Rosa Parada, orientadora: «La tecnología nunca podrá sustituir la presencia de profesor y alumno»

Una profesional de la enseñanza relata el reciclaje forzado al que se han adaptado en un mes familias y también profesorado

Rosa Parada, orientadora del Liceo La Paz, en A Coruña
Rosa Parada, orientadora del Liceo La Paz, en A Coruña

lugo / la voz

Hablan por teléfono durante horas con abuelos, padres y niños, les cuentan cuentos, les graban canciones, se las mandan y reciben mensajes de vuelta. El estado de alarma ha decretado una nueva forma de enseñanza, en la que hay tantos colegios como casas tiene el alumnado y el profesorado. Esa conexión telemática busca por encima de todo mantener vivo el vínculo entre los miembros de la comunidad educativa. «La tecnología nunca podrá sustituir la presencia física del profesor y del alumno», afirma Rosa Parada, orientadora en el Liceo La Paz de A Coruña, con 2.500 matriculados.

«Las primeras dos semanas nos costó mucho esfuerzo, terminábamos exhaustas, era una forma de trabajar diferente. Sin tener a los niños delante, no recibes el feedback tan importante que es su presencia, ni ellos tienen la nuestra. Acostumbrarnos a eso supuso un desgaste muy grande», señala Rosa.

Poco a poco, el centro se adaptó al escenario virtual, un paso un poco más tortuoso para las familias. Esta orientadora recuerda cómo muchos de los niños fueron llevados a las aldeas con sus abuelos por pertenecer los padres a sectores esenciales que trabajan pese al estado de alarma.

Implicación

Así fue cómo descubrió la implicación de los más mayores en la educación de los pequeños, personificada en una abuela que no desistió y pese a mil impedimentos descargó en un móvil la aplicación con la que su nieto accede a los contenidos creados por el profesorado. «¡Lo conseguimos!», exclama Rosa como si acabara de ocurrir.

En otra ocasión, un niño que nunca había pasado de los monosílabos en una conversación telefónica se echó a llorar cuando reconoció la voz de su profesora al otro lado. Mantuvieron una larga charla para sorpresa de la madre. «Me sobrecogió. Creo que para él la comunicación telefónica cobró significado en ese momento», razona la orientadora, que ha sentido un respaldo férreo por parte de las familias: «Es muy bonito porque ves cómo en una situación tan extrema y tan excepcional como esta todas las personas que están alrededor del niño cooperan».

Hogares sin internet

Si a la sensación de zozobra generalizada le sumamos un diagnóstico de cáncer, las perspectivas de volver al trabajo y de afrontar los gastos corrientes puede convertirse en una pesadilla. Sonia Cousillas, trabajadora social de la AECC de Lugo, se encarga de los trámites para gestionar una ayuda a estas personas y estos días trabaja desde casa de manera telemática. En su caso, la falta de internet en muchos hogares le dificulta acceder a la documentación requerida.

«Tenemos que hacer una valoración previa de la situación de vulnerabilidad que el paciente nos manifiesta y muchos hogares no tienen internet, otras personas no disponen de un correo electrónico, entonces tenemos cierta dificultad a la hora de tramitar esas ayudas», señala Cousillas, que presta a los usuarios asesoramiento laboral por teléfono.

Sonia Cousillas, trabajadora social de la AECC
Sonia Cousillas, trabajadora social de la AECC

Sin mayor dificultad pese a hacerlo desde casa, también gestiona recursos habitacionales para pacientes que acuden a recibir tratamiento desde fuera de Lugo.

Un aprendizaje para todos

Ser diagnosticado de cáncer, que te envuelva la angustia, telefonear a la AECC y que en la pantalla del móvil una de sus profesionales sanitarias preste atención a lo que sientes podría ser una situación compleja antes, pero no ahora. «Es un aprendizaje brutal para pacientes y para trabajadores», concluye Rosa Zas, psicóloga de la asociación en Lugo, que atiende las llamadas desde su casa de forma telemática. 

Rosa Zas, psicóloga de la AECC
Rosa Zas, psicóloga de la AECC

«A mí, como profesional, me exige el empleo de otras técnicas, concentrarme más... La persona que está llamando necesita ayuda en ese momento y sabe que la va a encontrar, aunque no sea de contacto físico», explica.

Ese aprendizaje forzoso también lo adquieren pacientes que con los que ya existe un vínculo. «Ahí es mucho más fácil porque ya hay muchos contactos previos», señala Rosa, que estos días ha detectado un repunte en las llamadas de sus pacientes habituales por el miedo que les causa la amenaza del virus como población de riesgo. 

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