Los exámenes, en el punto de mira

Educación ha prohibido las pruebas presenciales, y es que solo un 31% de los estudiantes van a clase. ¿Existe una forma mejor de comprobar que el alumno adquiere los conocimientos exigidos?

Una alumna trabajando en su casa durante el confinamiento
Una alumna trabajando en su casa durante el confinamiento

Redacción / La Voz

La Consellería de Educación prohibió la pasada semana la realización de exámenes presenciales en una ampliación de las instrucciones para el fin de curso. El texto dice exactamente: «Os centros educativos non poderán realizar probas de modo presencial ao alumnado», y después añade «aqueles centros que tiveran previsto a realización de probas presenciais, coa finalidade de aumentar as oportunidades do alumnado para superar as materias pendentes ou con avaliación negativa, só poderán realizalas de modo non presencial, polo mesmo mecanismo co que cada centro se viñese comunicando co seu alumnado no desenvolvemento do proceso de ensino». Aunque no menciona los exámenes para subir nota, está claro que en la primera fase la idea es de no realizar pruebas presenciales. ¿Por qué no deben hacerse y qué los puede sustituir?

La situación generada por la pandemia es una rareza, y también en el aspecto jurídico y administrativo. La Administración tiene que garantizar la igualdad de oportunidades para todos, si no se arriesga a reclamaciones y hasta demandas judiciales. Si la asistencia a clase fuese obligatoria, un examen de repesca es una oportunidad para cualquier alumno. Pero no siéndolo... Esta primera semana de la fase 2 se detectó algo ya supuesto: a los institutos y colegios van muy pocos estudiantes (pueden ir voluntariamente los de segundo de bachillerato), con una media gallega de uno de cada tres, y sobre todo suelen ser buenos alumnos que acuden para subir nota, incluso para dilucidar quién se llevará la matrícula de honor del curso. En el resto de cursos ni siquiera se contempla la posibilidad de acudir a clase, así que convocar a los estudiantes a un examen presencial incumple toda la normativa. Para los de segundo de bachillerato es más explicable esta convocatoria presencial, pero lo cierto es que no se ha contemplado en las instrucciones en ningún momento.

Dicho lo anterior, ¿qué forma tienen los profesores de saber si un alumno ha aprendido los conocimientos exigidos? La experiencia demuestra que hay muchas maneras de averiguarlo:

  • Examen en línea. Es un clásico y es una práctica habitual en las universidades a día de hoy. El problema es que si el alumno tiene demasiado tiempo puede copiar, y si se ajusta mucho el cronómetro se le puede perjudicar injustamente. Por eso, el examen en línea se desaconseja como método único y eficaz.
  • Examen cooperativo. En alumnos mayores pueden funcionar: entre un grupo se debate y prepara un tema para completar las preguntas que les haga el profesor. Este escoge al azar el trabajo de uno de los integrantes y la nota se asigna a todos ellos. Eso exige a los estudiantes esforzarse al máximo, para no perjudicar a los demás.
  • Aprendizaje de la comprensión. Es una metodología del Project Zero de Harvard y consiste en proponer al alumno que, a raíz de lo escuchado en clase, demuestre que lo ha comprendido desarrollando ejemplos propio y exponiéndolos. Los estudiantes se corrigen en función de los criterios que les ofrece el profesor. Es una metodología algo lenta en tanto puede necesitar inicialmente más acompañamiento por parte del docente.
  • Trabajos y exposiciones. Es un clásico ya en las aulas virtuales gallegas. Los alumnos preparan una presentación y, o bien se la remiten al docente o se la presentan en videoconferencia. 
  • Construir su propio examen. Es la experiencia desarrollada por José Luis Gorrochategui, el profesor de Historia da Filosofía en el IES Francisco Aguiar de Betanzos: «A mí me ha funcionado muy bien hacer los exámenes en casa, con calma. Son más difíciles de hacer que uno memorístico y yo les exijo que quede perfecto». Muchas veces devuelve el examen hasta que queda impecable y que sea algo más que un corta y pega. Gorrochategui ha descubierto dos cosas: «Los alumnos trabajan mucho y muy bien, y sí se pueden poner notas». Cree que esta es una oportunidad para cambiar algo las cosas: «Lo importante es que ellos busquen la información, la procesen y si es posible la expongan».

Consejos para tener éxito en la evaluación a distancia

Aunque será dentro de unos meses cuando se pueda hablar de un balance de las lecciones aprendidas en esta crisis, ya hay profesores que ofrecen consejos a sus compañeros para la evaluación a distancia. 

  • Usar de dos a cuatro metodologías que funcionen bien e intercalarlas. Es preferible, dicen los maestros, una combinación ajustada de metodologías para que haya variedad pero no sea un caos.
  • Herramientas adecuadas. ¿Necesito ver al estudiante? ¿Y oírlo? Es una pregunta pertinente a la hora de elegir las herramientas para no tener que cambiar sobre la marcha. Hay que elegir con cuidado 
  • Muchos datos. En estas circunstancias un solo trabajo no sirve para evaluar al estudiante. Como en el aula física, se trata de un camino en el que debe haber puntos de control para que sepan si siguen el proceso adecuadamente. 
  • Retroalimentación. Es una queja habitual de los estudiantes, que sienten que envían cosas sin recibir la corrección de sus trabajos. Recibir un audio de WhatsApp del docente con comentarios sobre el trabajo hecho anima a los estudiantes a corregir fallos y comprobar su mejoría.
  • Verificaciones. Si el profesor envía una presentación, es conveniente incluir ejercicios que demuestren que el alumno estaba atento para seguir con la lección.
  • Preguntarles. La opinión de los alumnos es importante y uno puede descubrir, por ejemplo, que las sesiones comunes (sincrónicas) son demasiado largas, o que las presentaciones tienen demasiadas hojas o que prefieren las pruebas tipo test. Si los estudiantes se quejan mayoritariamente  de un asunto y el docente lo corrige, eso le hace ganar puntos ante ellos, que entienden que su opinión cuenta y eso les hace más responsables.

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