«Son los niños los que nos dan lecciones»

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira A CORUÑA / LA VOZ

EDUCACIÓN

En el CEIP Raquel Camacho de A Coruña el comportamiento de los niños de infantil ante la pandemia es excelente, reconocen sus profesores
En el CEIP Raquel Camacho de A Coruña el comportamiento de los niños de infantil ante la pandemia es excelente, reconocen sus profesores MARCOS MÍGUEZ

Maestros de infantil destacan la generosidad y obediencia de los más pequeños del colegio durante esta pandemia

03 oct 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Una niña de cinco años llora en la puerta del colegio. La mascarilla no permite ver el rictus de disgusto pero su quejido no deja lugar a dudas: está triste porque su amiga no entra con ella, que es de otra clase. Pero de la mano de la madre pasa al patio resignada, entre pucheros. No hay quejas ni pataletas o exigencias. Los ritmos del colegio han cambiado y todo es más rígido, pero los niños están dando una lección de obediencia, resilencia y generosidad.

Ramón París es uno de los maestros de los niños de cuatro años en el CEIP Raquel Camacho, un centro del barrio Agra-O Ventorrillo de A Coruña. Son muchas las diferencias entre este curso y los anteriores: «Está todo moito máis estruturado —explica— os rapaces non poden cambiar de actividade [trabajan por ámbitos, al estilo Montessori] cando queren, e coa súa ideade... teñen cousas, claro». Una de las habituales es que «ao final do día a algún se lle cae a máscara»; en clase ha hecho equipos de cinco niños que cuando comparten la mesa de actividades no llevan mascarilla; pero el resto del tiempo, sí. Ellos no se quejan, eso es sorprendente para los adultos: obedecen las normas, aprenden a poner y quitarse las mascarillas —«non é fácil para un rapaz desta idade»— y siguen las reglas.

Estas son sencillas y se repiten una y otra vez. Pero hay algunas que las tienen tan interiorizadas que apenas parece posible en un par de semanas: llegan a clase manteniendo las distancias en la entrada —van de la mano de la madre la mayoría, que asoma la cabeza a lo lejos para ver cómo entra su hijo en el aula— y se paran en la alfombrilla desinfectante, donde frotan los pies con exigencia y pasan rápidamente al hidrogel. Ninguno se olvida de este ritual.

No es que la clase que le ha tocado a Ramón sea especialmente tranquila: dos niñas del mismo grupo se pasan un rato bajo la mesa aprovechando que el profesor está entretenido —«unha delas é nova e lle costa un pouco máis», dice el maestro— y uno de los pequeños apenas se mantiene un rato en su sitio, pero en casi veinte alumnos el balance es abrumadoramente positivo.

«Estamos volviendo a mi infancia, cuando no teníamos nada para jugar»

Lo confirma Rosa Barreiro, directora del CRA Nosa Señora do Faro de Ponteceso y presidenta de la agrupación de CRA (unión de escuelas unitarias) de Galicia. Ella, con décadas de experiencia a sus espaldas, no se puede creer lo que está viviendo: «Estamos volviendo a mi infancia, cuando no teníamos nada para jugar y te inventabas mil historias». Y el cambio parece que no es del todo malo: «Antes tenían palas, cubos, triciclos... y no estaban conformes, pero ahora, que no les damos nada para jugar, se lo pasan fenomenal. Juegan al pilla-pilla con la rama larga de una hortensia, porque eso sí se lo dejamos hacer, y los mayores hacen casitas para los pájaros». En su escuela se ha retirado toda la decoración, que se limita a unos vistosos paraguas en el techo, y unos baúles en los que cada uno tiene guardados sus objetos.

En el CRA Nosa Señora do Faro, en Ponteceso, se ha retirado toda la decoración del aula y solo han quedado unos paraguas colgados del techo donde se exponen los trabajos de cada alumno. Decorados con flores de papel y tiras de lana, con las ventanas abiertas (para airear) las piezas se mueven, dando lugar a juegos para los niños
En el CRA Nosa Señora do Faro, en Ponteceso, se ha retirado toda la decoración del aula y solo han quedado unos paraguas colgados del techo donde se exponen los trabajos de cada alumno. Decorados con flores de papel y tiras de lana, con las ventanas abiertas (para airear) las piezas se mueven, dando lugar a juegos para los niños

La vida sigue una rutina muy estricta y solo si hace mucho calor, como a finales de septiembre, «les dejamos salir un poco fuera para que se quiten la mascarilla, de uno en uno, pero no pueden tocar nada, y yo los veo desde la ventana».

Rosa tiene claro que «los niños son muy generosos y nos dan lecciones cada día». De los miedos iniciales ahora queda la tranquilidad de que las cosas se hacen lo mejor posible: «Echamos de menos los abrazos —reconoce esta maestra— y en cuanto se cae uno voy corriendo a recogerlo y poder achucharlo un poco, pero estamos contentos porque vemos que las cosas son mejor de lo que pensábamos que serían».

«Recuperamos la palabra. Se ha retirado lo superfluo y ha vuelto el diálogo»

Lo mismo piensa Javier Rouco, profesor de infantil en el CEIP Rosalía de Castro, en la zona de Os Mallos-Sagrada Familia, también en A Coruña. Reconoce que al principio había incertidumbre y hasta miedo, y los niños «llegaron el primer día con los ojos muy abiertos y expectantes», pero la responsabilidad individual se ha impuesto y el resultado es excelente: «Recuperamos la palabra. Se ha retirado lo superfluo y ha vuelto el diálogo».