Profesores gallegos lamentan que no se aceptan exenciones por ser vulnerables: «A ninguén lle deixaron quedar na casa»

Unos 800 docentes, menos del 3% de los maestros, pidió abandonar el centro por ser grupo de riesgo

Protestas de profesores en Bueu a principios de curso pidiendo más medidas de seguridad en los centros educativos
Protestas de profesores en Bueu a principios de curso pidiendo más medidas de seguridad en los centros educativos

Redacción / La Voz

En Galicia hay unos 800 profesores (de un total 30.000) que han solicitado la exención de acudir al centro educativo durante la pandemia de covid porque su salud así lo aconseja y según el sindicato ANPE, los trámites son lentos y hasta ahora no saben de ninguna resolución positiva. «Non sei de ningún docente ao que lle dixeran ‘queda na casa’» dice Julio Díaz, presidente gallego del sindicato.

«Es vulnerable pero su nivel de riesgo no precisa baja laboral»

El procedimiento es largo, a muchos todavía no los han llamado, y tras la solicitud lo que hacen es pasar por la consulta de un médico especialista en trabajo a cargo de la empresa privada Cualtis, que tiene la concesión de este servicio. «A valoración —explica Díaz— tiña que facela prevención da consellería, pero non existe esa posibilidade». Los solicitantes reciben de forma generalizada una misiva estandarizada con una esclarecedora frase final: «Es vulnerable pero su nivel de riesgo no precisa baja laboral». Para ANPE está frase es contradictoria en sí misma: «Se es vulnerable, non podes ir a un traballo onde hai 25 persoas ou máis que poden ter covid, nonsí? Veñen a decirche que corres moito risco pero tes que ir igual».

El miedo al contagio y la inseguridad en el puesto de trabajo ha llevado a muchos docentes a jubilarse. De ahí el aumento de los retiros en un 33% este año. Le ocurrió a Rosa Fernández Salmonte, profesora de Tecnología en el IES Eusebio da Guarda de A Coruña: «Yo estaba en prórroga, no me quería jubilar todavía, y en marzo estuve a la expectativa, a ver qué ocurría. Pero en verano se preveía un brote en otoño y muchos contagios y fue cuando decidí jubilarme, porque soy una persona de riesgo debido a algunos problemas de salud».

«Me gusta la enseñanza tradicional, no me atraen las clases telemáticas»

Fue ese peligro de enfermar lo que le animó al retiro, así como las nuevas exigencias telemáticas: «Me gusta la enseñanza tradicional, no me atraen las clases telemáticas». Y eso que ella, que era profesora de TIC en 4.º de ESO, estaba acostumbrada a comunicarse así con sus alumnos, pero la situación del confinamiento la desbordó: «Todos los profesores nos esforzamos al máximo, pero ni estábamos preparados nosotros ni los alumnos. Salimos del paso lo mejor que pudimos, pero fue agotador. Trabajábamos hasta los doce de la noche, desbordados en el horario, porque teníamos que preparar trabajos, corregir los que nos mandaban, y a la vez adaptar las programaciones». En septiembre, Rosa Fernández se mantuvo en contacto con el centro a través de videoconferencias, pero finalmente decidió retirarse.

Ahora no se arrepiente, sobre todo porque desde la jubilación se fue a la aldea y ha ganado calidad de vida desde todo punto de vista.

Hay que tener en cuenta que en España uno de cada tres docentes tiene más de 50 años, y en algunos centros de Galicia este porcentaje se dispara; la edad, aunque no es en sí un factor de riesgo, sí está vinculado al aumento de patologías como diabetes, problemas respiratorios o cardíacos y obesidad, entre otros; hay docentes que han sufrido un infarto, o han tenido cáncer, y que temen que su presencia en el aula los acabe llevando al hospital.

PILAR COPA, MAESTRA

«Si no hubiese sido por el covid, no me retiraba todavía»

Pilar Copa lleva desde el año 1978 dando clase y ha tenido que venir una pandemia mundial para alejarla de las aulas. Reconoce que tomó la decisión en un momento bajo de moral (era el 11 de abril, con el país paralizado por el miedo) y que a veces se arrepiente de haberlo pedido, pero sus circunstancias la llevaron por ese camino.

—Es una maestra todoterreno, ¿Le ha faltado alguna etapa por conocer?

—Esta profesión es mi vida, desde que comencé con 22 años en Pedrafita. Después hice la especialidad de educación especial y estuve doce años en un colegio. Como yo era profesora de Matemáticas y Ciencias, con la Logse me habilitaron para dar clase en ESO y estuve en CPI, donde acabé siendo la directora durante ocho años. Por razones personales me fui a Lugo, y di clase a adultos y acabé en el CEIP O Paradai; allí estuve los 15 últimos años, muy bien además.

«Todavía no vacié el ordenador»

—Y no se quería jubilar.

—No, no quería. Y no quiero. Todavía no vacié el ordenador y en casa aún tengo todo preparado para irme a clase por la mañana [se ríe]. Me estoy acostumbrando, me tengo que acostumbrar.

—La edad de retiro sí la tiene.

—Sí, el año pasado pedí la primera prórroga y pensaba seguir así unos años más, pero llegó el covid. Si no hubiese sido por eso, no me retiraba todavía porque a mí estar con los niños me encanta, me encanta mi trabajo. Soy maestra y lo disfruto mucho.

—Exactamente, ¿qué motivó su decisión, la cuestión sanitaria, verse desbordada, la idea de una enseñanza telemática de larga duración?

—Todo un poco. Yo siempre he dado a los cursos mayores, de quinto y sexto, y justo coincidió que en junio terminaban mis niños. Por ejemplo, si llegan a estar en quinto, no me retiro. Pero yo soy asmática y tengo mis problemas de salud, y además en el confinamiento la enseñanza virtual me costó un montón. Todo fue improvisado, y teníamos muchísimo trabajo, estábamos desbordados. Veía los problemas de los alumnos, las carencias que había en su casa, que en clase no lo notas; Cruz Roja nos trajo ordenadores para ellos, tengo que decir que todo se fue solucionando, pero algunos no tenían Internet, otros compartían ordenador con más hermanos, e incluso con los padres. Yo comenzaba a trabajar a las nueve de la mañana y acababa a las ocho de la tarde todos los días.

«Me gustaría ayudar más»

—Y no pudo más. ¿Se arrepiente?

—Sí. No. Al 50% [risas]. Sigo en contacto con el centro y me gustaría ayudar más. Soy muy de hacer manualidades, pero ahora con todo esto no puedo hacer nada, ni ir allí ni nada.

—Pero el año que viene seguro que sí podrá ir...

—Dios te oiga.

—Este año tampoco podrá disfrutar de la jubilación: apuntarse a cursos, quedar con las amigas, viajar...

—Es cierto. Tengo a mis nietos, pero no puedo disfrutar mucho de ellos y aunque charlo con mis amigas por teléfono no es lo mismo.

—Fue profesora en un centro de educación especial. Es irresistible preguntarle qué opina de la inclusión de estos alumnos en centros ordinarios.

—Estoy a favor al 100%. Los niños no tienen por qué estar apartados. Sí se necesita profesores de apoyo y cuidadores, eso es importante para ellos y para sus compañeros, pero por lo demás, no hay ningún problema. He tenido muchos niños con necesidades educativas y ves que los demás les ayudan, los protegen; es importante que los niños de un centro ordinario sepan que hay otros niños que tienen sus problemas. En la clase de mi nieta de cuatro años hay un alumno que tiene un síndrome complicado y si vieras cómo lo cuidan sus compañeros, ¡y tienen 4 años! Los niños son maravillosos.

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