Colau repone un lazo amarillo retirado y luego rectifica

Unos encapuchados los quitaron, la alcaldesa mandó reponerlos y la JEC exigió su retirada

Un comando antilazos descuelga un lazo amarillo del Ayuntamiento de Barcelona La alcaldesa Ada Colau ha ordenado a la policía que los defienda

La Voz

Bajo el argumento de que el Ayuntamiento de Barcelona no había recibido orden alguna de la Junta Electoral Central (JEC) para que se retirasen los lazos amarillos de las dependencias municipales, el gobierno de Ada Colau defendió la exhibición de los símbolos en apoyo de los políticos en prisión en los edificios de su competencia. Por eso, el lazo que pendía del balcón del consistorio fue repuesto en la mañana de este jueves, pocas horas después de haber sido retirado por un grupo de encapuchados. Pero la excusa no le sirvió de mucho a la alcaldesa de Barcelona porque, posteriormente, la Junta Electoral Central le dio un plazo de doce horas para que las dependencias municipales, al igual que las autonómicas, se desprendieran de símbolos considerados partidistas por el organismo que vela por la limpieza de las elecciones. Finalmente Colau tuvo que rectificar y retirar el lazo.

Los hechos que dieron pie a esta nueva polémica empezaron sobre la una y media de la madrugada, y fueron grabados en vídeo y distribuidos en las redes sociales por un grupo de jóvenes contrarios a la independencia de Cataluña que se autodenomina «Los de Artos». Con la ayuda de un palo, retiraron el lazo amarillo que pende de la casa consistorial barcelonesa desde diciembre del 2017. Pero la Guardia Urbana no tardó en intervenir y forcejear con los encapuchados para que devolviesen el emblema. Los manifestantes adujeron que «un juez» había ordenado su retirada y los guardias alegaron que era de propiedad municipal y que debían devolverlo. Horas después, el lazo lucía de nuevo en la fachada por órdenes del gobierno que preside la alcaldesa Ada Colau. Órdenes que horas después rectificó para retirarlo. «Los de Artos» trataron de hacer lo mismo en las dependencias de la Generalitat, pero no lo lograron. Sin embargo, animaron en las redes sociales a seguir el ejemplo grabado en el vídeo: «Que lo vea todo el mundo y haga lo mismo en su municipio». A raíz de dichos incidentes, cinco jóvenes fueron identificados.

La orden de retirar los lazos de las dependencias municipales se suma a la de quitar símbolos similares de los edificios de la Generalitat. Y a quien sí le llegó directamente esta orden fue al presidente Torra, que no tuvo en cuenta la advertencia de la Junta Electoral Central y mantiene los símbolos en favor de la libertad de los presos. Torra alegó que muchos emblemas estaban en dependencias de la Generalitat ubicadas en edificios que no eran de titularidad autonómica, por lo que no podía ordenar su retirada.

Ciudadanos, que fue quien pidió la retirada de dichos símbolos ante la JEC -que le dio la razón por considerarlos partidistas-, pretende denunciar ahora el incumplimiento de dicha orden.

Los lazos amarillos ponen todo el foco de la campaña del 28A en Cataluña

Fran Balado

Torra, dispuesto a desobedecer a la JEC, responderá de forma «combativa» y seguirá tensando la cuerda para el 28A

La cuestión catalana contamina el debate político en el resto del Estado desde muy atrás, pero lo hace especialmente desde el punto de no retorno que significó la declaración de independencia de otoño del 2017. Por supuesto, las elecciones del 28 de abril no serán ajenas, y todos y cada uno de los partidos que concurren a las urnas son conscientes de que su mensaje para Cataluña jugará un papel determinante.

La influencia de Cataluña en el 28A quedó patente desde su misma convocatoria. Sánchez se vio forzado a fijar el adelanto electoral ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con las fuerzas secesionistas que le permitieran sacar adelante los Presupuestos. A lo largo de toda la extensa precampaña, la cuestión catalana también lo ha impregnado y lo seguirá impregnando todo. Siempre presente, como el perejil de todas las salsas: que si Arrimadas se va a Waterloo a hacerse la foto, que si Casado pide un 155 sine die, que si Sánchez volvería a sentarse en la mesa con los independentistas, o que si Pablo Iglesias ya no sabe ni qué decir ni qué callar para dejar de peder votantes. Todo, mientras Santiago Abascal lidera la acusación particular contra los secesionistas en el Supremo.

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