De los dóberman del PSOE a las manos de sangre de Casado

Los socialistas fueron los primeros que se olvidaron del guante en campaña para luchar por los votos

La campaña del PSC «Nines russes»
La campaña del PSC «Nines russes»

Madrid / La Voz

Las palabras de Casado en las que acusó a Sánchez de preferir «las manos manchadas de sangre a las manos pintadas de blanco», haciendo así referencia al trascendental voto de Bildu para que el candidato socialista pudiese convalidar en el Congreso los decretos paridos en los viernes sociales, no han sentado nada bien en Ferraz. El secretario de Organización del PSOE y coordinador de campaña, José Luis Ábalos, compareció casi de inmediato para denunciar que el líder de la oposición está tratando de «utilizar a las víctimas del terrorismo para intentar remontar en una campaña tan desesperada».

En el PP consideran que los socialistas tienen la piel demasiado fina, al considerar que sus quejas no están justificadas, especialmente cuando a lo largo de los últimos años han protagonizado campañas en las que no han destacado por haber jugado con guante blanco. Incluso algunas ya con Sánchez de líder.

Una de las grandes dudas que se les plantea a los comités de campaña de todos los partidos antes de cada cita electoral es la misma que les surge a los entrenadores antes de cada partido. ¿Salir a atacar o jugar a defender? ¿Centrar el foco en contar los defectos del rival o centrarse en destacar las virtudes de los suyos? Y en el fútbol, como en la política, cada estrategia conlleva sus riesgos.

Durante los dos primeros decenios de la democracia española los mensajes de todas las formaciones eran en positivo. Suárez, Fraga o González, especialmente durante su primera etapa, grababan un vídeo en el que pedían el voto para sus siglas olvidándose del resto. Pero todo cambió en 1996 con la que pasó a la historia de la comunicación política como la campaña del dóberman.

El PSOE encargó un agresivo vídeo en el que se intercalaban intervenciones de Aznar gesticulando vehementemente desde su escaño con imágenes de unas manos dirigiendo una marioneta y un perro, que a pesar de la creencia popular, era un pit bull, ladrando con rabia y deseoso de abalanzarse para morder a su presa. De fondo, una tenebrosa voz en off afeando las políticas de los populares. Quedó abierta la veda, y a partir de entonces comenzaron a sucederse los ataques entre las distintas formaciones.

También es muy recordada una campaña del PSC para las elecciones generales del 2004 en las que difundieron un vídeo en el que Rajoy es una muñeca rusa de la que van saliendo otros líderes populares que causan mayor rechazo como Acebes o Aguirre. La matrioshka más pequeña es una figura de Aznar que guarda un estudiado parecido con Hitler.

El PP también recurrió con frecuencia a desprestigiar a su gran oponente en campaña. Una vez alejado lo más grueso de la crisis económica que se instaló en el país coincidiendo con Zapatero, los populares grabaron un vídeo en el interior de un hospital en el que España era un paciente moribundo que se había salvado gracias a las recetas de Rajoy.

Un todavía incipiente Ciudadanos también recurrió a un quirófano durante las autonómicas del 2008 para intentar explicar los males del bipartidismo y del nacionalismo. Y qué decir de Podemos y su máster en audiovisuales para confeccionar vídeos poniendo en la diana al rival.

Una de las campañas con una mayor tensión fue la de diciembre del 2015, en la que Pedro Sánchez sorprendió a Rajoy acusándole de no ser «una persona decente» en pleno directo. El gallego, desencajado, le respondió: «Ha sido usted ruin y miserable».

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