Cataluña y el 155 le otorgan al Senado la notoriedad que nunca tuvo

PP y Ciudadanos se cruzaron ofertas sin resultado práctico para aunar fuerzas con el objetivo de liderar la Cámara Alta

CORTS | europa press

Vigo / La Voz

Cámara de segunda lectura, de representación territorial que apenas ejerce ese papel, cementerio de elefantes políticos... Pocas consideraciones positivas acuña el Senado, cuya desaparición es además cíclicamente demandada. Pero en un momento en el que los equilibrios políticos son extremadamente inestables y las mayorías absolutas imposibles, la Cámara Alta ha cosechado una notoriedad inédita gracias al papel protagonista que sí tiene atribuido en materias como la suspensión de una autonomía vía artículo 155 de la Constitución, como pasó en el 2017 con Cataluña y las formaciones de centro-derecha quieren volver a aplicar, o la reforma del Consejo General del Poder Judicial o el Tribunal Constitucional, que también tienen que pasar por el hemiciclo de la madrileña calle Bailén.

Esa posición es la que ha propiciado que el Senado se haya convertido en objetivo en estas elecciones generales. PP y Ciudadanos han bordeado incluso la posibilidad de un pacto para presentar listas conjuntas al Senado -como el que firmaron con UPN en Navarra- y no dividir el voto, un escenario que favorecería al PSOE.

Pablo Casado fue el primero en plantear la idea de confluir con C’s en las papeletas de color sepia, pero la formación naranja lo rechazó al instante. Ahora es Ciudadanos el que aboga por algún acuerdo para el Senado, aunque las candidaturas ya estén presentadas y no se puedan alterar, pasando dicha posibilidad por una campaña informativa para indicar a la ciudadanía cómo apoyar a las formaciones que abogan por una nueva intervención de la autonomía catalana desde el Senado, repartiendo el voto entre candidatos que se concretaría de ambos partidos. Casado llegó a señalar antes del cierre de candidaturas que con su propuesta, la alianza de PP y C’s les daría unos cuarenta escaños más en el Senado que lo que puedan obtener por separado.

Tradicionalmente el partido que gana las elecciones en el Congreso es el que vence también en el Senado, donde puede alcanzar incluso la mayoría absoluta aunque no la obtenga en la Cámara Baja, como le ocurrió al PP con Mariano Rajoy en el 2016. Por eso un pacto para el Senado entre el centro-derecha podría contrarrestar un triunfo del centro-izquierda en las elecciones, que no llegaría a bloquear su acción de gobierno, pero sí conseguiría dilatar la aprobación de sus iniciativas, y restar puestos de representación en órganos como el Poder Judicial, el Tribunal Constitucional o el consejo de administración de RTVE.

Todas las provincias se reparten cuatro senadores, teniendo que marcar cada elector entre uno y tres de su gusto. Los escaños se otorgan a los cuatro más votados en cada demarcación.

Desde la desaparición de UCD, el PP ha ganado siempre en Galicia en sus distintas configuraciones los comicios para al Senado, consiguiendo desde 1989 hasta ahora los 12 senadores que como máximo puede obtener un partido en la comunidad gallega.

El 12 para el PP y 4 para el PSOE se instaló así en los últimos 30 años hasta que En Marea restó dos a los socialistas en el 2015 y uno al año siguiente.

El senador más votado en Galicia desde 1977 es el ferrolano Juan Juncal, que en el 2011 logró 311.171 votos. Ese mismo año estableció el récord en Pontevedra la también popular Elvira Larriba, con 259.711. Del mismo partido, César Aja es desde el 2000 el senador más votado en Lugo (125.636 votos) y con una marca similar está en Ourense desde el 2004 Mercedes Gallego, también del PP. Francisco Cacharro es el político gallego que más veces fue elegido en el Senado, nueve en total entre 1977 y el 2008.

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