Las otras víctimas de Yolanda Díaz para aspirar a la Moncloa

Manuel Varela Fariña
Manuel Varela SANTIAGO / LA VOZ

ELECCIONES 23J

Beiras, Pablo Iglesias y Yolanda Díaz, en A Coruña hace ocho años. Detrás, Breogán Riobóo y Antón Sánchez, ambos también fuera de la política.
Beiras, Pablo Iglesias y Yolanda Díaz, en A Coruña hace ocho años. Detrás, Breogán Riobóo y Antón Sánchez, ambos también fuera de la política. MARCOS MÍGUEZ

Liderará la candidatura de Sumar, sin rivales para hacerlo y estampando su rostro en la papeleta electoral, tras romper con estrechos socios políticos en los últimos años

10 jun 2023 . Actualizado a las 12:02 h.

A Felipe González le quedó grabado en 1985 el proverbio que compartió con él Deng Xiaoping, entonces líder supremo chino: «Gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones». Yolanda Díaz era una adolescente que en un año se mudaría a Santiago para terminar el instituto y matricularse en la facultad de Derecho, donde conoció a Marta Lois, amiga, aliada política y actual presidenta de Sumar. En estos treinta años, la ministra de Trabajo se ha rodeado de multitud de personas que contribuyeron a que hoy sea la política mejor valorada del país. Muchos han quedado en el camino; lo importante era llegar a este momento para cazar ratones. «Quiero ser la primera presidenta de España», anunció hace dos meses en un pabellón de Madrid, donde confirmó que su proyecto político más personal y ambicioso echaba a andar.

En primera fila, los rostros más reconocibles de la unidad que anhela Sumar: Mónica García, Íñigo Errejón, Ada Colau, Alberto Garzón, Rita Maestre o Joan Ribó. Todos ellos ex militantes u orbitantes de Podemos en el pasado. Todos menos los morados —o todos contra ellos—, cuya dirección disuadió a cualquier cargo, como el líder en Galicia, Borja San Ramón, a acudir al acto sin que hubiese antes un compromiso sobre unas primarias que el adelanto electoral hizo saltar por los aires. Sí estaba el diputado Antón Gómez-Reino, quien ha sobrevivido —y sobrevivirá— a las rupturas que han llevado a Díaz a liderar, sin rivales ni primus inter pares, una candidatura a la Moncloa

AGE

Auge y caída de Beiras. Se estrenó en política con las municipales de 1999, logrando 1.800 votos para Esquerda Unida en Ferrol. Trece años después, y tras formar en el 2007 un gobierno de coalición con el socialista Vicente Irisarri que solo duró 18 meses, Yolanda Díaz vio en la ruptura del BNG en Amio el trampolín con el que saltar a la arena autonómica. El impulsor de aquella separación, Xosé Manuel Beiras, abandonó la formación junto a los críticos que le seguían en la corriente Encontro Irmandiño. Díaz les propone un pacto entre nacionalistas y comunistas para crear la Syriza gallega, proyecto aglutinante griego que se enfrentaba a la troika europea. La política ferrolana comparó esa troika con la Xunta de Feijoo, y fundó así Alternativa Galega de Esquerdas. Logró nueve diputados en el Parlamento ante los siete de un BNG que abrazó el estoicismo ante la sangría de votos que empezó a sufrir durante algo más de un lustro.

Pronto comenzaron los roces, y con ello las escisiones y expulsiones dentro de AGE. Protagonizó una de ellas Carmen Iglesias, acusando a la vicepresidenta segunda de haberla «purgado». Pocos años después, Beiras se mostró también muy duro con Díaz por aquella experiencia: «Foi a primeira persoa que a me traizoou».

Marea

Villares y los alcaldes del cambio. Mientras AGE se consumía, discípulos del histórico líder nacionalista como Martiño Noriega o Antón Sánchez, más otros recién llegados como Xulio Ferreiro o el propio Antón Gómez-Reino, construían las mareas municipales. En paralelo, el joven madrileño fichado como asesor en la campaña del 2012, Pablo Iglesias, se había inspirado en la experiencia gallega para lanzar Podemos. El contacto con Yolanda Díaz venía de tiempo atrás, cuando ambos coincidieron en jornadas de las juventudes comunistas —la ministra aún milita en el PCE—.

Iglesias aterrizó en A Coruña en el arranque de la campaña de las elecciones municipales del 2015 y abarrotó el Palexco, sirviendo a Ferreiro para hacerse con el bastón de mando dos semanas después. Beiras, reclamo tres años antes, no estaba en la foto. Sí Díaz, que lanzó la propuesta de constituir una «Marea Galega» y aseguró que moriría «coas botas postas» para lograr la unidad. Noriega fue también elegido regidor en Santiago, y Jorge Suárez, entonces compañero en Esquerda Unida, en Ferrol. Él es el único de los denominados «alcaldes del cambio» que mantiene el acta de concejal, si bien no recibió el apoyo de Díaz en la última campaña.

En las generales de ese mismo año, la política gallega renunció a su escaño en el Parlamento y lideró la coalición En Marea, en alianza con Podemos, al Congreso. De aquellos seis diputados logrados, solo sigue allí Gómez-Reino, mientras que Alexandra Fernández está hoy en el BNG.

En pleno auge, un nuevo asalto a la Xunta. Esta vez con la marca En Marea y con Díaz manifestándose públicamente en contra de que Beiras fuese su candidato. Se buscó a alguien externo para mayor consenso, y el elegido fue el juez Luis Villares. Una víctima de todo aquello fue también Breogán Riobóo, primer líder de Podemos Galicia, a quien Iglesias expulsó por cuestionar En Marea.

El resultado fue histórico, con 16 diputados que le valieron para ser segunda fuerza. Pero los viejos problemas regresaron, y el grupo llegó al final de la legislatura fracturado y agotado. Los alcaldes del cambio, entre tanto, habían dejado de serlo en las elecciones del 2019, y tanto Ferreiro como Noriega dejaron la política. Villares, junto a Antón Sánchez, lo harían un año después tras el varapalo electoral que les apeó del Parlamento gallego.

Madrid

Ruptura con Iglesias. La buena relación con Pablo Iglesias, que facilitó su nombramiento como ministra en el 2019, empezó a resquebrajarse en poco tiempo. El punto de inflexión fue la designación «a dedo» de Díaz como su sucesora en Podemos, algo que molestó a la política ferrolana. La guerra abierta por el encaje de los morados en Sumar terminó por hacerles irreconciliables.

En la configuración del nuevo partido afloran también antiguos socios que dejan de serlo, como Mónica Oltra (Compromís) o la ceutí Fátima Hamed, que no integrarán Sumar pese a posar juntas hace un año en un auditorio de Valencia sin las líderes de Podemos y entre gritos de presidenta.