¿Y si la selectividad sirviese para algo?

La sección de Lengua ha decidido priorizar la comprensión y expresión a la teoría. A pesar de las notas

Los estudiantes de bachillerato invierten cientos de horas para preparar la selectividad
Los estudiantes de bachillerato invierten cientos de horas para preparar la selectividad

Redacción / La Voz

Toda la comunidad educativa acepta que segundo de bachillerato es un curso dedicado exclusivamente a preparar la selectividad. Y los diseñadores y correctores de la prueba (sobre 70 en las materias obligatorias comunes) se enfrentan a este hecho con la responsabilidad de saber que sus decisiones se traducen en temario. No es que tengan total libertad para proponer opciones: la Lomce ha limitado y mucho continente y contenido, pero sí subyace la posibilidad de marcar un camino. Lo hicieron el pasado año Lengua e Historia, cada materia en una ruta opuesta y con resultados también diferentes: cuanta más teoría y memorización, mejores notas medias.

Tras analizar las calificaciones gallegas en la prueba de acceso a la universidad, se podría pensar que lo mejor es hacer un examen fácil, muy teórico y que permita notas altas. Eso colocaría a los alumnos gallegos en una posición de ventaja para optar a carreras en otras comunidades, y serviría de parapeto a la entrada de estudiantes foráneos que buscan calificaciones bajas. Pedro Armas, vicepresidente de la CIUG, explicaba la semana pasada tras el análisis de las notas gallegas frente al resto que «en Galicia no hay movilidad de estudiantes; al menos, en la comparativa numérica es irrelevante». Eso supone que la nota media «no tiene al final repercusión para los alumnos», explicaba el representante de la Universidad de A Coruña en el organismo que diseña y corrige la selectividad y gestiona el ingreso en las carreras. Además, señaló que «los correctores son profesionales y no solo de la universidad, sino también de la enseñanza secundaria [de hecho son muchos más], por lo que hay una garantía de que lo que se pide es aceptable».

Las cifras dan parte de razón a Armas. En el curso 2014/15 (último del que hay datos completos), un 12% de los alumnos que hicieron la selectividad en Galicia se fue a estudiar fuera y el 5 %, de los que hicieron la prueba en otra comunidad eligieron Galicia como destino universitario. El 68% hizo la ABAU y se matriculó en universidades de Galicia y más de un 20% no lo hizo en ninguna universidad presencial española. Es decir, unos 7.500 se quedaron en Galicia, 2.250 no se matricularon y 1.300 cambiaron de comunidad.

La alternativa es un examen muy teórico y fácil de aprobar si se estudia o diseñar una prueba que garantice un nivel alto de comprensión de cada materia entre los universitarios gallegos.

«Queremos que os universitarios entendan os textos e poidan argumentar»

Joaquín Sueiro, director del grupo de trabajo de Lengua en la selectividad, puso el dedo en la llaga: «Máis que aprendices de filólogos, nós queremos que os mozos galegos que entren na universidade entendan os textos e poidan comentar, argumentar e dar as súas opinións con estruturas correctas». Por eso, en el curso 2017/18 redujeron la carga teórica y limaron la parte gramatical más dura, pero a cambio el alumno tiene que leer los libros que se incluyen en el temario (y no solo memorizar sus características) y aplicar lo aprendido en literatura a un texto concreto. Este cambio ha supuesto una caída de 0,2 puntos en la nota media, pero tienen claro que es el mejor camino.

«Para los estudiantes es más fácil ''chapar'' que pensar»

Todo lo contrario ocurre con el examen de Historia de España. Hasta el curso pasado se trataba de un comentario a partir de varios textos y la nota media era baja. Para adaptarse a la Lomce se incorporó más teoría y el comentario de texto quedó en 5 puntos. Los profesores se han despedido de la posibilidad de que los universitarios gallegos vayan a entender algo de la historia del siglo XIX o XX, pero en cambio pierden menos tiempo en las clases porque todo es dar apuntes: «En noviembre yo ya estaba en el siglo XIX», confesaba una docente de Historia, quien a la vez asumía que los estudiantes solo pueden memorizar y reproducir textos, que un examen como el que harán en junio apenas deja espacio para relacionar, valorar y argumentar. Pero «para los estudiantes de buena nota -como reconocía otro profesor- es más fácil chapar que pensar», y no hay que olvidar que, con competencia externa o sin ella, cada vez se exige una media mayor.

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