El aprendizaje activo es más eficaz de lo que creen los alumnos

Un experimento realizado en Harvard demostró que los estudiantes saben más si lo practican ellos que si lo escuchan de un buen profesor, aunque su percepción no es así

Programas como Piteas (ahora se llamará SEMGal) ayudan a desarrollar modelos de aprendizaje activo en los colegios
Programas como Piteas (ahora se llamará SEMGal) ayudan a desarrollar modelos de aprendizaje activo en los colegios

Redacción / La Voz

Aprender en profundidad una cosa es un proceso duro, y por eso «puede puede malinterpretarse como un signo de aprendizaje deficiente». Lo dice Louis Deslauriers, profesor de Física en Harvard que realizó un experimento que se acaba de publicar en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), una de las revistas científicas más importantes del mundo.

Desluariers había comprobado que tras una charla relevante, los estudiantes aseguraban haber aprendido mucho pero cuando el proceso era más personal y proactivo entre los alumnos había más dudas. Como quería determinar si la percepción de los jóvenes era correcta, hizo un experimento. Adelanto: los chicos estaban equivocados.

Deslauriers se puso en contacto con profesores de su misma especialidad en su misma universidad y en otras del país y realizaron una prueba. Durante las primeras 11 semanas de un trimestre de 15 semanas, un profesor muy cualificado enseñó a los estudiantes con el sistema tradicional. Pero en la semana 12, se dividió de forma aleatoria la clase en dos partes: en una se usaba el aprendizaje activo y en la otra se ofrecían conferencias muy bien planteadas; el temario era el mismo solo variaba la forma de aprenderlo.

Después de las clases se hizo una encuesta a los jóvenes y se descubrió que, efectivamente, los estudiantes sentían como si hubieran aprendido más de las clases teóricas. Pero para comprobar si tenían o no motivos para creerlo, los exámenes que se hicieron desvelaron precisamente lo contrario: sacaron mejor nota los estudiantes con un aprendizaje activo.

Lo interesante es que a los alumnos sí les gusta el aprendizaje activo, pero creen que no obtienen tan buenos resultados como si escuchan a un gran profesor.

Este conocimiento real de los resultados ha hecho que en Harvard la forma de dar clase esté cambiando. Uno de los coautores del trabajo, Logan McCarty, también profesor en la prestigiosa universidad de Massachusetts, afronta el aprendizaje de una manera diferente, según explicó en el portal científico Phys.org: «Ahora comenzamos cada tema pidiendo a los estudiantes que se reúnan en grupos pequeños para resolver algunos problemas. Mientras trabajan, caminamos por la sala para observarlos y responder preguntas. Luego nos reunimos y damos una breve conferencia dirigida específicamente a los conceptos erróneos y las luchas que vimos durante la actividad de resolución de problemas. Hasta ahora hemos transformado más de una docena de clases para utilizar este tipo de enfoque de aprendizaje activo. Es extremadamente eficiente: podemos tratar tantos temas como lo haríamos con las conferencias».

Y otro de los participantes, Christopher Stubbs, profesor de física y astronomía en Harvard también, recordaba que al principio «algunos estudiantes se resistieron a ese cambio. Esta investigación confirma que la facultad debe persistir en el cambio y alentar el aprendizaje activo. La participación activa en cada aula debe ser el sello distintivo de la educación de pregrado residencial en Harvard».

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