El Eduardo Pondal arrasa con 18 matrículas de honor en bachillerato

El centro puede dar dos, pero 39 % de los alumnos podían acceder al galardón


Carballo / la voz

Laura Rey, de Cospindo no sabe si estudiará Biología, Veterinaria o Química. Los animales son su pasión. Monta a caballo y toca la gaita en Inllar, pero lo que debería hacerla realmente especial es haber sacado un diez en cada una de las asignaturas de segundo de bachillerato. Sin embargo, el mérito de Laura se queda algo limitado porque otras cuatro compañeras alcanzaron también la excelencia, la nota absoluta. La pontecesana Sara Pastoriza tiene ya «clarísimo» que quiere hacer educación infantil. Dudó hasta hace poco, pero ahora su futuro está al alcance de su mano. Lo mismo le ocurre a Uxía Casal, de Malpica, la tercera de las cuatro mosqueteras, la cuarta es Paula Lema, de Cabana, que dieron la campanada en el Eduardo Pondal. Siempre quiso ser ingeniera y eligió aeroespacial.

Lo más llamativo de que hayan coincidido estos cuatro casos en el instituto de Ponteceso es que hay otros 14 estudiantes que podían haber optado a algunas de las dos matrículas de honor que puede conceder el centro.

La promoción, con 18 candidatos al premio, es extraordinaria, como una especie de conjunción astral porque en este centro, como ha ocurrido en otros, ha habido cursos sin ningún candidato, pero para terminar de rizar el rizo, el 87 % de los alumnos del curso de preparación de la ABAU han aprobado todo en la primera convocatoria, 40 de 46.

En general, el último curso de bachillerato, el que hace que los jóvenes se marchen de la comarca para formarse, ha sido bueno en todas partes. Son muchos los que han superado un 9 de media y en varios institutos han tenido, con gran tristeza, contabilizar centésimas para repartir las escasas matrículas de honor, que funcionan como becas.

Cada vez son menos los estudiantes, pero mejores. «Para mí son de 10, ha sido un curso extraordinario», dice Chelo Trillo, directora del Fernando Blanco. En lo mismo ha coincidido Francisco Puentes del Isidro Parga Pondal de Carballo. En el Agra de Raíces de Cee, un chico no llegó al 10 absoluto por un 9 en Física.

Ahora las miras están puestas en la ABAU, en la que muchos institutos logran el 100 % de aprobados en la primera convocatoria, en junio.

Un futuro pediatra en Berdoias

A Abel Louzán, de Berdoias, se le resistió una asignatura el curso pasado, en primero de bachillerato, y sacó un 9 al final del curso. En el resto de las materias llegó al tope, al 10, como en todas las de este curso. El secreto está en estudiar 6 horas diarias durante el curso y 12 ahora que prepara la ABAU. Está claro que no tendrá problemas para entrar en Medicina. Quiere ser pediatra, una especie en extinción en la zona. «Cando era neno estiven moito tempo enfermo, gustábame o traballo dos médicos y quería ser coma eles», explica.

Lo que le mueve a estudiar sin apenas descanso es que todas las asignaturas le parecen interesantes. «É un impulso que teño, algo que me obriga. Se non estudo tantas horas, síntome mal».

También la pontecesana Laura Rey se refiere a la constancia como el secreto de su éxito académico. Llevar los estudios al día es la base del éxito.

Oportunidades

La Costa da Morte aporta todos los años grandes cerebros a las universidades. Algunos institutos sacan cada año buenas cosechas. Lo lamentable es que la mayoría de ellos, luego, no vuelven como médicos, ingenieros, arquitectos o investigadores. Muchos tienen que volar muy lejos para hacerse una vida con garantías. Desde hace unos decenios, la Costa da Morte es exportadora de cerebros. Y aquí, las oportunidades menguan.

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