Redacción / La Voz

El viernes se cumplió un mes del inicio de curso de secundaria, que ha sido mes y medio para infantil y primaria. Con un 0,16 % de personas contagiadas y aulas cerradas, las cifras gallegas apuntan a un entorno escolar seguro; pero no hay duda de que este año es muy diferente a los demás, con un coste extra nada desdeñable para familias, docentes, trabajadores y alumnado. Este es un ligero resumen de las primeras semanas de clase:

las fechas

Retraso en secundaria. En primaria se cumplió el calendario escolar pero en secundaria saltó por los aires cuando el 28 de agosto se decidió que los alumnos en el aula tenían que estar separados entre sí 1,5 metros (frente al metro con que se organizaron las clases).

El 23, más o menos. El curso comenzó el día 23, más o menos. En algunos centros concertados se optó por empezar las clases de bachillerato antes, el 16, tal y como estaba previsto, porque esta etapa es privada; en principio, tenían que cumplir la norma de la Xunta, pero parece que se hizo la vista gorda ante el aluvión de problemas que hubo esos días. En cambio, en algunos institutos, la presentación fue el día 23 (era un proceso de tres días según los cursos) pero hasta la semana siguiente no hubo clase realmente.

los contagios

Cierre de un centro el tercer día de clase. El cierre del colegio Calasancio de Pontevedra el primer fin de semana de curso reafirmó el miedo que familias y profesores tenían al inicio de curso. Pero el tiempo ha demostrado que se trataba de un caso singular: dos directivos del centro cayeron enfermos y contagiaron a otras seis personas que, precisamente por la falta de los dirigentes, se encargaron de atender la entrada del colegio. Era difícil saber quién estuvo en peligro y quién no, de ahí el cierre del colegio, que aún así dio clases en línea desde el primer momento.

Datos centralizados. Los primeros días salían el nombre de los centros con casos positivos, pero el número, al ir creciendo, se impuso sobre la localización exacta. Desde octubre el Sergas facilita cada día (de martes a viernes) la información de positivos por centro educativo, pero sin aclarar el aula o si los afectados son del mismo grupo.

Las guarderías, las más afectadas. Desde el principio, las escuelas infantiles han sido los centros más afectados. La dificultad para mantener las distancias de seguridad y la imposibilidad de que niños tan pequeños (de 0 a 3 años) cumplan las normas de higiene disparan el riesgo (en caso de un contagio se ven obligados a confinar a todos los niños del aula). En la actualidad hay un único centro cerrado (punto de atención a la infancia en Boborás).

Más positivos, pero sin aumento de aulas cerradas. El día 23 de septiembre había 50 aulas cerradas, una cifra que ahora está en la mitad, 25. El motivo es que se ha ido puliendo el protocolo para no cerrar las clases con cada positivo; a veces solo queda confinada la persona que tiene covid y, como mucho, algunos de sus contactos, sobre todo en niños más pequeños. El crecimiento de casos ha sido constante (solo hubo dos días de descensos) pero sostenido.

El 0,16 % del total, y la mayoría asintomáticos. Aunque los positivos no dejan de crecer, siguen siendo pocos proporcionalmente: a las escuelas gallegas acuden cada día unas 450.000 personas, entre profesores, trabajadores y alumnos de guarderías, educación infantil, primaria, especial, secundaria, bachillerato, FP y escuelas técnicas. Ahora mismo hay 729 casos positivos.

el ambiente

Protocolos como guía de actuación. Los profesionales confiesan que el miedo y la zozobra de los primeros días se han disipado con el paso de las jornadas. La sustitución de protocolos y normas ocasionó al principio (en infantil y primaria) algunos problemas, pero desde hace semanas está todo claro y saber qué hay que hacer ofrece una tranquilidad de la que todos se benefician.

la presencialidad

El mayor problema en bachillerato. El cambio de criterio en la distancia entre alumnos supone que a veces es literalmente imposible que quepan todos en el centro. Ante esto, Gobierno y autonomías abrieron la mano a la semipresencialidad, siempre mejor a partir de 3.º de ESO (algunas comunidades, como Baleares, lo tienen desde 2.º).

En Galicia tiende a cero. En Galicia la semipresencialidad se limitó a bachillerato y FP (etapas no obligatorias). La Consellería de Educación no ha dado datos oficiales en ningún momento, pero se estima que fueron algo menos de 20 los centros que se vieron obligados a aplicar la semipresencialidad; poco a poco se han ido arreglando las situaciones (las más llamativas, en Pontevedra ciudad y Vilagarcía) y el objetivo es que haya cero casos. El IES Antón Fraguas de Santiago es uno de los últimos, y la Xunta baraja hacer obras para permitir la entrada diaria de todo el alumnado.

Mamparas. Fue, junto con la semipresencialidad (de hecho, es su otra cara) la polémica del inicio de curso. Ha habido centros que optaron masivamente por este sistema (IES Eusebio da Guarda) y otros que no lo querían. Los críticos creen que no sirve realmente (los aerosoles siguen en el ambiente) y la limpieza y mantenimiento de las mamparas complican la organización del centro.

Otros espacios. Una opción era utilizar espacios ajenos a los centros, pero en Galicia apenas ha tenido éxito. Sacar a los alumnos menores de edad de un centro es algo complicado por los permisos y la responsabilidad; y en bachillerato y FP es complicado la movilización de profesores entre dos sedes.

 actividades extras

Las mínimas. A falta de un protocolo que regule cómo se debe actuar en las actividades extraescolares, las opciones son mínimas. Pocas AMPA se quieren arriesgar a un contagio si no tienen una normativa a la que acogerse; y en los centros concertados las propuestas también son de mínimos. Funcionan los entrenamientos deportivos, pero sin posibilidad de jugar partidos y siempre con mascarilla.

Falla la conciliación. Los ajustes horarios que han diseñado los centros y la falta de actividades a precios asequibles hace recaer en la familia la conciliación durante la tarde. Los abuelos vuelven a ocuparse de los nietos y algunas personas optan por el teletrabajo parcial; son opciones complicadas que tienen un coste personal muy alto.

absentismo

En disminución. Algunas familias que comparten espacio con personas enfermas encararon el curso pensando que los niños no irían al colegio. Pero la combinación de normalidad en el día a día junto con la decisión de los centros de tramitar los protocolos de absentismo han ido reduciendo cada semana el número de alumnos que no van a clase. No hay datos al respecto, pero desde la Xunta se insiste de la obligatoriedad de enviar a los estudiantes de 6 a 16 años al colegio.

el futuro: frío vs limpieza

Llega el frío. Los niños están yendo a clase con abrigos, gorros y hasta mantas. Mantener las ventanas abiertas para que el aire circule afecta a los menores, que están sentados sin moverse durante horas. Y esto es el principio del otoño.

Filtros HEPA. Expertos de todo el mundo y ahora el CSIC español recomiendan usar purificadores de aire con filtro HEPA para completar el recambio de aire en las aulas hecho con la ventilación. El Comité Educativo de Galicia ha solicitado información al respecto, y mientras tanto las inspecciones avisan a los centros que no se puede instalar nada sin permiso.

Debate. Las diferencias de opinión preparan un debate que no ha hecho más que empezar: ¿deben los padres comprar estos filtros por medio del AMPA? ¿Podrán los colegios desembolsar ese gasto con sus presupuestos? ¿Querrá Educación asumir el gasto?

Problemas sobre quién se confina al detectar positivos

La organización de los centros ha ido mejorando en las primeras semanas tras el inicio de curso, pero queda un asunto pendiente, complejo de gestionar pero en el que hay más dudas que certidumbres: ¿Quién se queda en casa si se detecta un caso positivo?

el protocolo

El segundo ¿y último? documento. El problema ya comienza con el protocolo. El que está en vigor en Galicia es el del 6 de octubre, el segundo que se hizo, pero en el apartado covid de la web de la Consellería de Educación está colgada la primera versión. Además, sobre el día 15 de octubre Sanidade publicó una tercera versión, que estuvo un día colgada en la web de la administración sanitaria, pero que después se retiró.

Un texto firmado por el director xeral. A todos los centros educativos les llegó un documento firmado en el lateral por Jesús Manuel Álvarez Bértolo, director xeral de Centros e Recursos Humanos, en el que se indica: «Se algunha persoa do núcleo familiar é sospeitosa de padecer a Covid-19, o alumnado ou o persoal do centro que convivan con elas non poderán acudir ao centro ata que se coñeza o resultado da proba e sexa negativo». Es decir, si un profesor tiene un caso sospechoso en su hogar no debe ir al centro hasta que corrobore que no está contagiado; sin embargo, desde las inspecciones se avisa a estos docentes que deben acudir hasta tener el resultado de la PCR. Ante tal desorden, unos profesores van a trabajar al centro y otros no. Este punto era en lo que cambiaba la versión 2 y 3 del citado protocolo.

las decisiones

En teoría. El protocolo establece como criterios generales: en el primer ciclo de infantil (de 0 a 3 años), se consideran contacto estrecho todas las personas del grupo de convivencia estable, ya que no se usan mascarillas; desde los 3 años en adelante, se determinarán como contacto estrecho cualquier persona que hubiese compartido espacio con el infectado a una distancia inferior a los dos metros durante más de 15 minutos, salvo (y esta objeción es muy importante) que se pueda asegurar que en ese tiempo se hizo un uso adecuado de las mascarillas (lo decidirá el tutor o el director del centro); el tercer grupo de contactos estrechos son los convivientes de un caso positivo en covid.

La práctica. Es el Sergas el que decide a quiénes se confinan a partir de un positivo, aunque a veces lo dejan en manos de la dirección del centro.

profesores vulnerables

¿Quién se encarga? A pesar de estar acabando el mes de octubre, muchos profesores con diferentes patologías, que quieren acogerse a la docencia telemática, aún deben ir a las clases por falta de resolución. Ni siquiera está claro si es un médico de la mutua o desde el servicio de prevención de riesgos el que tiene que firmar la exención o adaptación del puesto, en su caso. El inspector médico hace un informe pero la decisión está en manos de otros, y todavía no está claro.

Pocas solicitudes. No hay datos oficiales de cuántos profesionales han pedido la exención, pero las estimaciones es que son pocos, unos cientos en un colectivo de 30.000, con una edad media bastante elevada.

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Balance del primer mes de curso: rutina y protocolos sustituyen al miedo