeterminación y En Marea la «regulación do dereito a decidir no marco do recoñecemento da autodeterminación».

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